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No todos los días Binéfar se cuela en las páginas de una revista satírica nacional, y menos aún convertido en escenario de un cómic que no d...
domingo, 22 de febrero de 2026
En diciembre de 1984, La Voz de Binéfar recogía una iniciativa cultural que combinaba pedagogía y música: el II Concierto Didáctico celebrado en la Casa de Cultura. Bajo el título “El piano, protagonista”, la actividad se consolidaba como una propuesta educativa destinada a acercar la música a los estudiantes y al público local de una forma accesible y formativa.
El concierto tuvo lugar el 23 de noviembre y, pese a que el instrumento estrella llegó con cierto retraso, el programa se desarrolló según lo previsto. El detalle, anecdótico y casi entrañable, no empañó el objetivo principal: ofrecer un recorrido musical que permitiera comprender la evolución de los estilos a lo largo de la historia.
La organización corrió a cargo del colegio público Víctor Mendoza, en colaboración con la Coordinadora Municipal de Cultura, un ejemplo temprano de cooperación entre instituciones educativas y culturales del municipio. Este tipo de iniciativas reflejaban una visión clara: la cultura no debía limitarse a ser contemplada, sino que debía ser comprendida, experimentada y compartida.
El programa propuso un viaje sonoro a través del tiempo. Los asistentes pudieron escuchar fragmentos representativos de distintas épocas, desde el Renacimiento hasta las corrientes musicales del siglo XX, pasando por el Barroco, el Clasicismo, el Romanticismo y el Nacionalismo. Esta estructura permitía apreciar los cambios en el lenguaje musical, las formas compositivas y la expresividad sonora.
Las interpretaciones corrieron a cargo del profesorado del Instituto Comarcal de Música de Binéfar, junto con la Agrupación Coral del mismo centro. La participación coral aportó una dimensión colectiva y emotiva al concierto, como muestra la imagen publicada en el periódico, donde se observa a la agrupación coral durante su actuación. También intervino el intérprete Juan M. Pinos, a la flauta pico contralto, instrumento que añadió matices tímbricos singulares al repertorio.
Más allá del protagonismo del piano, el concierto se planteó como una experiencia didáctica integral. La audiencia no solo escuchaba, sino que aprendía a identificar estilos, comprender contextos históricos y distinguir sonoridades. En una época sin plataformas digitales ni acceso inmediato a catálogos musicales, estas actividades representaban una puerta directa al conocimiento musical.
El II Concierto Didáctico reflejaba, además, el dinamismo cultural de Binéfar en los años ochenta. La implicación de centros educativos, profesorado y entidades culturales demuestra una apuesta decidida por la formación artística desde edades tempranas. No se trataba únicamente de formar músicos, sino de crear oyentes sensibles y ciudadanos culturalmente activos.
Visto con perspectiva, este tipo de conciertos sembraron semillas que aún hoy dan fruto. Introducir a los jóvenes en la música clásica, explicar sus claves y mostrarla en directo contribuye a derribar barreras y a construir una relación duradera con el arte.
Porque cuando la educación y la cultura se dan la mano, el resultado no es solo un concierto: es una lección que resuena mucho después del último acorde.
Cortometraje sobre el cine en Binéfar para la inauguración del cine el 19 de febrero de 2017, realizado por Ayuntamiento de Binéfar
La tradición del cine en Binéfar: memoria, cultura y futuro
El Corto de Inauguración del Cine Binéfar, presentado el 19 de febrero de 2019, es mucho más que una pieza audiovisual conmemorativa. Es un ejercicio de memoria colectiva que repasa la profunda relación entre Binéfar y el cine, una relación que ha marcado generaciones, hábitos sociales y la vida cultural del municipio. A través del testimonio en primera persona, el vídeo recorre desde los orígenes más rudimentarios del cine en el pueblo hasta la reflexión sobre su importancia cultural y social en la actualidad.
Los primeros pasos del cine en Binéfar
El relato comienza con una imagen casi artesanal del nacimiento del cine en Binéfar. En las décadas de 1920 y 1930, cuando la tecnología era limitada y la curiosidad inmensa, se realizaron las primeras proyecciones de forma improvisada. Una máquina de proyección se bajaba desde un piso superior hasta un café, se colocaba una sábana en plena acera —en la zona donde estaba el trepullol— y la proyección se orientaba hacia la calle para que el público pudiera verla.
Aquellas sesiones, duras en lo técnico pero pioneras en lo cultural, congregaban a mucha gente. El cine, incluso en sus formas más precarias, ya era un espectáculo de masas. Llegó a haber hasta cuatro espacios de proyección en el municipio si se cuenta el frontón, lo que da una idea clara de la temprana implantación del cine en la vida local.
Las salas emblemáticas: Romea, La Paz y California
Con el paso del tiempo, el cine se consolidó en salas estables. Cuando el narrador comenzó a frecuentar el cine, Binéfar contaba con dos salas principales: el Romea y La Paz. Posteriormente se instaló el Cine California, un edificio antiguo que, sin embargo, resultaba espectacular para la época.
Durante un tiempo, Binéfar llegó a tener tres cines en funcionamiento simultáneo, algo excepcional para una población de su tamaño. Estos cines atraían a espectadores de numerosos pueblos de alrededor, ya que en muchas localidades vecinas las salas eran antiguas, mientras que las de Binéfar eran relativamente nuevas, con pantallas más grandes y mejores condiciones de proyección.
Un fenómeno social y popular
Las salas estaban siempre llenas, absolutamente llenas. Para conseguir una buena localidad era necesario estar abonado, lo que garantizaba tener siempre las mismas entradas. Si una película no interesaba, esas entradas incluso podían venderse a otras personas. El cine formaba parte del día a día y movía a toda la población.
El entusiasmo por el cine atravesaba todas las capas sociales: jóvenes, mayores, familias enteras. En una época en la que las opciones de ocio eran limitadas —básicamente cine, bares y baile—, ir al cine era un acontecimiento social. Se acudía en cuadrilla, y más adelante, cuando llegaban los primeros noviazgos, las parejas iban juntas, reforzando el cine como espacio de encuentro y convivencia.
Tradición, rutina y vida cotidiana
Más allá del espectáculo, el cine era tradición. Existía un ritual semanal profundamente arraigado, especialmente en la generación de los padres y abuelos: ir a misa, ir al cine —muchos estaban abonados— y después acudir al baile. Para ellos, el cine era una cita ineludible de cada domingo.
El testimonio personal refuerza esta idea: gastar la propina del fin de semana en el cine de La Paz era lo habitual. Se iba de todas las maneras posibles: con amigos, con los padres o incluso solo. El recuerdo incluye detalles muy concretos y humanos: la bolsa de chucherías, la taquillera —cariñosa, cercana, casi maternal— y la sensación de entrar en un espacio familiar.
El cine como experiencia completa
La experiencia no terminaba en la pantalla. El vestíbulo del cine, con carteles de películas de hacía muchos años, la entrada que conducía a la cafetería y las largas colas en el único puesto de palomitas, chucherías y bebidas formaban parte del ritual.
Hoy, la percepción ha cambiado. Ir al cine se ha convertido, en muchos casos, en una actividad rápida: pasar un rato y poco más. Antes, sin embargo, ir al cine era algo especial, distinto, casi solemne. Esa familiaridad y ese carácter excepcional son aspectos que se echan profundamente de menos.
Un patrimonio cultural pionero
La desaparición del cine en una localidad con tanta tradición se percibe como una auténtica pérdida. Binéfar no solo tuvo una relación intensa con el cine, sino también pionera. En los años 30 ya contaba con dos salas que proyectaban películas en color, algo muy poco habitual en el resto de España en aquel momento.
Haber llegado a tener tres cines de gran importancia y quedarse sin ninguno supone un vacío cultural difícil de justificar desde la perspectiva histórica y social.
Cine, servicio cultural y futuro
La reflexión final mira al presente y al futuro. Sin cine, muchos jóvenes no saben qué hacer en el pueblo, y las personas mayores no siempre pueden desplazarse a localidades como Lérida o Monzón, especialmente quienes ya no salen con facilidad.
Aunque se reconoce que económicamente un cine puede no ser rentable, se subraya su valor como servicio cultural. El cine influye, educa y amplía horizontes. A través de las historias que muestra, permite vivir experiencias ajenas, imaginar otros mundos y, especialmente en la infancia, soñar. ¿Quién no salió alguna vez de una película de superhéroes creyendo que también tenía un superpoder?
Traer cine es traer cultura. Y Binéfar, por su historia, su tradición y su identidad, sigue necesitando ese impulso cultural que durante décadas definió su vida social. Porque el cine no fue solo entretenimiento: fue comunidad, costumbre y memoria compartida.
Con motivo del 40 aniversario de la Constitución Española, el Ayuntamiento de Binéfar inauguró una exposición que rinde homenaje a más de un siglo de historia municipal a través de sus alcaldes. Esta muestra, titulada Binéfar, más de 100 años de alcaldía, puede actualmente visitarse en el hall del consistorio y ofrece una mirada profunda y emotiva sobre los protagonistas que han guiado el rumbo de la villa desde 1881 hasta la actualidad.
Una exposición con alma binefarense
La exposición fue impulsada por el alcalde Alfonso Adán, quien destacó en la inauguración que “la esencia de esta exposición es reflejar una parte de nuestra vida y memoria en un momento clave de la historia de nuestro pueblo”. Junto a él, el concejal de Cultura Juan Carlos García subrayó la importancia de acercar esta muestra a las nuevas generaciones para que conozcan a las personas que han configurado el Binéfar contemporáneo.
Las comisarias de la exposición, Sandra Casado (archivera municipal) y Silvia Isábal (miembro del Centro de Estudios Literanos, CELLIT), han realizado una labor minuciosa de recopilación documental y fotográfica. Gracias a su trabajo, se han conseguido imágenes de 22 de los 29 alcaldes que han ocupado el cargo desde Manuel Mur (1881–1883) hasta Patricia Rivera.
Paneles cronológicos: seis etapas de transformación
La muestra se organiza en seis paneles que abarcan periodos de 25 años, cada uno acompañado de fotografías, documentos y explicaciones sobre los logros sociales, económicos, culturales y deportivos de cada época. A continuación, se ofrece una síntesis de cada etapa, basada en los paneles expuestos en el Ayuntamiento:
Siglo XIX: 1874–1900
Binéfar logró su autonomía municipal tras siglos de dependencia de la Encomienda de San Juan. La Constitución de Cádiz de 1812 permitió la creación del Ayuntamiento Constitucional. Los alcaldes de esta época enfrentaron guerras, epidemias como el cólera de 1888, y promovieron infraestructuras como el ferrocarril (1861) y certámenes comerciales durante las fiestas de San Quílez. La población creció de 1.305 habitantes en 1845 a 4.100 en 1900.
1900–1925
La alcaldía binefarense impulsó la creación de la Junta de Defensa del Canal de Aragón y Cataluña (1900), y cedió terrenos para la Estación de Estudios de Aplicación del Riego (1909). Se modernizó el alumbrado (1910), llegó el agua potable (1917), se inauguró el matadero (1914), y se construyeron nuevas escuelas (1921). La villa se convirtió en centro comercial y de servicios, con ferias mensuales desde 1920.
1926–1950
Durante la dictadura de Primo de Rivera, se mejoraron servicios urbanos: alcantarillado, cementerio, alumbrado, fuentes, y se construyó una báscula municipal. En la Segunda República se inauguró el colegio público Bartolomé M. Casas (1934). Durante la Guerra Civil, el Comité Local de la CNT-FAI gestionó la villa. Con el franquismo, se reguló el orden público, se abrió la Avenida de Aragón y se construyeron nuevas escuelas y cines. Las calles cambiaron de nombre según el régimen político.
1951–1975
La posguerra dio paso a un crecimiento demográfico e industrial. Se construyeron las piscinas municipales, la Biblioteca (1953), el nuevo Ayuntamiento (1954), el Instituto de Enseñanzas Medias (1965), y la sede de la Comunidad General de Regantes (1970), inaugurada por el entonces príncipe Juan Carlos. Se urbanizaron calles, se mejoró el abastecimiento de agua, y se promovieron viviendas sociales (Padre Llanas, San José Artesano). También se inauguró la ermita de la Virgen del Romeral y el nuevo matadero.
1976–2000
Con la democracia, los ayuntamientos ganaron autonomía. Se eliminaron nombres franquistas y se remodelaron plazas (España, Mercado, La Litera). Nacieron las Escuelas de Música y Folclore, el Conservatorio, el Taller de Artes, y la Casa de la Cultura (1983). Se crearon los polideportivos Los Olmos y El Segalar, y se recuperaron los Carnavales. Binéfar se hermanó con Portet-sur-Garonne (1985), oficializó su bandera y escudo (2000), y se integró en la Mancomunidad de La Litera (1986).
2001–Actualidad
Se consolidaron el polígono industrial y la residencia de mayores (2003), la estación de autobuses (2005), y el aparcamiento de camiones. Se urbanizó El Perel, con viviendas sociales y la plaza Portet-sur-Garonne. Se inauguraron instalaciones deportivas (tatami fijo, pistas de tenis, parque de Los Olmos), y se creó el Consejo Escolar Municipal (2017). El antiguo matadero se convirtió en Centro Cultural y Juvenil (2008). Se promovieron eventos culturales como Imaginaria, Beatles Weekend, Ideal Jazz Festival, y se impulsó la sostenibilidad mediante presupuestos participativos y campañas medioambientales.
Protagonistas de la historia municipal
La exposición no solo muestra imágenes, sino también objetos simbólicos como el bastón de mando, el libro de firmas, cartas manuscritas de Benito Coll a Menéndez Pidal, ejemplares de La Voz de Binéfar, programas de fiestas, planos y documentos que reflejan la evolución de la villa.
Entre los alcaldes destacados en la muestra se encuentran:
Manuel Mur (1881–1883): primer alcalde documentado.
Benito Coll: figura relevante por su correspondencia con Menéndez Pidal.
Otros alcaldes cuya imagen ha sido recuperada gracias a las familias binefarenses, instituciones y fotógrafos como Ángel Ruata Sichar y Manuel Muranzón, han sido incluidos en los paneles bajo el título Últimos alcaldes documentados S.XIX. Las familias Adán Romeo, Solano Montanuy, Fillat Sin, Ibarz Nadal, y el Ayuntamiento de Binéfar han contribuido con retratos y documentos.
Una memoria viva para el futuro
Esta exposición no es solo una retrospectiva, sino una invitación a reflexionar sobre el papel de los líderes locales en la construcción de una comunidad. Cada alcalde, desde el siglo XIX hasta hoy, ha enfrentado retos únicos y ha dejado una huella en el desarrollo de Binéfar. La muestra permite entender cómo las decisiones municipales han influido en la vida cotidiana, en la infraestructura, en la cultura y en el espíritu de la villa.
La historia de Binéfar, contada a través de sus alcaldes, es también la historia de sus vecinos, de sus luchas, sus celebraciones y sus aspiraciones. Esta exposición, abierta hasta el 25 de diciembre, es una oportunidad para redescubrir el pasado y proyectar el futuro con memoria, identidad y orgullo.
Visítala en el hall del Ayuntamiento de Binéfar.
Binéfar, más de 100 años de alcaldía es una muestra que nos recuerda que detrás de cada decisión municipal hay una historia, una persona, y una comunidad que evoluciona. Una exposición que honra el pasado y fortalece el presente.
La imagen de hoy nos la envía Salomé Nolla, que ya nos ha enviado otras fotografías y documentos y basta detenerse unos segundos para que empiecen a aparecer recuerdos, referencias y un inevitable viaje atrás en el tiempo.
Se trata de un cupón de la ONCE fechado el 18 de agosto de 2008, dedicado a Binéfar, bajo el lema “Binéfar. Espíritu Emprendedor”. Un lema que, visto con perspectiva, no iba nada desencaminado. En aquel momento, el municipio rondaba los 9.100 habitantes, una cifra que hablaba de crecimiento, de movimiento y de una localidad que miraba hacia delante sin complejos. La imagen elegida —una zona urbana reconocible, limpia, ordenada— buscaba transmitir precisamente eso: modernidad, dinamismo y proyección.
El cupón, con su precio de 1,50 euros, no deja de ser un objeto cotidiano, de esos que se compran casi sin pensar. Pero con el paso de los años se convierte en documento. En una pequeña cápsula del tiempo. Ahí está el escudo, la referencia a Aragón, los datos fríos (superficie, población), y también lo simbólico: la presencia de Binéfar en un soporte que circuló por toda España, llevando su nombre y capitalidad mucho más allá de la Litera.
Este tipo de piezas nos recuerdan una época concreta: los años previos a la gran crisis, cuando aún se hablaba con naturalidad de crecimiento, emprendimiento y futuro. Cuando las palabras no pesaban tanto como ahora. Cuando los cupones se guardaban a veces por superstición, a veces por costumbre, y otras —como en este caso— porque alguien tuvo el acierto de conservarlos.
Gracias a Salomé por compartir esta imagen, que no es solo un cupón, sino un pequeño fragmento de la historia reciente de Binéfar. Porque al final, la memoria de un pueblo también se construye con estos detalles: papeles, fechas, lemas y miradas que, años después, cobran un nuevo sentido.
Si alguien más guarda cupones, programas, entradas o documentos donde aparezca Binéfar, ya sabe: aquí siempre tienen sitio.