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Binéfar Blog Histórico con fotografías, noticias, historia, personajes, fiestas, cultura, deportes y curiosidades para aquellos que amamos nuestro pueblo. Bienvenido
En la historia deportiva de Binéfar hay nombres que, aunque no siempre aparecen en grandes titulares, han dejado una huella profunda. Uno de ellos es Luis Carmelo Pueyo Breda, vecino de nuestra villa y figura destacada del arbitraje de voleibol, cuya trayectoria alcanzó su punto culminante con su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 como árbitro internacional.
Fue uno de los primeros binefarenses en participar en unas Olimpiadas en forma de arbitro.
Un árbitro de Binéfar con proyección internacional
La Voz de Binéfar recoge el reconocimiento a Carmelo Pueyo como árbitro binefarense seleccionado para un campeonato mundial de voleibol femenino absoluto celebrado en Cádiz. Este nombramiento no solo suponía un logro puntual, sino el reconocimiento a una trayectoria iniciada de forma muy temprana, ya que comenzó en el arbitraje con tan solo quince años.
Entre los muchos documentos que nos permiten asomarnos al pulso de la Binéfar de finales del XIX, pocos resultan tan expresivos como la Carta de Binéfar publicada en el Diario de Huesca el 17 de enero de 1888. No es una simple nota periodística: es un retrato vivo de un pueblo que, tras años de incertidumbre, veía por fin encarrilada —nunca mejor dicho— la gran esperanza hidráulica de la comarca.
Quien haya seguido en este blog las entradas dedicadas al Canal de Aragón y Cataluña —con numerosas entradas sobre el Canal de Aragón y Cataluña”— reconocerá enseguida el tono de la época: mezcla de alivio, entusiasmo y una pizca de épica local. Y es que, como tantas veces hemos comentado, el canal no era solo una infraestructura; era una promesa de futuro para una tierra castigada por la sequía y la irregularidad de las cosechas y en Binéfar tomó fuerza y cuerpo: se convirtió en realidad.
La carta arranca con una afirmación rotunda: el vecindario de Binéfar se muestra “profundamente reconocido” a quienes han apoyado la causa del canal, especialmente en los momentos de “penurias y desconsuelos”. No cuesta imaginar la escena: agricultores, comerciantes y propietarios siguiendo con ansiedad cada noticia que llegaba desde Madrid, temiendo que el proyecto volviera a encallarse en los despachos ministeriales.
Pero esta vez no. Esta vez el expediente avanzaba, y el pueblo quiso demostrar su gratitud de forma pública y solemne. El Ayuntamiento y los mayores contribuyentes —una fórmula muy de la época— aprobaron tres acuerdos que hoy nos resultan tan simbólicos como reveladores.
El primero: nombrar hijos adoptivos de Binéfar a Félix Coll Moncasi, Salvador Bayona y Mariano de Pano, tres figuras clave en las gestiones del canal. No era un gesto menor: significaba elevarlos a la categoría de benefactores del pueblo, algo que en aquellos años tenía un peso social considerable.
El segundo acuerdo nos habla del urbanismo sentimental de la época: bautizar las dos plazas de la villa como “Ruata” y “Sagasta”, y dedicar el paseo hacia la estación al mismísimo Castelar. Una geografía política en miniatura, que convertía el callejero en un mapa de agradecimientos.
El tercero: expresar gratitud a todos los que habían contribuido, directa o indirectamente, a que el canal siguiera adelante. Una forma elegante de incluir a quienes no aparecían en los titulares pero sí en las reuniones, viajes y cartas que movían los hilos.
Canal y Sierra San Quílez en Binéfar
La segunda parte de la crónica es casi costumbrista: visitas, comitivas, saludos cruzados entre Binéfar, Tamarite, Alcampell y Explús. Una coreografía de cortesías que hoy nos puede parecer excesiva, pero que entonces era parte esencial de la política local. Y, entre líneas, late una idea que todavía resuena: la unión del territorio en torno a un proyecto común.
La carta concluye con un elogio al gobierno liberal de Sagasta por atender los “hasta hace poco abandonados intereses de la región aragonesa”. Una frase que podría haber firmado cualquier editorial de la época… o de hoy.
En definitiva, este documento no solo nos habla del canal: nos habla de cómo un pueblo se reconoce en sus luchas y en quienes las encarnan. Y, como tantas veces vemos en este blog, la historia de Binéfar es también la historia de su capacidad para organizarse, agradecer y persistir.
Hay lugares que no solo se recorren, sino que se sienten. Espacios que, más allá de su belleza, forman parte de la identidad colectiva de un pueblo. Para los binefarenses, la Sierra de San Quílez es precisamente eso: un refugio natural, un punto de encuentro, un escenario de recuerdos compartidos… y, cada Lunes de Pascua, el corazón que late con más fuerza que nunca.
Este próximo 6 de abril, como marca la tradición, volveremos a subir andando hasta la sierra, acompañados por la charranga, entre risas, saludos y ese ambiente festivo que solo se entiende cuando se vive. Es el Día de San Quílez, una jornada que va mucho más allá de lo religioso o lo festivo: es un ritual colectivo que conecta generaciones.
Si quieres conocer quien era San Quílez y su madre te dejo este enlace: San Quílez y Julita
Un paisaje que abraza Binéfar
Ubicada en la comarca de La Litera y extendiéndose hacia el Cinca Medio, la Sierra de San Quílez se alza como un pulmón verde cercano, accesible y profundamente querido. No hace falta viajar lejos para sentir la naturaleza en estado puro: basta con mirar hacia la sierra y comenzar a caminar.
Sus senderos serpentean entre pinos, carrascas y zonas reforestadas con mimo durante años. Cada rincón habla del esfuerzo colectivo por preservar este entorno, convirtiéndolo en un espacio ideal para el senderismo, el descanso y la contemplación.
Uno de sus mayores atractivos son los miradores panorámicos. Desde ellos, la vista se abre sobre el paisaje literaño, ofreciendo una perspectiva que invita a detenerse, respirar y dejarse llevar. Especialmente significativo es el mirador accesible, un ejemplo de cómo la naturaleza puede —y debe— ser disfrutada por todos, sin barreras.
Lugares con nombre propio
La sierra no es solo un conjunto de caminos; está llena de espacios que guardan historias.
La ermita de San Quílez, situada en lo alto, es sin duda el epicentro emocional del lugar. Allí confluyen tradición, espiritualidad y convivencia. No hay binefarense que no haya pasado por ella en algún momento importante de su vida.
Muy cerca encontramos el merendero José Javier Arias, una zona especialmente significativa por su vinculación con la reforestación. Es un espacio que simboliza el compromiso con el futuro, donde la naturaleza se regenera gracias al trabajo constante.
Otro punto destacado es el refugio de Benito Col, cuyos terrenos fueron cedidos para uso público, reflejando ese espíritu de comunidad que define a la sierra o una de las fuentes promovida por la Unión Ciclista y que solucionaron los problemas del agua en la sierra. Son lugares que no solo se visitan: se viven.
Un esfuerzo colectivo que deja huella
La Sierra de San Quílez no sería lo que es sin el trabajo incansable del Club Litera Montaña. Gracias a su labor de mantenimiento, reforestación y cuidado del entorno, este espacio natural ha ido creciendo y mejorando con el paso del tiempo.
Su compromiso ha sido reconocido con el prestigioso premio Félix de Azara, un galardón que pone en valor la dedicación a la conservación del medio ambiente. Pero más allá de premios, lo verdaderamente importante es el legado: un entorno cuidado para las generaciones presentes y futuras.
Cada árbol plantado, cada sendero acondicionado, cada rincón recuperado… son pequeños gestos que han convertido la sierra en un ejemplo de lo que se puede lograr cuando un pueblo se implica.
Numerosas organizaciones, peñas y entidades de todo tipo han seguido replantando la sierra y cuidando el entorno año a año colaborando con el Ayuntamiento.
La Sierra de San Quílez forma parte de la Red de Caminos Naturales con el camino natural de la Sierra, lo que refuerza su valor como espacio de conexión entre territorio, historia y naturaleza. Estos caminos no solo facilitan el acceso, sino que invitan a descubrir el entorno con una mirada más pausada, más consciente.
Caminar por ellos es recorrer paisajes, pero también emociones. Es reencontrarse con uno mismo mientras se avanza entre árboles y silencio, roto solo por el sonido del viento o las conversaciones compartidas.
El Día de San Quílez: tradición viva
Pero si hay un momento en el que la sierra cobra un significado especial, es durante la celebración del Día de San Quílez en Semana Santa. El Lunes de Pascua, los binefarenses nos reunimos para subir andando, como se ha hecho durante generaciones.
La charranga marca el ritmo. Las familias, los grupos de amigos, los niños y los mayores avanzan juntos. No importa la edad ni el paso: lo importante es estar, compartir, formar parte.
Es una jornada en la que el camino se llena de vida. Se escuchan risas, se intercambian historias, se crean recuerdos. Al llegar arriba, la ermita se convierte en punto de encuentro, y la sierra entera respira ese ambiente único que mezcla alegría, tradición y pertenencia.
Para muchos, es un día marcado en el calendario desde siempre. Para otros, una oportunidad de descubrir por qué este lugar significa tanto.
Más que un paisaje, una identidad
La Sierra de San Quílez no es solo un destino de senderismo ni un espacio natural más. Es parte del alma de Binéfar. Es el lugar donde se celebran encuentros, donde se refugian pensamientos, donde se construyen recuerdos.
Cada paso por sus caminos es también un paso en la historia colectiva del pueblo. Cada subida en San Quílez es una reafirmación de lo que somos: una comunidad que cuida, que celebra y que comparte.
Este 6 de abril, cuando volvamos a subir con la charranga, no solo estaremos participando en una tradición. Estaremos formando parte de algo más grande: una conexión que une pasado, presente y futuro en un mismo camino.
Y mientras el eco de la música resuene entre los árboles y las vistas se abran ante nosotros, sabremos —una vez más— que hay lugares que no se explican, se sienten.
Porque la Sierra de San Quílez no es solo un lugar al que se va. Es un lugar al que siempre se vuelve.
En la ermita de San Quílez, a parte de la misa, antiguamente se jugaban
juegos tradicionales aragoneses, cucañas, baile, etc....Hoy, el grupo
grupo scouts Binefar y las peñas amenizan la mañana.
La celebración de abril de 1999, cuando cientos de personas
acudieron a San Quílez no solo para la tradicional subida y la misa,
sino también para disfrutar de un día de campo con actuaciones
musicales. Aquel año, los quintos organizaron un concierto con los
grupos Moby-Dick y Azucarillo Kings.
La presencia de Binéfar en la prensa histórica nos ofrece valiosas pistas sobre su papel en el entramado político, militar y económico del siglo XIX. Dos referencias tempranas permiten asomarnos a ese pasado: una publicada en el Diario de Huesca el 21 de noviembre de 1875 y otra, más antigua, aparecida en el Diario de Madrid en 1824, ambas conservadas en hemerotecas digitales.
La noticia de 1875, recogida en el Diario de Huesca, es breve pero significativa:
“El brigadier Moreno Villar ha sido llamado á Madrid. De la brigada de caballería de su mando, situada en Binefar, Barbastro y Huesca, se ha encargado el coronel Castillo, quien marchó ayer á la primera de dichas poblaciones.”
Este fragmento sitúa a Binéfar como uno de los puntos de acuartelamiento de una brigada de caballería en plena Restauración borbónica, tras el final de la Tercera Guerra Carlista. En ese contexto, el despliegue militar en localidades como Barbastro, Huesca y Binéfar respondía a la necesidad de asegurar el control territorial y garantizar la estabilidad en una provincia que había vivido de cerca el conflicto.
La mención al brigadier Moreno Villar y al coronel Castillo nos habla de una estructura militar activa y organizada, en la que Binéfar no era un enclave menor, sino parte de una red estratégica de posiciones. La referencia a que el coronel marchó “a la primera de dichas poblaciones” sugiere incluso una cierta prioridad operativa o logística.x
Hay historias de Binéfar que están tan bien vividas que merecen volver a contarse… y otras que no han hecho más que empezar. Hoy rescataremos una de las primeras y conectaremos con las que están en marcha ahora mismo.