Hoy damos por hechas muchas cosas: que los niños vayan a un colegio con calefacción y baños, que haya un centro de salud a pocas calles, que salga agua potable del grifo y que podamos mandar un mensaje a cualquier parte del mundo en un segundo. En el Binéfar de 1914 nada de eso estaba garantizado. Lo sabemos porque un vecino, harto de esperar, lo dejó por escrito con una frase que se repite como un estribillo: «aquí no hay…».
Ocurrió en las páginas del semanario Agricultura, editado en Binéfar en la calle Ruata, el 30 de septiembre de 1914. Su autor era nuestro viejo conocido «un Binefarense», el mismo colaborador anónimo que pocas semanas antes había publicado aquel programa satírico de las fiestas en el que proponía, entre otras cosas, ir en procesión a limpiar la Balsa de Arriba.
Un artículo sobre la Guardia Civil que acabó siendo una lista de carencias
El artículo se titulaba «Binefar y el Cuartel de la Guardia Civil», y empezaba con una noticia concreta: el propietario de la casa donde estaba el cuartel había comunicado a Huesca, el día 15 de aquel mes, que quería recuperar el local, y la Guardia Civil tenía «dos meses» para desalojarlo. El rumor llevaba años circulando y, según el autor, el Ayuntamiento no había hecho nada para buscar una solución: «He indagado sobre este punto y casi en general he encontrado el indiferentismo».
El cronista hacía números para convencer a los concejales. En el puesto de Binéfar había «cuatro individuos y un cabo, todos ellos con familia», que entre todos gastaban en el pueblo entre cinco y seis mil pesetas al año. Si se perdía el puesto, se perdía también ese dinero. Pagar un local adecuado, calculaba, costaría unas 380 pesetas anuales: una inversión pequeña para conservar, decía, «una sombra muy tupida en la que descansa el pueblo tranquilo y confiado».
Pero a mitad del artículo la pluma se le desbocó. Tras un «¡Pobre Binefar, si todos tus grandes hidalgos no cambian de pensar!», escribió el párrafo que da título a esta entrada:
«Aquí no hay Escuelas, apropiadas para que los niños y sus profesores puedan asistir a ellas; aquí no hay Hospital, para poder colocar un enfermo en caso de necesidad; aquí no hay Telégrafo, a pesar de pasar su alambre por encima las casas del pueblo; aquí no hay Aguas potables, como tienen Almenar y Esplús; aquí no hay… tente pluma que vas a cantar demasiado y quizás se den por ofendidos, pues sabido es, que de la verdad no se puede decir ni la mitad.»
El párrafo de la discordia, en el semanario Agricultura del 30 de septiembre de 1914.
Escuelas, hospital, telégrafo y agua potable, más el cuartel que estaba a punto de perderse. Cinco carencias en un solo párrafo. Y, como veremos, ninguna era una exageración.
Lo que había detrás de cada «aquí no hay»
Las escuelas: ratones, goteras y ningún retrete
Dos meses después, el 30 de noviembre de 1914, Agricultura publicó un largo artículo titulado «Por la cultura», escrito por alguien que conocía muy de cerca la junta local de primera enseñanza. Arrancaba con ironía: Binéfar era «villa de los cafés y de los casinos, de las renombradas fondas, de los bailes y de las músicas, de los carnavales y de los fastuosos banquetes», pero dormía «un sueño letárgico» en lo que tocaba a sus escuelas.
Y después venía la lista:
- La Fiesta del Árbol, celebrada «con singular aplauso» en 1912 y 1913, no se había organizado en 1914.
- Las paredes estaban comidas por la humedad y el salitre, y las «impedagógicas mesas-bancos» estaban sucias y desvencijadas. El autor proponía, sin rodeos, hacer con ellas «una pira».
- Por las rendijas del entarimado de la escuela de niños, «una pléyade de ratones visita con toda osadía a los escolares».
- La escuela no tenía «ningún retrete». Sus dos únicas ventanas daban a un corral donde iban a parar el agua de dos fregaderos y tres retretes «de la época antediluviana y sistema Matusalén».
- El tejado era «una inmensa gotera» que sostenían cinco puntales, a pesar de que la Inspección provincial había ordenado repararlo.
- En el último curso se habían matriculado 97 niños, pero la asistencia media era de 40: cada día faltaban 57 alumnos.
- Los maestros cobraban 1.100 pesetas al año.
El autor acababa calificando aquellas aulas de «nauseabundas pocilgas». Aquella realidad tardaría todavía bastantes años en cambiar.
El hospital: un proyecto que no llegaba
En la primavera de 1914, el Ayuntamiento había agradecido al diputado en Cortes José Valero Hervás sus gestiones para un Hospital Lazareto y había acordado buscar terrenos donde construirlo. Medio año después, el proyecto seguía en el aire. El propio periódico se burlaba de la comisión municipal que había viajado a Madrid a buscar dinero «para las fuentes, hospital, matadero y Escuelas» sin conseguir nada concreto.
Lo curioso es que el propio Binefarense, en su programa satírico de fiestas de pocas semanas antes, incluía «el Hospital» entre los locales públicos que no se podrían visitar «para evitar que alguien levante el plano». Algo con ese nombre debía de existir, pero, a su juicio, no servía para lo esencial: tener un lugar donde «colocar un enfermo en caso de necesidad».
El telégrafo: el alambre pasaba por encima de las casas
De todas las quejas, esta es la más gráfica. Los cables del telégrafo del ferrocarril cruzaban Binéfar, pero el pueblo no tenía oficina pública de Telégrafos. Ya en enero de 1914 un lector recordaba que el único telégrafo disponible era el de la vía férrea.
La historia de cómo se consiguió da para otra entrada:
- En mayo de 1915, Agricultura propuso instalar las oficinas de Correos y Telégrafos en el Almudín, un edificio municipal muy céntrico que los domingos se usaba como sala de baile y que, «tabique por medio», servía de matadero público. El periódico abrió una suscripción popular aportando las primeras 25 pesetas.
- Pocas semanas después, el Ayuntamiento acordó ceder el Almudín y levantar encima las habitaciones del administrador.
- En enero de 1916 se pasó lista entre los vecinos para costear por suscripción voluntaria el alquiler y la instalación de la oficina.
- En abril de 1916, el periódico informaba con cierta envidia de que Fonz y La Almunia de San Juan ya tenían telégrafo y teléfono.
- En julio de 1916, la oficina ya tenía muebles y material, y se esperaba abrirla en pocos días.
- En septiembre de 1916, la línea estaba tendida hasta la oficina. Solo faltaba el permiso de la Compañía del Norte para que el cable pudiera cruzar la vía del tren.
Es decir, dos años después del «aquí no hay Telégrafo», el problema volvía a ser el mismo de siempre: un cable que pasaba por donde no debía.
El agua potable: la eterna espera
Este era, sin duda, el asunto más serio. En marzo de 1914, el vecino Joaquín Liesa escribía en Agricultura que dotar de agua a Binéfar era un «tema muy traído y llevado». Recordaba que la Junta de Sanidad, al revisar las aguas almacenadas en las balsas del término, había concluido que era «imprescindible pensar en la instalación de fuentes públicas». Justo entonces el Gobierno aprobaba un decreto que subvencionaba hasta el 50 por ciento de las obras de abastecimiento de agua de las pequeñas poblaciones, y el periódico lo recomendaba al Ayuntamiento «por si le parece oportuno aprovechar esta ocasión».
En agosto, la redacción volvía a preguntar cómo iba el asunto, porque las aguas del pueblo eran «insalubres» y estaban «denunciadas por la Junta de Sanidad». No hubo respuesta. Mientras tanto, el vecindario seguía bebiendo de la Balsa de Arriba, aquel depósito en pleno casco urbano del que ya hablamos en la entrada dedicada a la Balsa Vieja o Balsa de Arriba. En mayo de 1915, el periódico todavía dedicaba una crónica a la visita del inspector de Sanidad y al estado de las «balsas y aguas potables».
Por eso la comparación del Binefarense, «como tienen Almenar y Esplús», no era una pulla gratuita: simplemente señalaba que en los pueblos de alrededor el problema ya se había resuelto.
El cuartel: «si le conviene al cuerpo, ya lo harán»
La respuesta municipal sobre el cuartel la conocemos por boca del propio director del periódico, que la contó en el número siguiente. Según él, el alcalde le dijo: «el Cuartel de la Guardia civil, si le conviene al cuerpo ya lo harán, pues prueba de ello es Monzón, que lo han hecho porque así les convenía». El puesto, en cualquier caso, no se perdió. Hoy el cuartel de la Guardia Civil de Binéfar está en la calle Mariano de Pano, junto al centro de salud.

«Binefar y el Cuartel de la Guardia Civil», artículo completo firmado por «Un Binefarense» (Agricultura, 30-IX-1914).
«Hacerme comer los periódicos»
El artículo no gustó en la Casa Consistorial. En el número del 10 de octubre de 1914, el director de Agricultura hizo balance de los nueve meses de vida del semanario y repasó, número a número, todo lo que habían pedido al Ayuntamiento: oficinas de Correos y Telégrafos, saneamiento, aguas potables, el reglamento de Teléfonos… Detrás de cada petición repetía la misma coletilla: «sin contestación».
Del artículo del 30 de septiembre decía que había sido el que «ha concluido de exaltar los ánimos de nuestros administradores». Lo comprobó en persona el 2 de octubre, cuando fue a la Secretaría a enseñarle al alcalde una carta del diputado Valero Hervás. El alcalde le contestó que él y sus compañeros de corporación estaban «disgustadísimos» con el periódico y que entre ellos había alguien dispuesto a «hacerme comer los periódicos». El director respondió con retranca: hacía tiempo que andaba «muy mal del estómago» y «un empacho de periódicos podría serme fatal», de modo que mejor dejar que juzgaran los jueces.
El alcalde también dio su versión, y merece la pena recogerla: «¿Qué quiere que haga un Ayuntamiento pobre como este, que todavía no ha podido concluir de pagar sus atenciones?». Sobre el agua añadió que «nos llevaron engañados, pues después de muchos gastos y tiempo de esperar nos tememos que a última hora nos digan que las aguas son deficientes». Era, seguramente, la verdad de un consistorio de pueblo con muchas necesidades y poco dinero. Pero también era exactamente lo que el Binefarense denunciaba.
Ciento doce años después
Si hoy alguien escribiera aquel párrafo, tendría que darle la vuelta: aquí hay colegios e institutos, aquí hay centro de salud, aquí hay agua en cada casa y cobertura en cada rincón. Cada una de esas cosas costó años de peticiones, suscripciones vecinales, viajes a Madrid y artículos que se quedaban «sin contestación».
El Binefarense lo explicó así, a modo de disculpa: «Es tanto el cariño que siento para mi querida Binefar; que cuando trato de ella me exalto, por no poderla ver a la altura que debería estar». Puede que esa sea la mejor definición de lo que es escribir sobre el propio pueblo, entonces y ahora.
Fuentes
- Agricultura (Binéfar), 30 de septiembre de 1914: «Binefar y el Cuartel de la Guardia Civil», firmado por «Un Binefarense».
- Agricultura, 10 de octubre de 1914: balance de la redacción y entrevista con el alcalde.
- Agricultura, 30 de noviembre de 1914: «Por la cultura».
- Agricultura, 30 de marzo, 30 de abril y 20 de agosto de 1914: artículos de Joaquín Liesa sobre las aguas potables, decreto de abastecimiento de aguas y acuerdos municipales sobre el Hospital Lazareto.
- Agricultura, 20 de enero de 1914; 10 y 20 de mayo y junio de 1915; 10 de enero, 10 de abril, 10 de julio y 15 de septiembre de 1916: noticias sobre Correos y Telégrafos.
- Agricultura, 10 de septiembre de 1914: «Programa (no iluso)» de las fiestas, por «Un Binefarense».
- La Balsa Vieja o Balsa de Arriba en 1922, blog Debinéfar.
¿Sabes cuándo llegaron a Binéfar las primeras fuentes públicas, o dónde estuvo el cuartel que la Guardia Civil tuvo que abandonar en 1914? Si conservas fotografías o recuerdos familiares de aquellas escuelas, escríbenos o deja un comentario.







