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domingo, 18 de octubre de 2026

Binéfar en el TBO: una dedicatoria de 1978

Hay tebeos que se leen, se intercambian en el patio y acaban perdidos en algún desván. Y hay tebeos que, casi medio siglo después, vuelven a aparecer para contarnos algo de Binéfar. Este es uno de ellos.

Nos lo hace llegar Salomé Nolla, que no es la primera vez que rescata para el blog un pedacito de nuestra memoria en papel. Se trata de un ejemplar del TBO, n.º 2266, «Año LXII», a 20 pesetas y con el subtítulo de «Revista juvenil». A primera vista, un tebeo más de los que llenaban los quioscos a finales de los setenta. Pero basta darle la vuelta para encontrar la sorpresa: en la contraportada, al pie de la historieta de La familia Ulises, aparece impreso el nombre de un chaval de nuestro pueblo.

Portada del TBO n.º 2266, de la etapa «TBO 2000». Ejemplar cedido por Salomé Nolla.
Portada del TBO n.º 2266, de la etapa «TBO 2000». Ejemplar cedido por Salomé Nolla.

Un TBO de la etapa «TBO 2000»

El TBO nació en Barcelona en 1917 y fue durante décadas la revista de historietas por excelencia, hasta el punto de que su nombre acabó dando nombre a todo un género: los tebeos. Nuestro ejemplar pertenece a su etapa final, la que lució la cabecera «TBO 2000» entre 1972 y 1983, cuando la revista vivía sobre todo de nuevas entregas de sus series clásicas y de reediciones de historietas antiguas.

El número no lleva fecha, pero se puede afinar bastante. El «Año LXII» nos lleva a 1978 si contamos 1917 como el año I. Y como el TBO salía cada semana y sabemos que el n.º 2391 se publicó el 4 de julio de 1980, echando la cuenta hacia atrás el n.º 2266 se sitúa hacia los primeros meses de 1978. Encaja con la portada: un vendedor de la «Selvarian Electric Company» que, en plena selva, le ofrece a un pescador el alquiler de un televisor en color para no perderse el partido. Eran los años en que la televisión en color empezaba a entrar en las casas españolas.

El índice de la portada promete Tontolín de Tarascón en las páginas 1 a 4, Habichuela en la 5, De todo un poco en la 10, pasatiempos en la 12 y 13 y, como colofón, «la familia Ulises en la contraportada». Allí es donde está nuestro binefarense.

«La intención era buena»

La familia Ulises fue probablemente la serie más querida del TBO. La crearon en 1944 el guionista Joaquín Buigas y el dibujante Marino Benejam, y retrataba con humor las aspiraciones y apuros de una familia de clase media de la posguerra: Ulises, su mujer Sinforosa, los hijos y la inevitable suegra de origen pueblerino. Tras la muerte de Buigas y la retirada de Benejam, la serie continuó con guiones de Carlos Bech, que en esta página aparece presentado con orgullo como «Premio Nacional de Historieta 1974».

La historieta de nuestro número se titula «La intención era buena» y es muy de su tiempo. La familia va de excursión en coche por una carretera llena de baches, porque «hay que ahorrar», que estamos en crisis, y la autopista de peaje queda descartada. En mitad del camino se encuentran una piedra enorme. Discuten si será un meteorito, deciden entre todos que hay que hacer una buena obra y la empujan fuera de la carretera… sin mirar qué hay al otro lado. El final, con la piedra cayendo ladera abajo y unos excursionistas indignados gritando desde su coche, os lo dejamos ver en la imagen.

«La intención era buena», historia de la familia Ulises con guion de Carlos Bech. Al pie, la dedicatoria a Carlos Solsona Villar, de Binéfar.
«La intención era buena», historia de la familia Ulises con guion de Carlos Bech. Al pie, la dedicatoria a Carlos Solsona Villar, de Binéfar.

«Dedicado a… Carlos Solsona Villar, de Binéfar»

Lo que convierte este tebeo en una pieza para el blog es la última línea. Durante años, el TBO dedicaba sus historietas a lectores de toda España que lo pedían por carta. Ver tu nombre impreso en el TBO, junto al de tu pueblo, era para un niño de entonces casi como salir en la tele. En esta página la dedicatoria se reparte entre lectores de Olot, Barcelona, Reus y Cuenca… y, entre ellos, Carlos Solsona Villar, de Binéfar.

Es una línea pequeña, pero dice mucho: que en el Binéfar de 1978 había chavales que compraban el TBO en el quiosco, que escribían a Barcelona y que esperaban semana tras semana a ver si les tocaba. Y que alguien guardó ese ejemplar el tiempo suficiente para que hoy, casi cincuenta años después, podamos enseñarlo aquí.

✉️ Un nuevo reto: ¿quién es Carlos?

Como hicimos hace unas semanas con la niña que nació en un tren a la altura de Binéfar, nos encantaría que esta entrada llegara a su protagonista.

  • Si eres tú, Carlos, o alguien de tu familia: ¿recuerdas haber escrito al TBO? ¿Llegaste a ver la página con tu nombre?
  • Si tú también saliste en una dedicatoria del TBO, o en las de otras revistas como Pulgarcito o Mortadelo, cuéntanoslo.
  • Y si conservas en casa tebeos o revistas donde aparezca Binéfar, escríbenos: seguimos completando esta pequeña colección de papeles curiosos.

Una petición: si conoces a Carlos, no publiques en los comentarios direcciones, teléfonos ni datos personales. Mejor pásale el enlace, o escríbenos en privado, y que sea él quien decida si quiere contactar.

Gracias, Salomé

Este TBO se suma a una larga lista de recuerdos que Salomé Nolla ha ido compartiendo con todos nosotros a lo largo de los años. Si queréis repasarlos:

Binéfar en papel: otras curiosidades

El TBO no es el único papel inesperado en el que ha aparecido Binéfar. En el blog hemos ido reuniendo unos cuantos:

Papeles pequeños, casi siempre destinados a la papelera, que acaban guardando un trocito de nuestra historia. Compartir es vivir, también en redes sociales.


📚 Fuentes

  • TBO, n.º 2266, Año LXII, Barcelona (etapa «TBO 2000»). Portada y contraportada: «Historias de la familia Ulises. La intención era buena», guion de Carlos Bech. Ejemplar cedido por Salomé Nolla.
  • Tebeosfera: ficha de la serie «La familia Ulises» y fichas de los recopilatorios de Ediciones B (n.º 2391 del TBO, 4 de julio de 1980), utilizadas para datar el ejemplar.
  • Gran Enciclopèdia Catalana, voz «TBO».





domingo, 11 de octubre de 2026

Aquí no hay…: lo que le faltaba a Binéfar en 1914

Hoy damos por hechas muchas cosas: que los niños vayan a un colegio con calefacción y baños, que haya un centro de salud a pocas calles, que salga agua potable del grifo y que podamos mandar un mensaje a cualquier parte del mundo en un segundo. En el Binéfar de 1914 nada de eso estaba garantizado. Lo sabemos porque un vecino, harto de esperar, lo dejó por escrito con una frase que se repite como un estribillo: «aquí no hay…».

Ocurrió en las páginas del semanario Agricultura, editado en Binéfar en la calle Ruata, el 30 de septiembre de 1914. Su autor era nuestro viejo conocido «un Binefarense», el mismo colaborador anónimo que pocas semanas antes había publicado aquel programa satírico de las fiestas en el que proponía, entre otras cosas, ir en procesión a limpiar la Balsa de Arriba.

Un artículo sobre la Guardia Civil que acabó siendo una lista de carencias

El artículo se titulaba «Binefar y el Cuartel de la Guardia Civil», y empezaba con una noticia concreta: el propietario de la casa donde estaba el cuartel había comunicado a Huesca, el día 15 de aquel mes, que quería recuperar el local, y la Guardia Civil tenía «dos meses» para desalojarlo. El rumor llevaba años circulando y, según el autor, el Ayuntamiento no había hecho nada para buscar una solución: «He indagado sobre este punto y casi en general he encontrado el indiferentismo».

El cronista hacía números para convencer a los concejales. En el puesto de Binéfar había «cuatro individuos y un cabo, todos ellos con familia», que entre todos gastaban en el pueblo entre cinco y seis mil pesetas al año. Si se perdía el puesto, se perdía también ese dinero. Pagar un local adecuado, calculaba, costaría unas 380 pesetas anuales: una inversión pequeña para conservar, decía, «una sombra muy tupida en la que descansa el pueblo tranquilo y confiado».

Pero a mitad del artículo la pluma se le desbocó. Tras un «¡Pobre Binefar, si todos tus grandes hidalgos no cambian de pensar!», escribió el párrafo que da título a esta entrada:

«Aquí no hay Escuelas, apropiadas para que los niños y sus profesores puedan asistir a ellas; aquí no hay Hospital, para poder colocar un enfermo en caso de necesidad; aquí no hay Telégrafo, a pesar de pasar su alambre por encima las casas del pueblo; aquí no hay Aguas potables, como tienen Almenar y Esplús; aquí no hay… tente pluma que vas a cantar demasiado y quizás se den por ofendidos, pues sabido es, que de la verdad no se puede decir ni la mitad.»

El párrafo de la discordia, en el semanario Agricultura del 30 de septiembre de 1914.

El párrafo de la discordia, en el semanario Agricultura del 30 de septiembre de 1914.

Escuelas, hospital, telégrafo y agua potable, más el cuartel que estaba a punto de perderse. Cinco carencias en un solo párrafo. Y, como veremos, ninguna era una exageración.

Lo que había detrás de cada «aquí no hay»

Las escuelas: ratones, goteras y ningún retrete

Dos meses después, el 30 de noviembre de 1914, Agricultura publicó un largo artículo titulado «Por la cultura», escrito por alguien que conocía muy de cerca la junta local de primera enseñanza. Arrancaba con ironía: Binéfar era «villa de los cafés y de los casinos, de las renombradas fondas, de los bailes y de las músicas, de los carnavales y de los fastuosos banquetes», pero dormía «un sueño letárgico» en lo que tocaba a sus escuelas.

Y después venía la lista:

  • La Fiesta del Árbol, celebrada «con singular aplauso» en 1912 y 1913, no se había organizado en 1914.
  • Las paredes estaban comidas por la humedad y el salitre, y las «impedagógicas mesas-bancos» estaban sucias y desvencijadas. El autor proponía, sin rodeos, hacer con ellas «una pira».
  • Por las rendijas del entarimado de la escuela de niños, «una pléyade de ratones visita con toda osadía a los escolares».
  • La escuela no tenía «ningún retrete». Sus dos únicas ventanas daban a un corral donde iban a parar el agua de dos fregaderos y tres retretes «de la época antediluviana y sistema Matusalén».
  • El tejado era «una inmensa gotera» que sostenían cinco puntales, a pesar de que la Inspección provincial había ordenado repararlo.
  • En el último curso se habían matriculado 97 niños, pero la asistencia media era de 40: cada día faltaban 57 alumnos.
  • Los maestros cobraban 1.100 pesetas al año.

El autor acababa calificando aquellas aulas de «nauseabundas pocilgas». Aquella realidad tardaría todavía bastantes años en cambiar.

El hospital: un proyecto que no llegaba

En la primavera de 1914, el Ayuntamiento había agradecido al diputado en Cortes José Valero Hervás sus gestiones para un Hospital Lazareto y había acordado buscar terrenos donde construirlo. Medio año después, el proyecto seguía en el aire. El propio periódico se burlaba de la comisión municipal que había viajado a Madrid a buscar dinero «para las fuentes, hospital, matadero y Escuelas» sin conseguir nada concreto.

Lo curioso es que el propio Binefarense, en su programa satírico de fiestas de pocas semanas antes, incluía «el Hospital» entre los locales públicos que no se podrían visitar «para evitar que alguien levante el plano». Algo con ese nombre debía de existir, pero, a su juicio, no servía para lo esencial: tener un lugar donde «colocar un enfermo en caso de necesidad».

El telégrafo: el alambre pasaba por encima de las casas

De todas las quejas, esta es la más gráfica. Los cables del telégrafo del ferrocarril cruzaban Binéfar, pero el pueblo no tenía oficina pública de Telégrafos. Ya en enero de 1914 un lector recordaba que el único telégrafo disponible era el de la vía férrea.

La historia de cómo se consiguió da para otra entrada:

  • En mayo de 1915, Agricultura propuso instalar las oficinas de Correos y Telégrafos en el Almudín, un edificio municipal muy céntrico que los domingos se usaba como sala de baile y que, «tabique por medio», servía de matadero público. El periódico abrió una suscripción popular aportando las primeras 25 pesetas.
  • Pocas semanas después, el Ayuntamiento acordó ceder el Almudín y levantar encima las habitaciones del administrador.
  • En enero de 1916 se pasó lista entre los vecinos para costear por suscripción voluntaria el alquiler y la instalación de la oficina.
  • En abril de 1916, el periódico informaba con cierta envidia de que Fonz y La Almunia de San Juan ya tenían telégrafo y teléfono.
  • En julio de 1916, la oficina ya tenía muebles y material, y se esperaba abrirla en pocos días.
  • En septiembre de 1916, la línea estaba tendida hasta la oficina. Solo faltaba el permiso de la Compañía del Norte para que el cable pudiera cruzar la vía del tren.

Es decir, dos años después del «aquí no hay Telégrafo», el problema volvía a ser el mismo de siempre: un cable que pasaba por donde no debía.

El agua potable: la eterna espera

Este era, sin duda, el asunto más serio. En marzo de 1914, el vecino Joaquín Liesa escribía en Agricultura que dotar de agua a Binéfar era un «tema muy traído y llevado». Recordaba que la Junta de Sanidad, al revisar las aguas almacenadas en las balsas del término, había concluido que era «imprescindible pensar en la instalación de fuentes públicas». Justo entonces el Gobierno aprobaba un decreto que subvencionaba hasta el 50 por ciento de las obras de abastecimiento de agua de las pequeñas poblaciones, y el periódico lo recomendaba al Ayuntamiento «por si le parece oportuno aprovechar esta ocasión».

En agosto, la redacción volvía a preguntar cómo iba el asunto, porque las aguas del pueblo eran «insalubres» y estaban «denunciadas por la Junta de Sanidad». No hubo respuesta. Mientras tanto, el vecindario seguía bebiendo de la Balsa de Arriba, aquel depósito en pleno casco urbano del que ya hablamos en la entrada dedicada a la Balsa Vieja o Balsa de Arriba. En mayo de 1915, el periódico todavía dedicaba una crónica a la visita del inspector de Sanidad y al estado de las «balsas y aguas potables».

Por eso la comparación del Binefarense, «como tienen Almenar y Esplús», no era una pulla gratuita: simplemente señalaba que en los pueblos de alrededor el problema ya se había resuelto.

El cuartel: «si le conviene al cuerpo, ya lo harán»

La respuesta municipal sobre el cuartel la conocemos por boca del propio director del periódico, que la contó en el número siguiente. Según él, el alcalde le dijo: «el Cuartel de la Guardia civil, si le conviene al cuerpo ya lo harán, pues prueba de ello es Monzón, que lo han hecho porque así les convenía». El puesto, en cualquier caso, no se perdió. Hoy el cuartel de la Guardia Civil de Binéfar está en la calle Mariano de Pano, junto al centro de salud.



«Binefar y el Cuartel de la Guardia Civil», artículo completo firmado por «Un Binefarense» (Agricultura, 30-IX-1914).
«Binefar y el Cuartel de la Guardia Civil», artículo completo firmado por «Un Binefarense» (Agricultura, 30-IX-1914).

«Hacerme comer los periódicos»

El artículo no gustó en la Casa Consistorial. En el número del 10 de octubre de 1914, el director de Agricultura hizo balance de los nueve meses de vida del semanario y repasó, número a número, todo lo que habían pedido al Ayuntamiento: oficinas de Correos y Telégrafos, saneamiento, aguas potables, el reglamento de Teléfonos… Detrás de cada petición repetía la misma coletilla: «sin contestación».

Del artículo del 30 de septiembre decía que había sido el que «ha concluido de exaltar los ánimos de nuestros administradores». Lo comprobó en persona el 2 de octubre, cuando fue a la Secretaría a enseñarle al alcalde una carta del diputado Valero Hervás. El alcalde le contestó que él y sus compañeros de corporación estaban «disgustadísimos» con el periódico y que entre ellos había alguien dispuesto a «hacerme comer los periódicos». El director respondió con retranca: hacía tiempo que andaba «muy mal del estómago» y «un empacho de periódicos podría serme fatal», de modo que mejor dejar que juzgaran los jueces.

El alcalde también dio su versión, y merece la pena recogerla: «¿Qué quiere que haga un Ayuntamiento pobre como este, que todavía no ha podido concluir de pagar sus atenciones?». Sobre el agua añadió que «nos llevaron engañados, pues después de muchos gastos y tiempo de esperar nos tememos que a última hora nos digan que las aguas son deficientes». Era, seguramente, la verdad de un consistorio de pueblo con muchas necesidades y poco dinero. Pero también era exactamente lo que el Binefarense denunciaba.

Ciento doce años después

Si hoy alguien escribiera aquel párrafo, tendría que darle la vuelta: aquí hay colegios e institutos, aquí hay centro de salud, aquí hay agua en cada casa y cobertura en cada rincón. Cada una de esas cosas costó años de peticiones, suscripciones vecinales, viajes a Madrid y artículos que se quedaban «sin contestación».

Ciento doce años después

 

El Binefarense lo explicó así, a modo de disculpa: «Es tanto el cariño que siento para mi querida Binefar; que cuando trato de ella me exalto, por no poderla ver a la altura que debería estar». Puede que esa sea la mejor definición de lo que es escribir sobre el propio pueblo, entonces y ahora.

Fuentes

  • Agricultura (Binéfar), 30 de septiembre de 1914: «Binefar y el Cuartel de la Guardia Civil», firmado por «Un Binefarense».
  • Agricultura, 10 de octubre de 1914: balance de la redacción y entrevista con el alcalde.
  • Agricultura, 30 de noviembre de 1914: «Por la cultura».
  • Agricultura, 30 de marzo, 30 de abril y 20 de agosto de 1914: artículos de Joaquín Liesa sobre las aguas potables, decreto de abastecimiento de aguas y acuerdos municipales sobre el Hospital Lazareto.
  • Agricultura, 20 de enero de 1914; 10 y 20 de mayo y junio de 1915; 10 de enero, 10 de abril, 10 de julio y 15 de septiembre de 1916: noticias sobre Correos y Telégrafos.
  • Agricultura, 10 de septiembre de 1914: «Programa (no iluso)» de las fiestas, por «Un Binefarense».
  • La Balsa Vieja o Balsa de Arriba en 1922, blog Debinéfar.

¿Sabes cuándo llegaron a Binéfar las primeras fuentes públicas, o dónde estuvo el cuartel que la Guardia Civil tuvo que abandonar en 1914? Si conservas fotografías o recuerdos familiares de aquellas escuelas, escríbenos o deja un comentario.

domingo, 4 de octubre de 2026

110 aniversario del Motín de Binéfar

Hace hoy exactamente 110 años, el 4 de octubre de 1916, los vecinos de Binéfar entraron en el Ayuntamiento en plena sesión, sacaron a la calle al alcalde y a los concejales, cerraron la Casa Consistorial y fueron a entregar las llaves… a la Guardia Civil. El comandante no las quiso. Aquel gesto, tan aragonés como inesperado, dio la vuelta a España en pocos días y llenó columnas de periódicos de Madrid, Barcelona, Alicante, Galicia o Canarias. En 2017 ya os enseñamos cómo lo contó el ABC; hoy, en su 110 aniversario, contamos la historia completa del Motín de Binéfar.

Un impuesto odiado: los «consumos»

Para entender lo que pasó hay que hablar primero del impuesto de consumos, probablemente el tributo más aborrecido de la España de la Restauración. Nacido en 1845, gravaba los artículos de «comer, beber y arder», es decir, los de primera necesidad, y por tanto recaía sobre todo en las clases populares. Su cobro, además, solía venir acompañado de favoritismos e irregularidades, y fue el origen de incontables motines por toda España. En La Litera no éramos una excepción: en los años anteriores hubo protestas por impuestos en Tamarite, Alcampell y Peralta de la Sal.

Una ley de 1911 empezó a suprimir los consumos de forma progresiva, pero a cambio los ayuntamientos debían crear nuevos arbitrios y podían recurrir al repartimiento vecinal: repartir entre los vecinos una cantidad según su consumo probable. Para que el reparto fuera legal debía hacerlo una Junta Municipal de Asociados formada por el alcalde, los concejales y vecinos contribuyentes elegidos por sorteo, y la lista tenía que exponerse al público para que se pudieran presentar reclamaciones. Ahí, precisamente, empezó el problema.

Un alcalde en el punto de mira

En 1916 el alcalde de Binéfar era Domingo Murillo Sanz, labrador, liberal convencido y viejo conocido de la política municipal: ya había ocupado la alcaldía diez años antes. Había tomado posesión el 1 de enero, sustituyendo a Vicente Dotú Ibarz —el mismo alcalde con cuyas fiestas «en grande escala» se compraron los primeros cabezudos de Binéfar—. Ambos pertenecían a la red liberal que dominaba la provincia de Huesca desde finales del siglo XIX bajo la batuta de Manuel Camo, y que se había ido turnando la alcaldía durante años.

El año no empezó tranquilo. En abril dos vecinos denunciaron al alcalde ante Hacienda por mala administración, y hubo también quejas al gobernador y al ministro de la Gobernación. Se le acusaba de encubrir a sus antecesores, de prácticas caciquiles, de no llevar libros de contabilidad ni de actas y hasta de que los sucesivos concejos liberales se habían quedado con unas 30.000 pesetas. Pero lo que colmó la paciencia de los binefarenses fueron los impuestos.

El Ayuntamiento iba con retraso en la creación de los nuevos tributos —solo había uno específico, sobre las carnes— y casi todo se fiaba al reparto vecinal, que además ya en 1915 se había cobrado con una lista provisional hecha por el secretario, sin pasar por la Junta. Cuando en agosto de 1916 se volvió a cobrar del mismo modo, el alcalde fue demandado ante el juez de Tamarite y la recaudación se suspendió con 7.000 pesetas ya cobradas. El oficial de Hacienda que se presentó en Binéfar encontró en la caja… 300. El acta que levantó justificaba el retraso del reparto porque el secretario había estado enfermo mucho tiempo, explicación que no convenció a todos: el concejal republicano José Ibarz Ibieca se negó a firmarla, recordando con sorna que aquel funcionario había gozado de excelente salud todo el año.

El nuevo reparto se aprobó el 13 de septiembre con la firma de solo 8 de los 18 vocales de la Junta, y se expuso al público el 29. El domingo 1 de octubre ya hubo gritos en la calle contra los concejales. Se mandaron telegramas al gobernador y al ministro avisando de posibles alborotos, y el alcalde convocó una nueva sesión para el miércoles 4 de octubre.

Miércoles, 4 de octubre de 1916: el pleno que no terminó

La Casa Consistorial estaba llena de vecinos. Cuando llegó el momento de sortear a los contribuyentes que debían formar parte de la Junta, tal y como mandaba la ley, el alcalde se negó a hacer el sorteo. Fue la gota que colmó el vaso. Los vecinos subieron a los estrados, sacaron del salón al alcalde y a los concejales, se hicieron con las llaves de la caja municipal y con la documentación, cerraron el edificio… y se fueron en comitiva al cuartel de la Guardia Civil, que entonces estaba en la plaza del Padre Llanas, a dejarlo todo en depósito.

El comandante del puesto, comprensiblemente desconcertado, no quiso hacerse cargo de las llaves. Así que los amotinados se las llevaron al juez municipal, que fue quien finalmente las custodió. Ni un mueble roto, ni un expediente quemado, ni un concejal apaleado.

Un gobernador en tren de mercancías

Avisado de lo ocurrido, el gobernador civil de Huesca, Federico Soto Mollá, no esperó al día siguiente: a las nueve de la noche se subió a un tren de mercancías junto al teniente coronel de la Guardia Civil y a la una de la madrugada estaba en Binéfar. Lo primero que hizo fue devolver las llaves y los papeles al alcalde y al secretario. Por si acaso, ordenó concentrar a los guardias de los puestos cercanos, aunque nadie les dio motivo para intervenir.

Al día siguiente citó al Ayuntamiento y a la Junta de Asociados, con la orden de que la entrada al salón de sesiones fuera libre. Se juntaron más de quinientos vecinos dentro y la calle Mayor llena de hombres, mujeres y niños. El gobernador escuchó a la mayoría, a la oposición y a varios portavoces del público, prometió investigar y castigar si se probaban las malversaciones, y se marchó entre vítores. Ya en Huesca, pidió al ministro un delegado especial para inspeccionar a fondo las cuentas municipales: Florencio Matías, jefe de la Sección de Cuentas del Gobierno Civil, que estuvo en Binéfar hasta el 10 de octubre. El 30 de octubre el alcalde Murillo escribió a El Diario de Huesca reconociendo irregularidades en el cobro, pero defendiendo su honradez y atribuyendo todo a la política, los odios personales y las envidias.

Lo que contó el ABC

La noticia llegó a la prensa nacional a través de un telegrama oficial que el subsecretario de Gobernación facilitó a los periodistas. El ABC la siguió durante dos días, y estos son los tres recortes que conservamos (transcribimos el texto respetando la ortografía de la época, que escribía Binefar sin tilde y la preposición á


«Ayuntamiento asaltado». ABC, viernes 6 de octubre de 1916.
AYUNTAMIENTO ASALTADO. Según telegrama oficial de Huesca, un grupo de vecinos del pueblo de Binefar tomó por asalto la Casa Ayuntamiento, arrojó de ella á los concejales y, después de cerrar el edificio, entregó sus llaves al juez por no haber querido hacerse cargo de ellas el jefe de la Guardia civil. El motivo de este hecho ha sido el disgusto que produjo al vecindario el repartimiento de Consumos.

Al día siguiente, el sábado 7, el periódico publicó la crónica del regreso del gobernador, fechada en Huesca la noche del día 6. Aporta un detalle que no aparece en otras versiones: los vecinos no solo entregaron las llaves, sino que presentaron ante el juez «una denuncia en regla contra el cabildo». Es decir, el motín terminó en un juzgado, con papeles y por la vía legal.

ABC, 7 de octubre de 1916: Los sucesos de Binéfar
«Los sucesos de Binefar». ABC, sábado 7 de octubre de 1916.
LOS SUCESOS DE BINEFAR. Huesca 6, 9 noche. El gobernador civil regresó de Binefar, adonde marchó ayer con motivo de los sucesos ocurridos en aquel Ayuntamiento. Celebrábase en éste junta municipal de asociados para la aprobación del repartimiento vecinal. Nutridos grupos situáronse frente á las Casas Capitulares, las asaltaron, penetraron en la sala de sesiones, arrojaron de ella al alcalde y á los concejales, se apoderaron de las llaves de la caja y las llevaron al juez, formulando una denuncia en regla contra el cabildo. Un delegado del ministro de la Gobernación y el jefe de la sección de Cuentas de este Gobierno marcharon á Binéfar.

Y en esa misma edición del 7 de octubre, en una columna de comentario, el ABC se permitió algo poco habitual en un diario conservador ante un asalto a un ayuntamiento: tomar partido por los asaltantes. Bajo el irónico titular «…Y armas al hombro» —como quien manda a la tropa a casa después de un trabajo bien hecho—, repetía el telegrama oficial y añadía su propia opinión:

ABC, 7 de octubre de 1916: ...Y armas al hombro
«…Y armas al hombro». ABC, sábado 7 de octubre de 1916.
No podemos menos de expresar nuestras simpatías por el vecindario de Binefar. Ahora, si dan en imitarles los vecinos de otros pueblos, no van á tener tiempo bastante los jueces para recoger llaves. El procedimiento no puede ser más sencillo ni más eficaz.

Un pequeño apunte de lector atento: la crónica dice que el gobernador marchó a Binéfar «ayer», es decir, el día 5, cuando sabemos que salió de Huesca la noche del día 4. La explicación es sencilla: llegó en aquel tren de mercancías pasada la medianoche, ya en la madrugada del 5.

España entera habla de Binéfar

El ABC no fue el único. La noticia apareció en La Vanguardia, El Imparcial, El Liberal, La Correspondencia de España, Heraldo de Aragón, El Diario de Lérida y en periódicos de Tortosa, Gerona, Córdoba, Toledo, Soria, Zamora, Gijón, Almería, Granada o Santa Cruz de Tenerife. Muchos se limitaron a reproducir el telegrama, pero otros no pudieron resistirse al comentario, casi siempre con simpatía hacia los binefarenses y con bastante guasa hacia sus concejales:

  • La Publicidad (Granada) lo tituló «Un pueblo decidido», y El Día de Madrid y el Heraldo Militar compartieron titular: «Un pueblo enérgico. Cerrado por… los Consumos».
  • El Imparcial remató la noticia con un chiste que dio la vuelta a la prensa: la Guardia Civil hizo bien en no aceptar las llaves, porque «¿para qué quería las llaves de la jaula después de haber salido los pájaros?». El Norte de Galicia, de Lugo, le dio otra vuelta al chiste: en muchos ayuntamientos, venía a decir, no son precisamente los muebles lo que la Guardia Civil debería vigilar.
  • El Día de Toledo, sabiendo que los jueces de pueblo solían ser hombres del cacique, opinaba que para recoger la llave de aquella «corrida» había alguien más indicado que el juez: «El alguacilillo».
  • El semanario republicano madrileño El Motín —que no podía tener mejor nombre para la ocasión— planteó a sus lectores un «problema»: si todos los pueblos de España imitaran a Binéfar cuando sus municipios dieran motivo, ¿cuántos ayuntamientos quedarían funcionando?
  • En Galicia, el Diario de Galicia lamentaba que el ejemplo no cundiera en otras partes, y en Alicante la noticia se convirtió en arma contra su propio ayuntamiento: El Primitivo Alicante Obrero y El Radical de Almería titularon «¡Que cunda el ejemplo!», y El Periódico para Todos dedicó dos portadas a Binéfar, una de ellas con el elocuente titular «Binefar no es Alicante». En la segunda, por cierto, el redactor alicantino atribuía a «vuestra historia» una famosa campana… que, con toda probabilidad, era la de Huesca.
  • El escritor oscense Ángel Samblancat, en el diario barcelonés La Lucha, ofreció la versión más tremendista: patadas, puñetazos, concejales paseados por el pueblo entre insultos y amenazas de cortarles el cuello. Nada de eso aparece en las demás crónicas; fue, digamos, una versión muy libre.
  • En el polo opuesto, el periodista y dramaturgo José López Pinillos, que firmaba como «Pármeno» en el Heraldo de Madrid, destacó justo lo contrario: que en Binéfar no hubo ni un empujón, y que los vecinos echaron a sus ediles con una cortesía casi diplomática. Su veredicto, recogido después por el Heraldo de Aragón, merece ser citado: les salvaba la intención, «y el gracejo y el arranque, puramente aragoneses».

Un motín que no se parecía a los demás

¿Por qué un motín más, en una España que vivía motines casi a diario, llamó tanto la atención? Por dos razones. La primera, su carácter pacífico: lo habitual en los motines contra los consumos eran los destrozos, la quema de expedientes, los palos y las azadas, y no pocas veces la intervención de la Guardia Civil o del Ejército a la fuerza. La segunda, todavía más curiosa: fueron los propios amotinados quienes buscaron a la Guardia Civil y al juez. No pretendían derribar nada, sino que alguien con autoridad de verdad —el gobernador— viniera a escucharles. Y lo consiguieron en menos de veinticuatro horas.

El contraste con lo que podía ocurrir lo puso la propia actualidad. Ese mismo mes de octubre de 1916, en la localidad gallega de Son, otro levantamiento contra el reparto de consumos acabó con cinco muertos y decenas de heridos. En Binéfar, las únicas bajas fueron el orgullo del alcalde y la tranquilidad de sus concejales.

Como concluye la historiadora binefarense Silvia Isábal, que rescató este episodio, el motín de Binéfar no fue un acto revolucionario sino justo lo contrario: una muestra de confianza en las instituciones y en la ley, puesta en práctica como último recurso, cuando todas las vías legales se habían agotado y en una provincia donde todo hacía pensar que las autoridades se pondrían del lado de los poderes locales.

¿Conservas alguna memoria familiar de aquel 4 de octubre? ¿Eres descendiente del alcalde Domingo Murillo, del concejal José Ibarz Ibieca o de alguno de los vecinos que llenaron aquel día el salón de plenos y la calle Mayor? ¿Tienes en casa recortes de prensa, cartas o recibos del reparto de consumos de aquellos años? Escríbenos o déjanos un comentario: 110 años después, entre todos seguimos completando la historia del día en que Binéfar cerró su Ayuntamiento… y devolvió las llaves.

Compartir es vivir, también en redes sociales.

📚 Fuentes

  • Isábal Mallén, Silvia (2016): «El Motín de Binéfar», Littera, n.º 4, Centro de Estudios Literanos (CELLIT), págs. 49-64. Fuente principal para el relato de los hechos y para la recopilación de la prensa nacional.
  • ABC (Madrid), 6 y 7 de octubre de 1916: «Ayuntamiento asaltado», «Los sucesos de Binefar» y «…Y armas al hombro».
  • «Seguimiento en el periódico ABC del Motín de Binéfar de 1916», Binéfar Blog Histórico, 7 de enero de 2017.
  • Prensa citada a través del estudio de S. Isábal: El Diario de Huesca, El Imparcial, Heraldo de Madrid, Heraldo de Aragón, El Motín, El Día (Toledo), El Norte de Galicia, Diario de Galicia, La Publicidad, El Día de Madrid, Heraldo Militar, El Periódico para Todos, El Primitivo Alicante Obrero, El Radical, La Lucha y El Diario de Lérida (octubre-noviembre de 1916).
  • «Cabezudos de Binéfar: de los cuatro originales de 1914 al mural de la calle Tamarite», Binéfar Blog Histórico.

domingo, 27 de septiembre de 2026

«¡Nacer sobre ruedas no ocurre todos los días ni a todo el mundo!»

Hay quien nace en Binéfar, quien nace cerca de Binéfar… y quien nace pasando por Binéfar. Esta es la historia de una niña que llegó al mundo en un tren, a la altura de nuestro pueblo, una tarde de diciembre de 1973.

Revisando papeles viejos nos hemos encontrado con Matinal, el pequeño noticiario mensual que editaba el Hospital Provincial de la Diputación de Lérida. Era una revista casera, escrita a máquina, con noticias del hospital, felicitaciones de Navidad y cotilleos entrañables (en la misma página se felicita al Dr. Sabín por estrenar un SEAT azul). En el número 69, de diciembre de 1973, aparece una noticia que merece salir del cajón:

«En el rápido Barcelona-Vigo una joven señora dió a luz una niña». Matinal, n.º 69, diciembre de 1973.
«En el rápido Barcelona-Vigo una joven señora dió a luz una niña». Matinal, n.º 69, diciembre de 1973.

«Estábamos a la altura de Binéfar…»

La protagonista era Alicia Vello, una joven gallega de 19 años que viajaba en el rápido Barcelona-Vigo, uno de aquellos trenes largos que cruzaban media península y que, camino de Zaragoza, pasaban por nuestra estación. La revista recoge el relato de su suegra, D.ª Aunea (quizá Áurea ?) García, con toda la viveza de quien lo acababa de vivir:

«Eran sobre las tres de la tarde, habíamos pasado ya por Lérida, estábamos a la altura de Binéfar cuando mi nuera se levantó, se dirigió al lavabo y allí nació. Cuando yo llegué pedí toallas y un cuchillo para poder cortar el cordón umbilical. En Binéfar los del tren pidieron que parara y con un taxi nos trasladamos al Hospital Provincial.»

Así, sin más: toallas, un cuchillo y mucho temple. El tren se detuvo en Binéfar y un taxi llevó a la madre y a la recién nacida de vuelta a Lérida, al Hospital Provincial, deshaciendo en carretera el camino que acababan de recorrer por la vía.

Una familia de ida y vuelta

Ya en el hospital, la propia Alicia contó a la revista de dónde venía y adónde iba, y en cuatro líneas nos dejó un retrato de la España de 1973:

«Íbamos a Redondela a pasar las Navidades, viajaba con mis suegros, mi cuñado y mi otro hijo; este es el segundo. Mi marido hace dos meses que está en Suiza. Entonces me fui a vivir con mis suegros en el Valle de Arán. Esperaba el parto para finales de mes.»

Una familia gallega (Redondela está junto a Vigo) que trabajaba en el Valle de Arán, con el marido emigrado en Suiza, cruzando el país en tren para volver a casa por Navidad. Es la historia de tantas familias de aquellos años. La niña, por cierto, tuvo prisa: su madre no la esperaba hasta finales de mes.

La revista cita también a Sor Genara, la religiosa del hospital que atendió a madre e hija, y cuenta que el suceso ya había salido en el Diario de Lérida. Y lo remata con una frase que me ha dado el título de esta entrada:

«¡Nacer sobre ruedas no ocurre todos los días ni a todo el mundo!»

Portada del número 69 de Matinal, diciembre de 1973.
Portada del número 69 de Matinal, diciembre de 1973.

¿Dónde está hoy aquella niña?

Aquella niña nacida en el tren cumplirá 53 años este próximo diciembre. No sabemos su nombre: la revista solo la llama «la niña». Pero seguro que en su casa se ha contado mil veces que nació en un tren, «a la altura de Binéfar».

Por eso este domingo queremos proponer algo distinto. Nos encantaría que esta entrada llegara hasta ella, como un pequeño regalo: que sepa que en Binéfar también forma parte de nuestra historia y que, más de medio siglo después, alguien se ha acordado de ella y de su valiente madre.

 

Otros retos

En el blog DeBinéfar llevamos años proponiendo retos. En 2016 descubrimos que en Hot Springs Village (Arkansas) hay calles llamadas Binefar Way, Binefar Lane y Binefar Trail. Lanzamos un reto con dos botellas de vino de premio… ¡y una lectora de Tulsa consiguió la foto! 👉 https://debinefar.blogspot.com/2016/12/hot-springs-village-arkansas-binefar.html
También seguimos la pista de una postal que cuatro binefarenses enviaron a Jackie Kennedy en 1963. Se conserva en la biblioteca Kennedy de Boston, y ella llegó a contestarles 👉 https://debinefar.blogspot.com/2016/01/carta-de-unas-binefarenses-enviando-sus.html
Y este domingo empezamos uno nuevo: encontrar a la niña que nació en un tren a su paso por Binéfar en 1973.

🚂 Ayúdanos a encontrarla

  • Comparte esta entrada, sobre todo en grupos y páginas de Redondela y Vigo, del Valle de Arán y de Lleida. Allí es donde alguien puede reconocer a la familia Vello.
  • Si eres tú, o eres de su familia (hijo, hija, hermano, nieta…), escríbenos por el formulario de contacto del blog o déjanos un comentario. Nos haría muchísima ilusión conocer el final de la historia: su nombre, cómo le fue la vida y si alguna vez ha vuelto a pasar por Binéfar.
  • Si en Binéfar recuerdas aquella tarde, el tren parado en la estación o el taxista que las llevó a Lérida, cuéntalo también.

Una petición: si conoces a la familia, no publiques en los comentarios direcciones, teléfonos ni datos personales. Mejor pásales el enlace, o escríbenos en privado, y que sean ellos quienes decidan si quieren contactar.

Ojalá dentro de unas semanas podamos escribir la segunda parte de esta historia. Y si no, al menos habremos rescatado una anécdota preciosa: la de una niña que ni siquiera esperó a llegar a Galicia por Navidad y decidió asomarse al mundo en Binéfar.

📚 Fuente
Matinal. Noticiario mensual informativo cultural. Hospital Provincial de la Excma. Diputación de Lérida. Año VI, n.º 69, diciembre de 1973. «En el rápido Barcelona-Vigo una joven señora dió a luz una niña. Alicia Vello fue la valiente parturienta… y su bebé en el Hospital de Lérida».
La noticia también se publicó entonces en el Diario de Lérida.

domingo, 20 de septiembre de 2026

La leyenda de Binéfar: un pozo morisco, un rey y una puerta que acabó en El Escorial

Hace unos días, al contaros la travesura periodística de «un Binefarense» y su «Programa (no iluso)» para las Fiestas de 1914, se nos quedó una frase pendiente de explicar: la del misterioso Tío Jorge, aquel orador itinerante al que el propio semanario Agricultura atribuía «grandes conferencias» sobre el origen de Binéfar, avisando a sus oyentes de que «no se sulfuraran» si la disertación no les gustaba. Pues bien: rebuscando en ese mismo número del 10 de septiembre de 1914, en la página siguiente a la del programa satírico, hemos encontrado lo que probablemente era el contenido exacto de esas charlas. Firmado sin firma, bajo el sobrio título de «Binefar», hay un artículo que en poco más de media columna despacha el origen del pueblo con un pozo morisco, unos silos de grano y un rey que se enamoró de una puerta de iglesia. Merece la pena contarlo con calma.

«Pocos son los datos históricos que puede proporcionarse la villa de Binefar por no existir archivo»

Así arranca el artículo, con una confesión que probablemente sigue siendo cierta más de un siglo después: Binéfar, a diferencia de otras poblaciones de la comarca con archivo municipal o parroquial más antiguo, no conservaba entonces documentación que permitiera reconstruir su fundación con precisión. Ante ese vacío, el cronista de Agricultura hace lo que ha hecho siempre la memoria de los pueblos sin archivo: tira de tradición oral y de indicios materiales. Y ofrece, a modo de prueba, dos elementos muy concretos que según él «se ven» todavía en 1914.

El primero es un pozo morisco, ya desaparecido y cegado para esas fechas «por causa de ser insolubre por las contínuas filtraciones de las aguas de los riegos», que abastecía de agua a la población desde unos cuatro metros de profundidad y que se situaba junto a las pilas de lavar ropa de entonces, frente a la Balsa de Abajo, es decir en la actual Plaza España. El segundo son los Trojes o Silos para depositar el cereal que, dice el artículo, «todavía se conservan en las calles y plazas públicas»: graneros comunales de una época en la que, según explica el propio cronista, se almacenaba el grano de forma mancomunada para alimentar a todos los vecinos «y evitar en parte el pillaje, pagos y gavelas que se les imponía forzosamente muy amenudo». Con estos dos indicios —el pozo y los silos— el artículo concluye que Binéfar «debía ser fundada por los moros en su reinado por España cuando su invasión». Es, literalmente, la teoría que el «Tío Jorge» exponía en sus conferencias ambulantes: el pueblo tenía, cuando menos, un cronista local dispuesto a ponerla por escrito y tomarla en serio.x

Agricultura Binéfar 

1585: la peste de Monzón, las Cortes de Felipe II y una puerta que se llevaron a El Escorial

La segunda parte del artículo es, con diferencia, la más sorprendente. El texto sitúa en 1585 un episodio muy concreto: «por causa de una enfermedad contagiosa que se desarrolló en Monzón, en donde el Rey Felipe II celebraba cortes, determinó pasar éstas á Binefar; en donde se establecieron hasta su conclusión». No es una fecha inventada al azar: Monzón fue, durante buena parte de los siglos XVI y XVII, sede habitual de las Cortes generales de la Corona de Aragón —Aragón, Valencia y Cataluña reunidos ante el rey—, y la de 1585 fue una de las más largas y concurridas de todo el reinado de Felipe II. Que una epidemia obligara a trasladar temporalmente la corte y su séquito a alguna población cercana no sería, en principio, nada extraordinario en la época: los brotes de peste eran motivo habitual para desplazar cortes, mercados y ferias a poblaciones vecinas consideradas más sanas. 

Sea como sea, la leyenda no se conforma con alojar al rey: le busca también una anécdota romántica. Durante su estancia en Binéfar, cuenta el artículo, Felipe II «se enamoró de una de las puertas que cierran el altar mayor de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol en los días de Semana Santa», hasta el punto de llevársela consigo a El Escorial —donde, asegura el cronista de 1914, «todavía se conserva»— y de dejar a cambio en Binéfar «otra parecida». Es el tipo de leyenda que probablemente ya circulaba de boca en boca mucho antes de que nadie la pusiera por escrito: una puerta tallada lo bastante hermosa como para justificar, en la imaginación popular, que se la llevara ni más ni menos que un rey. Si algún lector conserva memoria familiar de esta historia, o sabe de alguna referencia a esa supuesta puerta binefarense en los fondos de El Escorial, este es exactamente el tipo de cabo suelto que nos encantaría atar.

Alcort, la aldea que Binéfar acabó por absorber

El artículo no termina con la puerta y el rey. Añade todavía un tercer dato, este con un rastro material algo más verificable: «En el año 1660 existía todavía una pequeña aldea agregada á Binefar á distancia de tres kilómetros por la parte Oeste que se denominaba Alcort ó Alcorn hoy completamente desaparecida; viéndose claramente sus bestigios y Trojes en el kilómetro ocho del Canal de Zaidín que pasa por dicho sitio». Se trata, con toda probabilidad, del mismo topónimo que hoy conocemos por la ermita de Santa María de Alcort, de la que ya os hablamos en su día: una advocación que sobrevivió muchos siglos después de que el propio núcleo de población se despoblara y quedara absorbido por el término de Binéfar. Leído junto a aquella entrada, el artículo de 1914 aporta un dato que allí no contamos: que todavía a finales del siglo XVII, cien años después de su práctica desaparición como núcleo habitado, quedaban restos visibles —vestigios y trojes— de aquella aldea junto al Canal.

De la agricultura de secano a los riegos: el final inesperado del artículo

El texto cierra con un giro que a un lector de hoy puede sorprenderle, pero que tiene mucho sentido si se recuerda que estaba publicado en un semanario agrícola: «Hasta principios de este siglo, Binefar era tan solo su producción los años que se presentaban buenos; cereales y parte de aceite y vino; hoy día ha cambiado por completo gracias á los riegos del Canal, pues su producción es indefinida por cultivarse de todo». El cronista anónimo, después de bucear en el origen legendario del pueblo, termina reivindicando lo mismo que el resto del periódico llevaba defendiendo número tras número: que la llegada del Canal de Aragón y Cataluña había transformado Binéfar de una población de secano dependiente de las cosechas buenas o malas a un «gran Centro de Contratación y Comercio» en ciernes. Leyenda y actualidad conviviendo, sin transición, en la misma media columna.

Entre la tradición oral y la falta de archivo

Conviene ser honestos con lo que tenemos entre manos: un artículo sin firma, publicado en 1914 por un periódico que él mismo reconocía escribir «por no existir archivo», que mezcla un dato histórico verificable —las Cortes de Felipe II en Monzón, que sí existieron con una hipótesis de origen —la fundación morisca— que la investigación histórica posterior sobre el poblamiento de la comarca no ha confirmado tal cual. Nada de eso, sin embargo, le resta valor como documento: es, hasta donde hemos podido rastrear, uno de los primeros intentos por escrito de explicar de dónde viene Binéfar, hecho por y para binefarenses, en la misma época en que el pueblo discutía asambleas de riegos, sindicatos agrícolas y el trazado de nuevas carreteras. Puede que el «Tío Jorge» de nuestras conferencias ambulantes no tuviera archivo que citar, pero desde luego no le faltaban ganas de contar una buena historia. Ciento doce años después, nosotros solo hemos hecho el trabajo de rescatarla del papel amarillento y devolvérsela al pueblo.

La leyenda de Binéfar: un pozo morisco, un rey y una puerta que acabó en El Escorial

 

¿Conoces alguna otra versión de esta leyenda, distinta a como la contaban tus abuelos, o sabes de algún documento —parroquial, notarial o de otro tipo— que hable del pozo, de los Trojes o de la aldea de Alcort? Escríbenos; entre todos seguimos completando la biografía de un pueblo que, según parece, nunca tuvo archivo pero sí mucha memoria.

Fuentes

  • Agricultura (Binéfar), semanario, Año I, número 25, edición del 10 de septiembre de 1914, sección «Binefar» (sin firma), en el mismo número que el «Programa (no iluso)» de «un Binefarense».
  • Ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914, blog Debinéfar.
  • Ermitas de Binefar: Virgen Figuera, San Quilez y Julita y Santa María de Alcort, blog Debinéfar.
  • Cortes de la Corona de Aragón celebradas en Monzón durante el reinado de Felipe II, especialmente las de 1585, como referencia histórica general del contexto en que se sitúa la tradición recogida por «Agricultura».
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