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domingo, 9 de agosto de 2026

Los Danzantes de Huesca bailaron en Binéfar en 1947

Empezamos con esta entrada una nueva serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar al igual que el año pasado hicimos el especial de peñas de Binéfar; este mes de agosto y septiembre estará dedicado a actos "especiales" de las Fiestas de Binéfar.

Hay acontecimientos que, aunque apenas ocupasen unas líneas en la prensa de su tiempo, terminan convirtiéndose en pequeños tesoros de la memoria local. Uno de ellos tuvo lugar en Binéfar en septiembre de 1947, cuando los célebres Danzantes de Huesca se desplazaron hasta nuestra localidad para participar en las fiestas del Santo Cristo de los Milagros.

Fue una actuación extraordinaria, porque la tradición de los Danzantes de Huesca está íntimamente ligada a la ciudad de Huesca y, especialmente, a las fiestas de San Lorenzo. La propia Agrupación explica que sus actuaciones se desarrollan fundamentalmente dentro de ese marco y que las salidas fuera de Huesca han sido excepcionales. (Danzantes de Huesca)

Una visita muy poco habitual

El año 1947 fue especialmente importante en la historia de los Danzantes.

La Agrupación acababa de atravesar un momento complicado. En febrero había fallecido el rapatán José Laborda Marsó, «Zampabrisas», y apenas unas semanas después, en marzo, murió el mayoral Bienvenido Susín Casanova, que había ejercido el cargo desde 1934.

Le sucedió como mayoral Pablo Esperanza Lecina, «Cacón», mientras que Antonio Villacampa Peleato, «Sardineta», asumió el puesto de rapatán. La llegada de «Cacón» marcaría, según la propia historia de la Agrupación, un punto de inflexión y el comienzo de una etapa de renovación. (Danzantes de Huesca)

Pero 1947 fue también el año de los grandes homenajes a los Danzantes de Huesca.

Durante las fiestas de San Lorenzo recibieron el Escudo Colectivo de la Ciudad de Huesca, en un acto celebrado el 10 de agosto en el Ayuntamiento. Posteriormente participaron en un gran festival organizado por el Orfeón Oscense en el Teatro Olimpia. (Danzantes de Huesca)

Y, unas semanas después, llegaría Binéfar.

El 14 de septiembre de 1947

La propia Agrupación de Danzantes conserva el recuerdo de aquella visita y señala que los danzantes se desplazaron a Binéfar el domingo 14 de septiembre de 1947, con motivo de las fiestas del Santo Cristo de los Milagros. (Danzantes de Huesca)

La visita habría sido posible gracias a la invitación de las autoridades binefarenses. La historia publicada por los Danzantes menciona expresamente al alcalde de Binéfar, José Lacort Muzas, y al danzante oscense Pepito Martínez Martínez, vinculado al grupo como danzante de las cintas. (Danzantes de Huesca)

No era una actuación cualquiera. Para los Danzantes de Huesca, salir de la capital constituía una auténtica excepción.

De hecho, la Agrupación ha recordado esta actuación como una de las muy pocas ocasiones en las que sus danzantes han actuado fuera de Huesca. Décadas después, aquella visita seguía formando parte de la memoria de la institución.

Y tiene además una particularidad que hace que el episodio resulte todavía más curioso: los Danzantes no llegaron a Binéfar para participar simplemente en un festival folclórico, sino vinculados a la celebración religiosa del Santo Cristo de los Milagros, patrón de la localidad.

fiestas de San Lorenzo. (Danzantes de Huesca)

 

Una tradición que todavía podemos reconocer

Los Danzantes de Huesca constituyen una de las tradiciones más características del patrimonio cultural oscense. Sus cuadros de espadas, palos, cintas y degollau, acompañados por la música tradicional, forman parte inseparable de las fiestas de San Lorenzo. (Danzantes de Huesca)

Por eso resulta especialmente significativo que, en aquel septiembre de 1947, aquellos mismos danzantes cruzasen la frontera de la ciudad para bailar en Binéfar.

Hoy la fiesta del Santo Cristo de los Milagros continúa teniendo entre sus actos más característicos la celebración religiosa y las manifestaciones de folclore. En los últimos años, el tradicional paloteao de Binéfar ha seguido formando parte de la jornada festiva. (El Diario de Huesca)

De alguna manera, la visita de los Danzantes oscenses en 1947 puede contemplarse como un curioso antecedente de esa relación entre religiosidad, fiesta y tradición popular que todavía permanece viva en Binéfar.

75 años después

La historia no cayó completamente en el olvido.

En 2022, con motivo del 75.º aniversario de aquella actuación, el Ayuntamiento de Binéfar incluyó en el programa del Pórtico Cultural una conferencia dedicada expresamente a recordar la visita de los Danzantes de Huesca.

El acto contó con la participación de Francisco San Emeterio, mayoral de los Danzantes de Huesca, y del historiador y escritor José Antonio Adell. El programa municipal anunciaba la conferencia como una de las pocas salidas de la agrupación fuera de la capital oscense. (El Diario de Huesca)

Fue una buena ocasión para recuperar un episodio que probablemente muchos binefarenses desconocían: en 1947, algunos de los danzantes más emblemáticos de Huesca bailaron en Binéfar con motivo de nuestras fiestas mayores.


Danzantes de Huesca en Binéfar

Un recuerdo que merece seguir investigándose

La historia tiene todavía algunos interrogantes.

Sabemos cuándo llegaron: el 14 de septiembre de 1947.

Sabemos por qué: las fiestas del Santo Cristo de los Milagros.

Y conocemos algunos de los protagonistas que hicieron posible aquella visita.

Quizá en alguna hemeroteca, en un archivo familiar o en alguno de los fondos históricos se conserve todavía el programa que permita saber exactamente dónde bailaron, a qué hora, qué danzas interpretaron y cómo fue recibida aquella excepcional visita.

Setenta y cinco años después, Binéfar volvió a recordar a aquellos danzantes.

Y casi ocho décadas después, la historia sigue teniendo un atractivo especial: por una vez, los Danzantes de Huesca dejaron las calles de su ciudad y vinieron a bailar a Binéfar.

Fuentes para enlazar al final del artículo:


Binéfar desde "La Balseta"

Una vista de Binéfar tomada, según la anotación a mano en el propio álbum, «desde la Balseta», en septiembre de 1931. En primer término, agua quieta y una orla de álamos y matas; al fondo, entre la vegetación, el perfil del pueblo y, asomando sobre los tejados, una torre inconfundible. Detrás de esta imagen hay una familia, un álbum de doscientas páginas y, todavía, una pequeña incógnita por resolver.

Un álbum llegado desde Monzón

La fotografía pertenece al Álbum familiar 00123 del fondo de la familia Pano, de Monzón, custodiado hoy en el Archivo Histórico Provincial de Huesca (signatura ES/AHPHU - F/00123) y catalogado en DARA, el portal de Documentos y Archivos de Aragón. Se trata de un álbum de doscientas dos páginas, de pequeño formato (140 x 225 mm) y bien conservado, sin cubiertas, fechado de forma genérica en el siglo XX.

Los Pano fueron una familia infanzona de Monzón que dio a Aragón dos figuras de primer orden: el historiador, arqueólogo y político Mariano de Pano y Ruata (Monzón, 1847 - Monzón, 1948), alcalde de Monzón, diputado provincial y académico de las Reales Academias de San Luis y de San Fernando; y su hermano Joaquín de Pano y Ruata, ingeniero de caminos e introductor en España de los puentes metálicos parabólicos. El archivo familiar, que incluye correspondencia, documentación patrimonial y numerosos álbumes fotográficos, se incorporó al Archivo Histórico Provincial de Huesca procedente de la casa familiar de Monzón. Entre esas fotografías, tomadas o coleccionadas a lo largo de varias generaciones, se cuelan también estampas de los pueblos vecinos de La Litera, como esta de Binéfar.

¿Qué balsa es «la Balseta»?

Conviene no confundirla con la balsa que ya conocen los lectores habituales de este blog. En la entrada dedicada a la Balsa Vieja o Balsa de Arriba, procedente del mismo álbum de los Pano, veíamos el gran depósito urbano del siglo XIX que ocupaba lo que hoy es la plaza Hipólito Bitrián, la «plaza del Instituto». Aquella era una balsa dentro del casco urbano, destinada al consumo de la población. La de esta fotografía es otra cosa: el diminutivo «Balseta» y la perspectiva —el pueblo visto de lejos, a través de árboles, con una lámina de agua en primer plano— apuntan más bien a una balsa del término rural de Binéfar, de las muchas que salpicaban la huerta antes de la llegada del regadío del Canal de Aragón y Cataluña.

Binéfar desde la Balseta, 9-31
«Binéfar desde la Balseta, 9-31». Álbum familiar 00123, familia Pano (Monzón). Fuente: DARA / Archivo Histórico Provincial de Huesca.
 

El estudio de referencia sobre la toponimia binefarense, Partidas, calles y apodos de Binéfar (Huesca). Estudio onomástico, de Javier Giralt Latorre (Ayuntamiento de Binéfar - Centro de Estudios Literanos, 2014), recoge entre sus entradas dedicadas al agua, junto a «La Balsa» / «Balsa de Arriba» y «Balsa de Abajo», una partida llamada «Balseta de la Golondrina». Es una candidata para identificar el topónimo de nuestra fotografía pero la perspectiva de la torre no encaja con la localización de la balsa "Las Golondrinas". 

Nuestra hipótesis de trabajo situaría el punto desde el que se tomó la fotografía al noreste del casco histórico, en el entorno de la carretera —o del antiguo camino— de San Esteban de Litera. La torre de San Pedro, que actúa como referencia fija en la imagen, se encuentra aproximadamente en las coordenadas 41,852727, 0,293648; si la cámara se colocó al noreste de la iglesia, la torre debería verse en dirección suroeste, con un rumbo aproximado de 230° a 250°

La documentación urbanística de Binéfar recoge precisamente una carretera de Binéfar a San Esteban de Litera (HU-9030) y un «camino viejo de San Esteban» que arranca en el entorno del cementerio y se adentra en el término municipal, lo que encajaría con esa orientación. De confirmarse, el abanico de búsqueda de la balsa quedaría acotado a una franja de unos 300 a 1.000 metros al noreste de la iglesia, entre la carretera y el camino viejo, donde convendría rastrear antiguas balsas, charcas, acequias o simples depresiones del terreno que hoy puedan haber quedado ocultas bajo el cultivo. Queda como hipótesis abierta, a la espera de contrastarla sobre plano.

 

Posible Balseta Binéfar

Si algún lector o descendiente de familia binefarense reconoce el paraje, o guarda memoria de dónde estaba «la Balseta», nos encantaría conocerla y actualizar esta entrada con su ayuda.

La torre que asoma al fondo

El elemento más nítido del horizonte de la fotografía es una torre que se eleva por encima de los tejados del pueblo. Todo apunta a que se trata de la torre de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, el único edificio de Binéfar con la altura y la silueta suficientes para recortarse así sobre el caserío visto desde el término. Se trata de una torre de planta octogonal, construida en su mayor parte a finales del siglo XV o principios del XVI sobre la iglesia gótica, y ampliada y rematada con un capitel bulboso durante la gran reforma barroca del templo, iniciada hacia 1742 y concluida a finales de aquel mismo siglo. En 1931, fecha de nuestra fotografía, la torre llevaba ya siglos siendo la referencia visual de Binéfar para quien se acercara al pueblo desde el campo, tal y como sigue siéndolo hoy.

Dos balsas, un mismo álbum, dos miradas

Resulta curioso —y por eso merece la pena leer ambas entradas juntas— que el mismo álbum familiar de los Pano conserve dos fotografías de balsas binefarenses tomadas con apenas nueve años de diferencia: la Balsa de Arriba, en 1922, retratada casi de cerca, como testimonio del corazón urbano del pueblo; y esta «Balseta», en 1931, retratada desde fuera, como paisaje, con Binéfar al fondo. Dos maneras distintas de mirar la misma villa y, seguramente, dos motivos distintos para hacerlo: una foto de calle y una foto de paseo o excursión familiar. Ambas, sin embargo, comparten lo esencial: el agua, que durante siglos marcó la vida y el paisaje de Binéfar antes de que el Canal de Aragón y Cataluña y el Canal de Zaidín transformasen para siempre la Litera.

Cuidamos estas fotografías, aunque sea sin resolver del todo su enigma, porque son ventanas —nunca mejor dicho— a un Binéfar que ya no existe tal cual. Si esta entrada despierta la memoria de alguien y ayuda a poner nombre exacto a «la Balseta», este blog habrá cumplido su función.

Para seguir leyendo en el blog

Compartir es vivir, también en redes sociales. Y si conoces la ubicación exacta de «la Balseta» o tienes más fotografías del álbum de los Pano relacionadas con Binéfar, escríbenos.

Fuentes

  • DARA (Documentos y Archivos de Aragón) — Álbum familiar 00123, Familia Pano (Monzón), Archivo Histórico Provincial de Huesca, sig. ES/AHPHU - F/00123.
  • Javier Giralt Latorre, Partidas, calles y apodos de Binéfar (Huesca). Estudio onomástico, Binéfar, Ayuntamiento de Binéfar - Centro de Estudios Literanos (Instituto de Estudios Altoaragoneses), 2014 (reseña de Vicente Lagüéns Gracia, Archivo de Filología Aragonesa, 71-72).
  • Parroquia de Binéfar, «Iglesia de San Pedro Apóstol» — historia del templo y de su torre, basada en José Antonio Adell, Binéfar, tradición y modernidad.
  • La Balsa Vieja o Balsa de Arriba en 1922 — archivo del blog Debinéfar.
  • Wikipedia, «Mariano de Pano y Ruata»; Gran Enciclopedia Aragonesa, voz «Pano y Ruata, Mariano de».

domingo, 2 de agosto de 2026

Ladrillera San Quílez. La Bóbila de Binéfar en SIPCA

Ya hablamos en su día de la Bóbila de Binéfar y del barrio que creció a su sombra. Hoy volvemos sobre ella con un documento distinto: la ficha oficial del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA), que cataloga el edificio bajo el nombre técnico de Ladrillera San Quílez y permite completar, con precisión de inventario, lo que la memoria oral del pueblo ya nos había contado.

La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.



La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.

Dos fábricas, una misma memoria

Conviene aclarar algo que se presta a confusión: en Binéfar hubo dos ladrilleras, no una, y ambas se conocieron popularmente como "la bóbila".

La primera se levantó en 1924 en la calle Tejería, dando nombre al barrio que la rodeó. La promovió Próspero Montousse Jacomed, un experto francés en hormigón armado que había llegado a Binéfar para trabajar en las obras del Sifón del Sosa y que acabó casándose con Carmen Ortiz Oncins, hija de un tejero local. Montousse se asoció con su suegro, José Ortiz Alegre, y con sus cuñados Miguel y Antonio, para fundar la fábrica. Contaba con un horno tipo Hoffmann, de cocción continua, y extraía la arcilla de la cantera Montousse. En 1930 producía 480 toneladas anuales de ladrillo y teja. Tras la muerte de Miguel Ortiz en la Guerra Civil, la fábrica cambió de manos varias veces: la modernizó Sebastián Bernard en 1934 (molinos, trituradoras, cortadores automáticos) y en 1952 pasó a Antonio Arasanz Amal y José Mª Ortiz Juste, que la rebautizaron como Antigua Cerámica de Binéfar. Esta es, según nuestras propias fuentes, la fábrica que hoy ha desaparecido por completo.

Ladrillera Calle Tejería
 Ladrillera Calle Tejería 


La segunda se construyó en 1949 junto a la carretera de Tamarite. La fundó Antonio Pueyo Gil bajo el nombre de Moderna Cerámica, con un horno de 300 m³ capaz de producir 20.000 piezas diarias. En 1956 cambió de propietario y de nombre, pasando a llamarse Ladrillera San Quílez —el nombre con el que la registra oficialmente el SIPCA pero que no concuerda pues en realidad las fotos son de la del barril Tejería—, actividad que se documenta hasta hacia 1983. La memoria local añade un capítulo posterior: bajo la propiedad de Rafael y Mariano Coscojuela, la fábrica siguió funcionando hasta su venta en 1985 cuando se vendió a los actúales propietarios y el recinto se reconvirtió en granja. 

Estado actual  Ladrillera San Quilez
Estado actual granjas. Ladrillera San Quilez 

Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez
Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez 

Las familia propietarias sigue llamando a los edificios según su función dentro de la ladrillera: El horno, la Galletera,…

Lectura arquitectónica; anatomía de una tejería de principios del XX (Calle Tejería) 

La ficha del SIPCA permite una lectura técnica muy precisa del edificio superviviente en la fecha de realización de la bovila de la calle Tejería aunque la mal denomina Ladrillera San Quilez. Se trata de una construcción de planta rectangular, levantada en ladrillo visto combinando aparejo flamenco sencillo en unas zonas e isódomo en otras —es decir, alternando el despiece decorativo propio de la tradición cerámica aragonesa con hiladas más regulares, según la función estructural de cada paño—, y cubierta a doble vertiente con teja.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar 

Uno de los lados largos del edificio presenta un zócalo alto rematado por cinco vanos rectangulares; el lado opuesto se resuelve como un porche abierto sostenido por cinco pilares, probablemente destinado al secado y almacenaje de las piezas antes de la cocción, protegidas de la lluvia pero ventiladas. En uno de los lados cortos se abren dos grandes bocas de carga, resueltas en arco escarzano rebajado y de gran profundidad —auténticos túneles—, con la rosca del arco marcada por ladrillos dispuestos radialmente: por ahí se introducían las piezas crudas y se extraían ya cocidas.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Horno 

Pero el elemento verdaderamente identificativo, el que convierte a estas fábricas en hito del paisaje, es la chimenea de ladrillo que se eleva sobre el conjunto. Su función no era decorativa sino estrictamente térmica: en un horno de tipo Hoffmann, la combustión se desplazaba de forma continua por una serie de cámaras en anillo, y la chimenea central generaba el tiro necesario para mantener esa combustión constante, permitiendo cocer sin interrupción y aprovechar el calor residual de una cámara para precalentar la siguiente. Es la misma lógica que explica la silueta de las viejas ladrilleras de todo el valle del Ebro: un volumen horizontal, alargado y de baja altura, dominado por una única chimenea vertical.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Chimenea 

¿Qué queda hoy?

De la bóbila de la calle Tejería, la más antigua, no queda nada más que el nombre del barrio, algún edificio reutilizado y el recuerdo de sus vecinos. De la de la carretera de Tamarite, la Ladrillera San Quílez, se reconvirtió hace décadas, (se compró por la familia actualmente propietaria en 1985)  en explotación agropecuaria. Entre el inventario técnico del SIPCA y la memoria oral recogida en este blog hay pequeños desajustes de fechas —normales cuando se cruzan el archivo y el recuerdo— que quizá algún lector con vínculos familiares en Tejerías pueda ayudarnos a afinar. Como siempre, los comentarios están abiertos para eso.

Más entradas sobre la Bóbila y el Barrio de Tejerías en este blog

domingo, 26 de julio de 2026

Pila bautismal de la Iglesia de San Pedro de Binéfar

Entre 1925 y 1936, el fotógrafo y excursionista catalán Francesc Blasi i Vallespinosa (1872-1951) recorrió Aragón documentando su patrimonio para el Centro Excursionista de Cataluña. Uno de sus negativos —un cristal de 6x6 cm hoy conservado por la Memoria Digital de Cataluña y digitalizado por Europeana— retrata un rincón que muchos binefarenses no habían visto nunca en imagen: la pila bautismal de la Iglesia de San Pedro Apóstol.

Pila bautismal de la Iglesia de San Pedro de Binéfar. 
Pila bautismal de la Iglesia de San Pedro de Binéfar. Fotografía: Francesc Blasi i Vallespinosa, Centre Excursionista de Catalunya [entre 1925 y 1936]. Fuente: Memòria Digital de Catalunya / Catalònica, vía Europeana. Licencia CC BY-NC-ND 3.0.

Una fotografía rescatada del olvido

El interés de esta imagen es, ante todo, historiográfico. Blasi i Vallespinosa formó parte de aquellas campañas fotográficas de excursionistas catalanes de entreguerras que, cámara en mano, recorrieron pueblos de Aragón y Cataluña levantando un inventario visual de su arte religioso: portadas, retablos, tallas, orfebrería... Muchas de esas fotografías serían, sin saberlo sus autores, el único testimonio que sobreviviría a lo que vino después.

Y es que en 1936 la Iglesia de San Pedro sufrió el mismo destino que tantos templos aragoneses: ardió buena parte de su patrimonio mueble. Desapareció el retablo mayor de Damián Forment (1525), del que ya hablamos al reconstruir la imagen de San Pedro que lo presidía, y con él las tablas de Tomás Peliguet, de las que solo queda una grisalla suelta. La pila bautismal, en cambio, al ser una pieza pétrea de gran peso y escaso valor de "botín", es de los pocos elementos que con toda probabilidad sobrevivió a ese incendio: una superviviente silenciosa frente a las llamas que sí devoraron la madera y el lienzo.

La propia inscripción manuscrita sobre el negativo original ("A-7205") remite al sistema de catalogación que el CEC aplicaba a sus fondos fotográficos, y sitúa esta toma dentro de una serie más amplia dedicada a Binéfar de la que también procede, seguramente, el fondo de imágenes que años más tarde utilizaría el hispanista Georg Weise para su propio estudio del arte gótico aragonés.

Lectura iconográfica de la pila

La fotografía permite una lectura bastante precisa de la pieza. Se trata de una copa de perfil semiesférico, con el borde rematado por una moldura en forma de cordón o soga trenzada —un recurso decorativo habitual en la ornamentación gótica tardía y renacentista aragonesa— y, justo debajo del labio, un friso corrido de gallones o veneras: una sucesión de lóbulos acanalados que envuelven toda la copa a modo de pétalos o conchas estilizadas, un motivo de raíz clásica muy extendido en pilas y fuentes de los siglos XV y XVI.

La copa se sustenta sobre un fuste en forma de columna salomónica, es decir, tallado en espiral continua —el mismo recurso de "barbas de candelero" que encontramos en balaustradas y elementos decorativos del gótico flamígero y el primer renacimiento— y apoya, a su vez, sobre una basa o plinto de perfil cuadrangular liso, que contrasta deliberadamente con el dinamismo de la espiral superior.

El encuadre es revelador: al fondo se adivina un elemento arquitectónico labrado, posiblemente parte de una hornacina o de un acceso con decoración escultórica, sobre un pavimento de grandes losas. Este emplazamiento cerca de un vano ornamentado encaja con la costumbre litúrgica de situar la pila bautismal junto a la entrada del templo o en una capilla inmediata a los pies de la nave, subrayando el sentido simbólico del sacramento: el bautismo como puerta de acceso a la comunidad cristiana, del mismo modo que el pórtico lo es al edificio. No en vano la propia portada de San Pedro de Binéfar está considerada un ejemplar singular de gótico flamígero, único en Aragón, lo que hace verosímil que la pila comparta ese contexto decorativo de finales del XV.

La forma semiesférica u octogonal de las pilas bautismales medievales no es casual: remite simbólicamente al "octavo día", el de la Resurrección, y por extensión al renacer del bautizado a una vida nueva. El uso de motivos vegetales (gallones, veneras) y de la torsión helicoidal del fuste, por su parte, responde ya a un gusto ornamental de transición entre el gótico final y las primeras fórmulas renacentistas, coherente con la datación de la propia iglesia (1462-1478) y con las noticias documentadas de obras e intervenciones en su interior durante el siglo XVI.

Una pieza pendiente de estudio

Ni el inventario del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA) ni la bibliografía local consultada —Adell Castán, Iglesias Costa, Guitart Aparicio— detallan de forma específica esta pila, por lo que su cronología exacta y su estado actual quedan, de momento, como una pregunta abierta. Si algún lector conserva más información, fotografías recientes o referencias documentales sobre esta pieza, será muy bienvenida en los comentarios: es exactamente el tipo de detalle que este blog lleva años tratando de rescatar entrada a entrada.

Sabemos que el fuste ha desaparecido y que el vaso permanece en la entrada con su par enfrente.

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Más entradas sobre la Iglesia de San Pedro Apóstol en este blog

domingo, 19 de julio de 2026

En Binéfar: ¿Hace más o menos calor que antes?

Este domingo el termómetro vuelve a apretar en Binéfar. Estamos en plena tercera ola de calor del verano, con la AEMET manteniendo aviso especial y avisos de nivel importante para la comarca en los próximos días. La previsión para nuestro municipio marca máximas de 37 °C hoy domingo, subiendo día a día hasta rozar los 41 °C el jueves. Son cifras altas, sí, pero ¿cómo se comparan con lo que hemos vivido en Binéfar desde que hay registros fiables? Lo hemos mirado con los datos oficiales de la estación meteorológica de la AEMET en Binéfar (9915A), publicados año a año en meteobinefar.iesbinefar.es.

Día Fecha Máxima prevista Aviso AEMET
Domingo19 jul37 °CAmarillo
Lunes20 jul38 °CAmarillo
Martes21 jul39 °CNaranja
Miércoles22 jul39 °CAmarillo
Jueves23 jul41 °CAmarillo
Viernes24 jul40 °C
Sábado25 jul37 °C

Previsión AEMET para el municipio de Binéfar, consultada el 19 de julio de 2026. Sujeta a variación.

El dato del jueves llama la atención: 41 °C de máxima prevista es una cifra que, en los últimos veinte años, solo se ha superado una vez en el registro oficial de la estación de Binéfar. Para ponerlo en contexto, hemos recuperado la temperatura máxima absoluta alcanzada cada año desde 2002 hasta 2020, que son los resúmenes climatológicos anuales que la propia estación de la AEMET en Binéfar tiene publicados. El portal no ha vuelto a subir resúmenes anuales completos desde 2020, así que la serie que veis abajo es la más larga y fiable que existe con datos propios del pueblo.

MeteoBinéfar 

Con esos nueve lustros de datos, la máxima histórica de la serie es de 41,5 °C, registrada en 2019, seguida muy de cerca por los 40,6 °C de 2012 y los 40,4 °C de 2015. La media de las diecinueve temperaturas máximas anuales es de 38,1 °C. Dicho de otro modo: el pico de 41 °C que se espera este jueves en Binéfar quedaría en segunda posición si comparásemos con cualquiera de los últimos veinte años, solo por detrás del récord de 2019.

Temperatura máxima anual en Binéfar (2002-2020)

Toca "Año" o "Máxima" para ordenar la tabla. La fila de 2026 muestra la máxima prevista para esta semana, no un dato anual cerrado.

Año ↕ Temperatura máxima ↕
2002
36,5 °C
2003
39,1 °C
2004
37,1 °C
2005
39,3 °C
2006
38,9 °C
2007
38,2 °C
2008
35,9 °C
2009
36,8 °C
2010
38,0 °C
2011
38,2 °C
2012
40,6 °C
2013
36,0 °C
2014
35,7 °C
2015
40,4 °C
2016
37,0 °C
2017
38,0 °C
2018
37,3 °C
2019 ★
41,5 °C
2020
38,6 °C
2026 (previsión, 23 jul)
41,0 °C*

★ Máxima histórica de la serie. * Dato de previsión AEMET, no de registro cerrado.

Para situar aún más estas cifras: el récord absoluto de temperatura de toda la Comunidad Autónoma de Aragón son los 44,5 °C registrados en el aeropuerto de Zaragoza el 7 de julio de 2015, en plena ola de calor histórica. Estamos, por tanto, todavía unos grados por debajo de esos extremos, pero la tendencia de los últimos veinte años en Binéfar es clara: de las cuatro temperaturas máximas anuales más altas de la serie (2012, 2015, 2018 y 2019), tres se han dado en la última década, y esta semana el termómetro vuelve a acercarse a esos techos.

Con avisos activos, lo de siempre pero conviene repetirlo: evitar las horas centrales del día, hidratarse bien, buscar la sombra y vigilar especialmente a los más pequeños y a las personas mayores. Cuando bajen las temperaturas, os seguimos contando cómo queda el resumen del verano en el pueblo.

Fuentes: Estación meteorológica oficial de la AEMET en Binéfar (9915A), resúmenes climatológicos anuales 2002-2020 publicados en meteobinefar.iesbinefar.es; predicción municipal de AEMET para Binéfar, consultada el 19 de julio de 2026; temperatura máxima absoluta de Aragón, Atlas Climático de Aragón (ICEARAGON) y AragónDigital.

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