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domingo, 4 de octubre de 2026

110 aniversario del Motín de Binéfar

Hace hoy exactamente 110 años, el 4 de octubre de 1916, los vecinos de Binéfar entraron en el Ayuntamiento en plena sesión, sacaron a la calle al alcalde y a los concejales, cerraron la Casa Consistorial y fueron a entregar las llaves… a la Guardia Civil. El comandante no las quiso. Aquel gesto, tan aragonés como inesperado, dio la vuelta a España en pocos días y llenó columnas de periódicos de Madrid, Barcelona, Alicante, Galicia o Canarias. En 2017 ya os enseñamos cómo lo contó el ABC; hoy, en su 110 aniversario, contamos la historia completa del Motín de Binéfar.

Un impuesto odiado: los «consumos»

Para entender lo que pasó hay que hablar primero del impuesto de consumos, probablemente el tributo más aborrecido de la España de la Restauración. Nacido en 1845, gravaba los artículos de «comer, beber y arder», es decir, los de primera necesidad, y por tanto recaía sobre todo en las clases populares. Su cobro, además, solía venir acompañado de favoritismos e irregularidades, y fue el origen de incontables motines por toda España. En La Litera no éramos una excepción: en los años anteriores hubo protestas por impuestos en Tamarite, Alcampell y Peralta de la Sal.

Una ley de 1911 empezó a suprimir los consumos de forma progresiva, pero a cambio los ayuntamientos debían crear nuevos arbitrios y podían recurrir al repartimiento vecinal: repartir entre los vecinos una cantidad según su consumo probable. Para que el reparto fuera legal debía hacerlo una Junta Municipal de Asociados formada por el alcalde, los concejales y vecinos contribuyentes elegidos por sorteo, y la lista tenía que exponerse al público para que se pudieran presentar reclamaciones. Ahí, precisamente, empezó el problema.

Un alcalde en el punto de mira

En 1916 el alcalde de Binéfar era Domingo Murillo Sanz, labrador, liberal convencido y viejo conocido de la política municipal: ya había ocupado la alcaldía diez años antes. Había tomado posesión el 1 de enero, sustituyendo a Vicente Dotú Ibarz —el mismo alcalde con cuyas fiestas «en grande escala» se compraron los primeros cabezudos de Binéfar—. Ambos pertenecían a la red liberal que dominaba la provincia de Huesca desde finales del siglo XIX bajo la batuta de Manuel Camo, y que se había ido turnando la alcaldía durante años.

El año no empezó tranquilo. En abril dos vecinos denunciaron al alcalde ante Hacienda por mala administración, y hubo también quejas al gobernador y al ministro de la Gobernación. Se le acusaba de encubrir a sus antecesores, de prácticas caciquiles, de no llevar libros de contabilidad ni de actas y hasta de que los sucesivos concejos liberales se habían quedado con unas 30.000 pesetas. Pero lo que colmó la paciencia de los binefarenses fueron los impuestos.

El Ayuntamiento iba con retraso en la creación de los nuevos tributos —solo había uno específico, sobre las carnes— y casi todo se fiaba al reparto vecinal, que además ya en 1915 se había cobrado con una lista provisional hecha por el secretario, sin pasar por la Junta. Cuando en agosto de 1916 se volvió a cobrar del mismo modo, el alcalde fue demandado ante el juez de Tamarite y la recaudación se suspendió con 7.000 pesetas ya cobradas. El oficial de Hacienda que se presentó en Binéfar encontró en la caja… 300. El acta que levantó justificaba el retraso del reparto porque el secretario había estado enfermo mucho tiempo, explicación que no convenció a todos: el concejal republicano José Ibarz Ibieca se negó a firmarla, recordando con sorna que aquel funcionario había gozado de excelente salud todo el año.

El nuevo reparto se aprobó el 13 de septiembre con la firma de solo 8 de los 18 vocales de la Junta, y se expuso al público el 29. El domingo 1 de octubre ya hubo gritos en la calle contra los concejales. Se mandaron telegramas al gobernador y al ministro avisando de posibles alborotos, y el alcalde convocó una nueva sesión para el miércoles 4 de octubre.

Miércoles, 4 de octubre de 1916: el pleno que no terminó

La Casa Consistorial estaba llena de vecinos. Cuando llegó el momento de sortear a los contribuyentes que debían formar parte de la Junta, tal y como mandaba la ley, el alcalde se negó a hacer el sorteo. Fue la gota que colmó el vaso. Los vecinos subieron a los estrados, sacaron del salón al alcalde y a los concejales, se hicieron con las llaves de la caja municipal y con la documentación, cerraron el edificio… y se fueron en comitiva al cuartel de la Guardia Civil, que entonces estaba en la plaza del Padre Llanas, a dejarlo todo en depósito.

El comandante del puesto, comprensiblemente desconcertado, no quiso hacerse cargo de las llaves. Así que los amotinados se las llevaron al juez municipal, que fue quien finalmente las custodió. Ni un mueble roto, ni un expediente quemado, ni un concejal apaleado.

Un gobernador en tren de mercancías

Avisado de lo ocurrido, el gobernador civil de Huesca, Federico Soto Mollá, no esperó al día siguiente: a las nueve de la noche se subió a un tren de mercancías junto al teniente coronel de la Guardia Civil y a la una de la madrugada estaba en Binéfar. Lo primero que hizo fue devolver las llaves y los papeles al alcalde y al secretario. Por si acaso, ordenó concentrar a los guardias de los puestos cercanos, aunque nadie les dio motivo para intervenir.

Al día siguiente citó al Ayuntamiento y a la Junta de Asociados, con la orden de que la entrada al salón de sesiones fuera libre. Se juntaron más de quinientos vecinos dentro y la calle Mayor llena de hombres, mujeres y niños. El gobernador escuchó a la mayoría, a la oposición y a varios portavoces del público, prometió investigar y castigar si se probaban las malversaciones, y se marchó entre vítores. Ya en Huesca, pidió al ministro un delegado especial para inspeccionar a fondo las cuentas municipales: Florencio Matías, jefe de la Sección de Cuentas del Gobierno Civil, que estuvo en Binéfar hasta el 10 de octubre. El 30 de octubre el alcalde Murillo escribió a El Diario de Huesca reconociendo irregularidades en el cobro, pero defendiendo su honradez y atribuyendo todo a la política, los odios personales y las envidias.

Lo que contó el ABC

La noticia llegó a la prensa nacional a través de un telegrama oficial que el subsecretario de Gobernación facilitó a los periodistas. El ABC la siguió durante dos días, y estos son los tres recortes que conservamos (transcribimos el texto respetando la ortografía de la época, que escribía Binefar sin tilde y la preposición á


«Ayuntamiento asaltado». ABC, viernes 6 de octubre de 1916.
AYUNTAMIENTO ASALTADO. Según telegrama oficial de Huesca, un grupo de vecinos del pueblo de Binefar tomó por asalto la Casa Ayuntamiento, arrojó de ella á los concejales y, después de cerrar el edificio, entregó sus llaves al juez por no haber querido hacerse cargo de ellas el jefe de la Guardia civil. El motivo de este hecho ha sido el disgusto que produjo al vecindario el repartimiento de Consumos.

Al día siguiente, el sábado 7, el periódico publicó la crónica del regreso del gobernador, fechada en Huesca la noche del día 6. Aporta un detalle que no aparece en otras versiones: los vecinos no solo entregaron las llaves, sino que presentaron ante el juez «una denuncia en regla contra el cabildo». Es decir, el motín terminó en un juzgado, con papeles y por la vía legal.

ABC, 7 de octubre de 1916: Los sucesos de Binéfar
«Los sucesos de Binefar». ABC, sábado 7 de octubre de 1916.
LOS SUCESOS DE BINEFAR. Huesca 6, 9 noche. El gobernador civil regresó de Binefar, adonde marchó ayer con motivo de los sucesos ocurridos en aquel Ayuntamiento. Celebrábase en éste junta municipal de asociados para la aprobación del repartimiento vecinal. Nutridos grupos situáronse frente á las Casas Capitulares, las asaltaron, penetraron en la sala de sesiones, arrojaron de ella al alcalde y á los concejales, se apoderaron de las llaves de la caja y las llevaron al juez, formulando una denuncia en regla contra el cabildo. Un delegado del ministro de la Gobernación y el jefe de la sección de Cuentas de este Gobierno marcharon á Binéfar.

Y en esa misma edición del 7 de octubre, en una columna de comentario, el ABC se permitió algo poco habitual en un diario conservador ante un asalto a un ayuntamiento: tomar partido por los asaltantes. Bajo el irónico titular «…Y armas al hombro» —como quien manda a la tropa a casa después de un trabajo bien hecho—, repetía el telegrama oficial y añadía su propia opinión:

ABC, 7 de octubre de 1916: ...Y armas al hombro
«…Y armas al hombro». ABC, sábado 7 de octubre de 1916.
No podemos menos de expresar nuestras simpatías por el vecindario de Binefar. Ahora, si dan en imitarles los vecinos de otros pueblos, no van á tener tiempo bastante los jueces para recoger llaves. El procedimiento no puede ser más sencillo ni más eficaz.

Un pequeño apunte de lector atento: la crónica dice que el gobernador marchó a Binéfar «ayer», es decir, el día 5, cuando sabemos que salió de Huesca la noche del día 4. La explicación es sencilla: llegó en aquel tren de mercancías pasada la medianoche, ya en la madrugada del 5.

España entera habla de Binéfar

El ABC no fue el único. La noticia apareció en La Vanguardia, El Imparcial, El Liberal, La Correspondencia de España, Heraldo de Aragón, El Diario de Lérida y en periódicos de Tortosa, Gerona, Córdoba, Toledo, Soria, Zamora, Gijón, Almería, Granada o Santa Cruz de Tenerife. Muchos se limitaron a reproducir el telegrama, pero otros no pudieron resistirse al comentario, casi siempre con simpatía hacia los binefarenses y con bastante guasa hacia sus concejales:

  • La Publicidad (Granada) lo tituló «Un pueblo decidido», y El Día de Madrid y el Heraldo Militar compartieron titular: «Un pueblo enérgico. Cerrado por… los Consumos».
  • El Imparcial remató la noticia con un chiste que dio la vuelta a la prensa: la Guardia Civil hizo bien en no aceptar las llaves, porque «¿para qué quería las llaves de la jaula después de haber salido los pájaros?». El Norte de Galicia, de Lugo, le dio otra vuelta al chiste: en muchos ayuntamientos, venía a decir, no son precisamente los muebles lo que la Guardia Civil debería vigilar.
  • El Día de Toledo, sabiendo que los jueces de pueblo solían ser hombres del cacique, opinaba que para recoger la llave de aquella «corrida» había alguien más indicado que el juez: «El alguacilillo».
  • El semanario republicano madrileño El Motín —que no podía tener mejor nombre para la ocasión— planteó a sus lectores un «problema»: si todos los pueblos de España imitaran a Binéfar cuando sus municipios dieran motivo, ¿cuántos ayuntamientos quedarían funcionando?
  • En Galicia, el Diario de Galicia lamentaba que el ejemplo no cundiera en otras partes, y en Alicante la noticia se convirtió en arma contra su propio ayuntamiento: El Primitivo Alicante Obrero y El Radical de Almería titularon «¡Que cunda el ejemplo!», y El Periódico para Todos dedicó dos portadas a Binéfar, una de ellas con el elocuente titular «Binefar no es Alicante». En la segunda, por cierto, el redactor alicantino atribuía a «vuestra historia» una famosa campana… que, con toda probabilidad, era la de Huesca.
  • El escritor oscense Ángel Samblancat, en el diario barcelonés La Lucha, ofreció la versión más tremendista: patadas, puñetazos, concejales paseados por el pueblo entre insultos y amenazas de cortarles el cuello. Nada de eso aparece en las demás crónicas; fue, digamos, una versión muy libre.
  • En el polo opuesto, el periodista y dramaturgo José López Pinillos, que firmaba como «Pármeno» en el Heraldo de Madrid, destacó justo lo contrario: que en Binéfar no hubo ni un empujón, y que los vecinos echaron a sus ediles con una cortesía casi diplomática. Su veredicto, recogido después por el Heraldo de Aragón, merece ser citado: les salvaba la intención, «y el gracejo y el arranque, puramente aragoneses».

Un motín que no se parecía a los demás

¿Por qué un motín más, en una España que vivía motines casi a diario, llamó tanto la atención? Por dos razones. La primera, su carácter pacífico: lo habitual en los motines contra los consumos eran los destrozos, la quema de expedientes, los palos y las azadas, y no pocas veces la intervención de la Guardia Civil o del Ejército a la fuerza. La segunda, todavía más curiosa: fueron los propios amotinados quienes buscaron a la Guardia Civil y al juez. No pretendían derribar nada, sino que alguien con autoridad de verdad —el gobernador— viniera a escucharles. Y lo consiguieron en menos de veinticuatro horas.

El contraste con lo que podía ocurrir lo puso la propia actualidad. Ese mismo mes de octubre de 1916, en la localidad gallega de Son, otro levantamiento contra el reparto de consumos acabó con cinco muertos y decenas de heridos. En Binéfar, las únicas bajas fueron el orgullo del alcalde y la tranquilidad de sus concejales.

Como concluye la historiadora binefarense Silvia Isábal, que rescató este episodio, el motín de Binéfar no fue un acto revolucionario sino justo lo contrario: una muestra de confianza en las instituciones y en la ley, puesta en práctica como último recurso, cuando todas las vías legales se habían agotado y en una provincia donde todo hacía pensar que las autoridades se pondrían del lado de los poderes locales.

¿Conservas alguna memoria familiar de aquel 4 de octubre? ¿Eres descendiente del alcalde Domingo Murillo, del concejal José Ibarz Ibieca o de alguno de los vecinos que llenaron aquel día el salón de plenos y la calle Mayor? ¿Tienes en casa recortes de prensa, cartas o recibos del reparto de consumos de aquellos años? Escríbenos o déjanos un comentario: 110 años después, entre todos seguimos completando la historia del día en que Binéfar cerró su Ayuntamiento… y devolvió las llaves.

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📚 Fuentes

  • Isábal Mallén, Silvia (2016): «El Motín de Binéfar», Littera, n.º 4, Centro de Estudios Literanos (CELLIT), págs. 49-64. Fuente principal para el relato de los hechos y para la recopilación de la prensa nacional.
  • ABC (Madrid), 6 y 7 de octubre de 1916: «Ayuntamiento asaltado», «Los sucesos de Binefar» y «…Y armas al hombro».
  • «Seguimiento en el periódico ABC del Motín de Binéfar de 1916», Binéfar Blog Histórico, 7 de enero de 2017.
  • Prensa citada a través del estudio de S. Isábal: El Diario de Huesca, El Imparcial, Heraldo de Madrid, Heraldo de Aragón, El Motín, El Día (Toledo), El Norte de Galicia, Diario de Galicia, La Publicidad, El Día de Madrid, Heraldo Militar, El Periódico para Todos, El Primitivo Alicante Obrero, El Radical, La Lucha y El Diario de Lérida (octubre-noviembre de 1916).
  • «Cabezudos de Binéfar: de los cuatro originales de 1914 al mural de la calle Tamarite», Binéfar Blog Histórico.
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