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domingo, 23 de agosto de 2026

Ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914

Continuamos con nuestra serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar. Al igual que el año pasado dedicamos un especial a las peñas de Binéfar, este mes de agosto y septiembre queremos acercarnos a nuestras fiestas desde otra perspectiva: recordando algunos de sus actos, historias y curiosidades, así como esos momentos que, con el paso de los años, han ido formando parte de la memoria colectiva de Binéfar.

Cada mes de agosto, cuando el calor aprieta y el Ayuntamiento cuelga el cartel en la fachada de la Casa Consistorial, se repite en Binéfar el mismo titular de siempre: ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar. Concursos en peñas, charangas, el desfile, la ofrenda al Santo Cristo, verbenas hasta la madrugada. Un ritual que lleva más de un siglo repitiéndose, año tras año, con más o menos globos y más o menos orquesta. Lo que no imaginábamos es que, hurgando en las páginas del periódico "Agricultura"  de hace ciento doce años, íbamos a encontrar otro «ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar»: uno que nunca se llegó a celebrar tal cual, porque su autor no tenía la menor intención de que se celebrara. Era, sencillamente, una travesura periodística.

Un «Binefarense» con mucha retranca

El periódico Agricultura, editado en Binéfar en la calle Ruata, números 4 y 5, dedicaba buena parte de sus páginas a precios del trigo, injertos de vid y asambleas de regantes del Canal de Aragón y Cataluña ya que ese era su cometido. Pero también tenía hueco, número tras número, para la crónica local firmada por un colaborador que nunca dio su nombre: se hacía llamar, sencillamente, «un Binefarense». Es la misma voz que por aquellos años despachaba con sorna los asuntos del pueblo —el estado de las calles, los achaques del Ayuntamiento, la eterna espera de las aguas potables— con un estilo que oscilaba entre la queja vecinal y la ironía fina.

El 10 de septiembre de 1914, a las puertas de las Ferias y Fiestas de aquel año, «un Binefarense» se sacó de la manga su pieza más lograda: un «PROGRAMA (no iluso)» para los festejos, que el periódico publicó «tal como se detalla», es decir, copiado literalmente de lo que —según la broma— circulaba por el pueblo. El paréntesis ya lo advierte todo: no iluso, no ilusorio, no de mentira… y sin embargo, tampoco cierto. Un programa que se leía como una crónica de fiestas y funcionaba, en realidad, como una lista de quejas con matasellos de humor.

El programa que Binéfar nunca tuvo (o que tuvo todos los años)

La gracia del texto está en su formato: imita al detalle los programas de fiestas de la época, con sus horarios solemnes, sus «Corporaciones y primeros contribuyentes» y sus inauguraciones oficiales. Solo que, en vez de fuegos artificiales y cabezudos, lo que se «inaugura» son los problemas de siempre.

Dejamos aquí parte del contenido comentado y más abajo en esta misma entrada el texto completo. 

13 de septiembre: la limpieza que nunca llegaba

El programa arranca con toda la pompa: «Por la mañana limpieza general de todas las calles y plazas de la población. Por la tarde inauguración de las Ferias y Fiestas.» Una limpieza general convertida en el primer acto festivo del programa dice, sin decirlo, que esa limpieza no era precisamente una costumbre asentada en el calendario municipal.

14 de septiembre: del «foco de infección» a la plazuela con nombre ilustre

Aquí la sátira afila más el lápiz. El «Binefarense» anuncia que, con la solemnidad debida y «asistencia de Corporaciones y primeros contribuyentes», serán trasladadas las pilas de lavar la ropa «al camino ancho de Lérida, cerca de la finca de D. Antonio Esteve», y que el sitio, una vez desinfectado, se convertirá en «una hermosa plazuela» —bautizada, además, con el nombre de «un preclaro hijo de Binefar»— en el lugar que hasta entonces había sido, según sus propias palabras, «el foco de infección más grande del pueblo». Y remata la jornada devolviendo a su sitio los tradicionales tiros de flecha al blanco y juegos de feria que, año tras año, «eran un estorbo al paso de la Carretera, frente la fonda de D. Miguel Marco». Bajo la ironía, una descripción exacta de las quejas vecinales de 1914: lavaderos insalubres, calles sin urbanizar y casetas de feria que cortaban el paso de los carros por la carretera principal.

15 de septiembre: la Balsa de Arriba, «tan sinvergüenza»

El tercer día es, sin duda, el más mordaz. Para «coronar» las fiestas, toda la representación del pueblo —«quizás con la presidencia de algún señor Inspector de Sanidad é Higiene que vendrá exprofeso»— se dirigirá en procesión hasta la célebre Balsa de Arriba, de la que se abastecía de agua para beber toda la población, con el fin de desaguarla y limpiarla, «ya que se ha puesto tan sinvergüenza que cada dos por tres, se sube encima del camino y arrastra hacia su fondo todo lo que quiere, aumentando más y más lo que depositado ya tiene de muchos años á esta parte». La solución, remata el programa con retintín, es no volver a llenarla «hasta que esté completamente limpia y saneada». Quien conozca la historia de esta balsa urbana —la misma que hoy ocupa la plaza Hipólito Bitrián y que ya contamos en la entrada dedicada a la Balsa Vieja o Balsa de Arriba— reconocerá enseguida el problema: un depósito de agua potable en pleno casco urbano, sin garantías sanitarias, que llevaba «muchos años» arrastrando suciedad sin que nadie —hasta esta sátira— se atreviera a decirlo tan claro. 


 
Actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914
Actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914

La ironía como forma de periodismo local

Leído de corrido, el «Programa (no iluso)» de 1914 funciona como una auténtica lista de reivindicaciones vecinales disfrazada de cartel de fiestas: unos lavaderos indignos, unas casetas de feria mal ubicadas y un depósito de agua para el consumo humano en estado lamentable. Nada de esto es nuevo en el periodismo de provincias de la época —la ironía como forma de crítica municipal era un recurso habitual en la prensa local de todo el país—, pero pocas veces se hace con tanta gracia y tanta precisión de detalle: nombres propios (D. Antonio Esteve, D. Miguel Marco), lugares exactos (el camino ancho de Lérida, la Balsa de Arriba) y ese punto de exageración —«tan sinvergüenza»— que convierte una queja municipal en una pequeña pieza de humor costumbrista. Ciento doce años después, sigue leyéndose con una sonrisa. Y, para quien conozca el Binéfar de hoy, con la sospecha de que algunas quejas de nuestros abuelos no eran tan distintas de las que se leen, cada agosto, en cualquier grupo vecinal de WhatsApp o Facebook.

Periódico Agricultura Binéfar 

Detrás de la sátira, las noticias que sí eran ciertas

El «Programa (no iluso)» no termina con la Balsa de Arriba. A continuación, «un Binefarense» añade una serie de notas sueltas, con el mismo formato de aviso oficial —«Otra.—», como si fueran más puntos del programa— pero que en realidad son un batiburrillo de humor, rumor y actualidad muy seria. Vistas de cerca, dicen más sobre la Binéfar de 1914 de lo que parece a primera vista.

La primera es casi un chiste inocente: «Durante estos días habrá músicas para todos los gustos en diferentes sitios de la población.» Pero la que viene justo después ya no tiene ninguna gracia, aunque se cuente con el mismo tono desenfadado: «Para que no haya ocasión de repetirse lo de Tudela se ha acordado que en lugar de los fuegos artificiales, la Sociedad Eléctrica ilumine en donde comprenda y crea más conveniente.» «Lo de Tudela» era, para cualquier lector de 1914, una herida todavía abierta: apenas seis semanas antes, el 28 de julio, la explosión de un artefacto pirotécnico —el llamado «volcán de la Martinica»— en la Plaza de los Fueros de Tudela se había cobrado la vida de once personas durante sus fiestas de Santa Ana. Que Binéfar decidiera sustituir los fuegos artificiales por iluminación eléctrica no era ninguna broma: era una medida de seguridad real, tomada en caliente, mencionada aquí casi de pasada, entre chiste y chiste.

La siguiente nota vuelve al tono de guasa, pero retrata a un personaje que debía de ser bien conocido en el pueblo: «Durante estos días tendrán lugar en diferentes sitios de la población grandes conferencias por un señor que le llaman el Tio Jorge (recomendando mucha calma á sus oyentes para que no se sulfuren y tengan un mal rato si no les gusta la disertación).» Un orador itinerante, de esos que recorrían los pueblos con charlas de sobremesa, y con el aviso de «mucha calma» a los oyentes es puro costumbrismo: intuimos que el Tío Jorge era de los que caldeaban el ambiente más de la cuenta.

Pero la nota más reveladora, con diferencia, es la última: «Debido al estado de ánimos tan acabado en que se encuentra toda Europa, no se permitirá durante estos días la visita de los locales públicos, como son, el Hospital, las Escuelas, Casa la villa y Matadero, evitando así que alguien levante el plano de los mismos.» Corría septiembre de 1914 y Europa llevaba apenas un mes en guerra: Austria-Hungría había declarado la guerra a Serbia a finales de julio y, en cuestión de días, las grandes potencias se habían enzarzado en lo que sería la Primera Guerra Mundial. Aquel verano, una auténtica fiebre de espías se extendió por media Europa: se sospechaba de cualquier forastero con una cámara o un cuaderno de notas, por miedo a que estuviera «levantando planos» para el enemigo. España se mantuvo neutral, pero el eco de aquella paranoia llegó, en clave de humor, hasta la Casa Consistorial, el Hospital y el Matadero de Binéfar. Que un pueblo de La Litera bromeara con que sus vecinos pudieran confundir el granero municipal con un objetivo militar da la medida de hasta qué punto la actualidad europea, aunque lejana, se colaba en la conversación de las fiestas de un pueblo pequeño.

El propio «Binefarense» cierra su crónica con un último guiño, dirigido a su director: «Sr. Director ¿firmo? no se que hacer; ya que mi firma le causa molestia en lectura de artículos y recibo de anónimos; en fin ¿me dá usted su permiso?... ¡Sí..! muchas gracias, pues sentiría mucho el negar su paternidad.» Y así, entre la ironía de la Balsa de Arriba, el miedo real a otra tragedia como la de Tudela y el eco distante de una guerra que empezaba en Europa, el pueblo se quedó, una vez más, sin saber el nombre verdadero de su cronista más mordaz.

 

De la sátira de un vecino a las peñas y APEBIN: cien años de «actos» de fiestas

Esta entrada continúa la serie que empezamos hace unos días dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar, la misma en la que ya contamos la visita de los Danzantes de Huesca en 1947. Entre aquel «programa no iluso» de un vecino anónimo y las fiestas que hoy conocemos hay un siglo entero de historia, pero también un hilo conductor: la fiesta como espejo del pueblo, sea para lo solemne —como la devoción al Santo Cristo de los Milagros—, sea para lo desenfadado. En 1914 todavía faltaban más de sesenta años para que nacieran las primeras peñas tal y como las conocemos hoy: aquellos chamizos improvisados de los años setenta de los que surgieron agrupaciones como La Kraba, El Tozal, Latacín o Binéfar 77, la mayoría agrupadas bajo APEBIN, la asociación que desde entonces coordina buena parte del programa festivo —salvo la Peña El Rosigón, que siempre prefirió ir por libre—. Sin ellas no habría concurso de peñas, ni carrozas, ni charangas como Los Tozaleros, ni tampoco actividades tan variopintas como el motocross que APEBIN llegó a organizar en la sierra de San Quílez.

Pero antes de las peñas, antes de APEBIN, antes incluso de que existiera un cartel oficial de fiestas tal y como hoy lo entendemos, ya había un binefarense con vena satírica capaz de convertir los problemas del pueblo en un programa de fiestas imaginario. Puede que, al final, esa sea la tradición festiva más antigua de todas: la de reírse un poco de uno mismo mientras se espera a que lleguen, de verdad, los fuegos artificiales.

Ya sabéis, compartir es vivir, también desde la ironía y en redes sociales. 

Texto íntegro de la nota publicada:

 Ferias y Fiestas

Como sé Sr. Director que V. está muy ocupado y falto de salud para que pueda estar de día y de noche á caza de noticias para nuestros queridos lectores, me he dedicado durante unos días á saber que es lo que se hacía de fiestas, y por fin, después de mucho andar y husmear he podido dar con el secreto que se llevan unos cuantos respetables señores, que quieren darnos una gran sorpresa, y que á fé, de llevarla á cabo, creo se recibirían el aplauso unánime de todos los vecinos de Binefar.

Esto es, lo que se detalla en el gran programa de Ferias y Fiestas que se proyecta para este año y que copio literalmente:

PROGRAMA (no iluso) para las Ferias y Fiestas de Binefar durante los días 13, 14 y 15 de Septiembre de 1914.

DIA 13. — Por la mañana limpieza general de todas las calles y plazas de la población. Por la tarde inauguración de las Ferias y Fiestas.

DIA 14. — Por la mañana, á primera hora y con asistencia de Corporaciones y primeros contribuyentes, serán trasladadas las pilas de lavar las ropas al camino ancho de Lérida, cerca de la finca de D. Antonio Esteve, y se procederá á la limpieza y desinfección completa de dicho sitio, convirtiéndose en una hermosa plazuela lo que hasta ahora ha sido el foco de infección más grande del pueblo.

Por la tarde inauguración de dicha plazuela, poniéndole el nombre de un preclaro hijo de Binefar, y á continuación podrán instalarse todos los tiros de flecha al blanco y juegos de azar que se presentan todos los años, y que siempre eran un estorbo al paso de la Carretera, frente la fonda de D. Miguel Marco.

DIA 15. — Para coronación de las fiestas en este día, se reunirán igual que el anterior toda la representación del pueblo (quizás con la presencia de algún señor Inspector de Sanidad é Higiene que vendrá exprofeso), y todos juntos se pasarán á la célebre «Balsa de arriba», que abastece la población para beber; desaguando la misma, ya que se ha puesto tan sinvergüenza que cada dos por tres, se sube encima del camino y arrastra hacia su fondo todo lo que quiere, aumentado más y más lo que depositado ya tiene de muchos años á esta parte; no volviendo á llenarla hasta que esté completamente limpia y saneada.

Notas. — Durante estos días habrá músicas para todos los gustos en diferentes sitios de la población.

Otra. — Para que no haya ocasión de repetirse lo de Tudela se ha acordado que en lugar de los fuegos artificiales, la Sociedad Eléctrica ilumine en donde comprenda y crea más conveniente.

Otra. — Durante estos días tendrán lugar en diferentes sitios de la población grandes conferencias por un señor que le llaman el Tío Jorge (recomendando mucha calma á sus oyentes para que no se sulfuren y tengan un mal rato si no les gusta la disertación).

Otra. — Debido al estado de ánimos tan acabado en que se encuentra toda Europa, no se permitirá durante estos días la visita de los locales públicos, como son, el Hospital, las Escuelas, Casa la villa y Mazeio, evitando así que alguien levante el plano de los mismos.

Agricultura, 10/09/1914.

Fuentes

  • Agricultura (Binéfar), semanario, Año III, edición del 10 de septiembre de 1914, sección de crónica local firmada por «un Binefarense», con el «Programa (no iluso) para las Ferias y Fiestas de Binefar durante los días 13, 14 y 15 de Septiembre de 1914».
  • La Balsa Vieja o Balsa de Arriba en 1922, blog Debinéfar.
  • Los Danzantes de Huesca bailaron en Binéfar en 1947, blog Debinéfar.
  • El Santo Cristo de los Milagros de Binéfar: historia, devoción y celebración, blog Debinéfar.
  • Los Chamizos: de donde brotan las peñas y late el corazón de nuestras fiestas, La Kraba: los primeros pasos de una gran peña, Peña El Tozal de Binéfar, Peña Latacín, Binéfar 77 y Peña El Rosigón, blog Debinéfar.

Si tus abuelos te contaron alguna vez cómo eran de verdad aquellas fiestas de principios del siglo XX, o conservas algún programa antiguo de las fiestas de Binéfar, escríbenos o deja un comentario.


domingo, 16 de agosto de 2026

Montgolfier con intrépido aeronauta en el cielo de Binéfar (1916).

Continuamos con nuestra serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar. Al igual que el año pasado dedicamos un especial a las peñas de Binéfar, este mes de agosto y septiembre queremos acercarnos a nuestras fiestas desde otra perspectiva: recordando algunos de sus actos, historias y curiosidades, así como esos momentos que, con el paso de los años, han ido formando parte de la memoria colectiva de Binéfar. 

Entre 1916 y los años treinta, Binéfar vivió al menos tres episodios de aviación y aerostación que, vistos hoy, dibujan una pequeña historia propia: un globo prometido para una fiesta que quizá nunca llegó a volar, otro que sí voló —y que aterrizó donde nadie lo esperaba— y, más tarde, avionetas de verdad surcando el cielo de San Quílez ante el pueblo entero. Repasamos las tres, con lo que sabemos y lo que todavía queda por confirmar.

1916: el Montgolfier que prometía «Agricultura»

El semanario Agricultura, editado en Binéfar en la segunda década del siglo pasado, es hoy nuestra mejor ventana a la vida cotidiana —y a los rumores— del pueblo de aquellos años. En su número del 30 de agosto de 1916, la sección de sociedad se hacía eco, con la cautela propia del que no quiere comprometerse, de lo que se cocía para las fiestas de aquel septiembre:

«Según rumores que hemos recogido, se preparan para este año solemnes fiestas, en las cuales se proyecta el disparo de dos castillos de fuegos artificiales y la elevación de un Montgolfier con intrépido aeronauta. De que habrá otros números positivos, no nos cabe la menor duda, puesto que en cierto local, ya hace tiempo que se están haciendo los mismos.»

Un «Montgolfier con intrépido aeronauta» —es decir, un globo de aire caliente, a la manera de los hermanos Montgolfier, con un piloto a bordo— era en 1916 una atracción de primer orden: la aviación tenía apenas trece años de vida y España vivía sus propios pioneros de la aerostación como espectáculo de feria. Que Binéfar se planteara un número así para sus fiestas dice mucho de las ambiciones del pueblo por aquel entonces.

Dos semanas después, el rumor se convirtió en programa oficial. El número de Agricultura del 15 de septiembre de 1916 (Año III, núm. 95) confirmaba, ya sin condicional, que Binéfar se disponía a vivir «su apogeo de fiestas», con el programa fijado para los días 14, 15, 16 y 17 de septiembre: «con fuegos artificiales, cucañas y elevación de un globo».

Aquí se nos acaba, de momento, el rastro documental: no conservamos ningún número posterior de Agricultura de aquel mes que confirme si el globo llegó realmente a elevarse sobre Binéfar aquellos días de septiembre de 1916, o si —como tantas atracciones de feria anunciadas con antelación— se quedó en el programa. Si algún lector conserva memoria familiar, fotografías o alguna referencia de aquellas fiestas de 1916, nos encantaría completar la historia.

1916: el Montgolfier que prometía «Agricultura»

1916: el Montgolfier que prometía «Agricultura». Idealización realizada sobre fotografía real con IA

Periódico Agricultura de Binéfar. Agosto 1916
Periódico Agricultura de Binéfar. Agosto 1916

 

1930: el globo que sí llegó, aunque no se le esperaba

Lo que sí sabemos con certeza es que, catorce años después, Binéfar tuvo su globo. En julio de 1930, un globo aerostático que había despegado desde Guadalajara, tripulado por los aeronautas Sirvent, Hoyos y León, tomó tierra en término de Binéfar. No se trataba, esta vez, de una atracción de fiestas contratada de antemano, sino de un aterrizaje real de un globo en vuelo libre —una modalidad deportiva y militar que en aquellos años tenía cierto arraigo en España—, que convirtió sin previo aviso a Binéfar en el punto de llegada de una hazaña aérea ajena, contada con más detalle en esta entrada del blog.

Resulta tentador imaginar que alguien en el pueblo, al ver descender aquel globo sobre los campos de Binéfar, recordara todavía el «Montgolfier con intrépido aeronauta» que catorce años antes se había prometido para las fiestas. Dos globos, dos historias distintas, unidas solo por la coincidencia de posarse, con casi década y media de diferencia, sobre el mismo cielo binefarense.

1930: el globo que sí llegó a Binéfar
1930: el globo que sí llegó a Binéfar. Idealización realizada sobre fotografía real con IA

 

1934: llegan las avionetas de verdad

Si el globo pertenecía todavía a la era de los pioneros, la década de 1930 trajo a Binéfar el espectáculo, ya plenamente moderno, de la aviación con motor. Durante las Fiestas Mayores de 1934, el pueblo vivió una jornada memorable: dos avionetas sobrevolaron Binéfar, una de ellas realizando acrobacias sobre el cielo del pueblo mientras la otra ofrecía vuelos de pasajeros a quien quisiera —y pudiera— pagarlos. Entre los aparatos que participaron en aquellas exhibiciones de la época se cuenta un De Havilland D.H.89 Dragon Rapide, que llegó a aterrizar en Binéfar, documentado con más detalle en esta otra entrada del blog, con material procedente de la exposición «Cien años sobre el cielo de Huesca (1911-2011)» y del fondo fotográfico compilado por Luis Ferreira Escartín para la Fototeca de la Diputación de Huesca.

Una fotografía, recogida en esta entrada, muestra precisamente al avión despegando o aterrizando en San Quílez. Y la memoria oral recogida en San Quílez, una tradición en Binéfar conserva incluso el precio de la experiencia: quien quería «dar un vuelo en avioneta» podía hacerlo pagando un duro —cinco pesetas de la época—, una cifra nada desdeñable para el bolsillo de un romero de los años treinta.

Un mismo cielo, tres décadas

Puestas en fila, estas tres historias —el globo prometido de 1916, el globo real de 1930 y las avionetas de 1934 y San Quílez— trazan un pequeño arco de la modernidad tal y como llegó a un pueblo como Binéfar: primero como rumor de feria, después como accidente feliz caído del cielo, y finalmente como espectáculo estable, casi doméstico, en el que hasta se podía pagar un duro por subir a bordo. Del «intrépido aeronauta» de 1916 al piloto que hacía acrobacias sobre San Quílez en los años treinta hay menos de dos décadas, pero la distancia, en términos de lo que el cielo de Binéfar había llegado a normalizar, es enorme.

Queda, eso sí, un cabo suelto: si alguien conserva memoria, fotografías o cualquier referencia de las fiestas de septiembre de 1916 que confirme —o desmienta— que aquel Montgolfier llegó a elevarse sobre Binéfar, este blog tiene mucho interés en saberlo. 

Para seguir leyendo en el blog

Fuentes

  • Agricultura (Binéfar), Año III, sin numerar (sección de sociedad), 30 de agosto de 1916.
  • Agricultura (Binéfar), Año III, núm. 95, 15 de septiembre de 1916.
  • Aterriza un globo aerostático en Binéfar - Julio de 1930, blog Debinéfar, 28 de noviembre de 2021.
  • El día de 1934 que un Havilland D.H.89 Dragon Rapide aterrizó en Binéfar, blog Debinéfar, 18 de octubre de 2015, con material de la exposición «Cien años sobre el cielo de Huesca (1911-2011)» y fondo de Luis Ferreira Escartín / Fototeca de la Diputación de Huesca.
  • Avioneta en San Quílez en los años 30-40, blog Debinéfar, 11 de octubre de 2015.
  • San Quílez. Una tradición en Binéfar, blog Debinéfar, 28 de abril de 2014.

domingo, 9 de agosto de 2026

Los Danzantes de Huesca bailaron en Binéfar en 1947

Empezamos con esta entrada una nueva serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar al igual que el año pasado hicimos el especial de peñas de Binéfar; este mes de agosto y septiembre estará dedicado a actos "especiales" de las Fiestas de Binéfar.

Hay acontecimientos que, aunque apenas ocupasen unas líneas en la prensa de su tiempo, terminan convirtiéndose en pequeños tesoros de la memoria local. Uno de ellos tuvo lugar en Binéfar en septiembre de 1947, cuando los célebres Danzantes de Huesca se desplazaron hasta nuestra localidad para participar en las fiestas del Santo Cristo de los Milagros.

Fue una actuación extraordinaria, porque la tradición de los Danzantes de Huesca está íntimamente ligada a la ciudad de Huesca y, especialmente, a las fiestas de San Lorenzo. La propia Agrupación explica que sus actuaciones se desarrollan fundamentalmente dentro de ese marco y que las salidas fuera de Huesca han sido excepcionales. (Danzantes de Huesca)

Una visita muy poco habitual

El año 1947 fue especialmente importante en la historia de los Danzantes.

La Agrupación acababa de atravesar un momento complicado. En febrero había fallecido el rapatán José Laborda Marsó, «Zampabrisas», y apenas unas semanas después, en marzo, murió el mayoral Bienvenido Susín Casanova, que había ejercido el cargo desde 1934.

Le sucedió como mayoral Pablo Esperanza Lecina, «Cacón», mientras que Antonio Villacampa Peleato, «Sardineta», asumió el puesto de rapatán. La llegada de «Cacón» marcaría, según la propia historia de la Agrupación, un punto de inflexión y el comienzo de una etapa de renovación. (Danzantes de Huesca)

Pero 1947 fue también el año de los grandes homenajes a los Danzantes de Huesca.

Durante las fiestas de San Lorenzo recibieron el Escudo Colectivo de la Ciudad de Huesca, en un acto celebrado el 10 de agosto en el Ayuntamiento. Posteriormente participaron en un gran festival organizado por el Orfeón Oscense en el Teatro Olimpia. (Danzantes de Huesca)

Y, unas semanas después, llegaría Binéfar.

El 14 de septiembre de 1947

La propia Agrupación de Danzantes conserva el recuerdo de aquella visita y señala que los danzantes se desplazaron a Binéfar el domingo 14 de septiembre de 1947, con motivo de las fiestas del Santo Cristo de los Milagros. (Danzantes de Huesca)

La visita habría sido posible gracias a la invitación de las autoridades binefarenses. La historia publicada por los Danzantes menciona expresamente al alcalde de Binéfar, José Lacort Muzas, y al danzante oscense Pepito Martínez Martínez, vinculado al grupo como danzante de las cintas. (Danzantes de Huesca)

No era una actuación cualquiera. Para los Danzantes de Huesca, salir de la capital constituía una auténtica excepción.

De hecho, la Agrupación ha recordado esta actuación como una de las muy pocas ocasiones en las que sus danzantes han actuado fuera de Huesca. Décadas después, aquella visita seguía formando parte de la memoria de la institución.

Y tiene además una particularidad que hace que el episodio resulte todavía más curioso: los Danzantes no llegaron a Binéfar para participar simplemente en un festival folclórico, sino vinculados a la celebración religiosa del Santo Cristo de los Milagros, patrón de la localidad.

fiestas de San Lorenzo. (Danzantes de Huesca)

 

Una tradición que todavía podemos reconocer

Los Danzantes de Huesca constituyen una de las tradiciones más características del patrimonio cultural oscense. Sus cuadros de espadas, palos, cintas y degollau, acompañados por la música tradicional, forman parte inseparable de las fiestas de San Lorenzo. (Danzantes de Huesca)

Por eso resulta especialmente significativo que, en aquel septiembre de 1947, aquellos mismos danzantes cruzasen la frontera de la ciudad para bailar en Binéfar.

Hoy la fiesta del Santo Cristo de los Milagros continúa teniendo entre sus actos más característicos la celebración religiosa y las manifestaciones de folclore. En los últimos años, el tradicional paloteao de Binéfar ha seguido formando parte de la jornada festiva. (El Diario de Huesca)

De alguna manera, la visita de los Danzantes oscenses en 1947 puede contemplarse como un curioso antecedente de esa relación entre religiosidad, fiesta y tradición popular que todavía permanece viva en Binéfar.

75 años después

La historia no cayó completamente en el olvido.

En 2022, con motivo del 75.º aniversario de aquella actuación, el Ayuntamiento de Binéfar incluyó en el programa del Pórtico Cultural una conferencia dedicada expresamente a recordar la visita de los Danzantes de Huesca.

El acto contó con la participación de Francisco San Emeterio, mayoral de los Danzantes de Huesca, y del historiador y escritor José Antonio Adell. El programa municipal anunciaba la conferencia como una de las pocas salidas de la agrupación fuera de la capital oscense. (El Diario de Huesca)

Fue una buena ocasión para recuperar un episodio que probablemente muchos binefarenses desconocían: en 1947, algunos de los danzantes más emblemáticos de Huesca bailaron en Binéfar con motivo de nuestras fiestas mayores.


Danzantes de Huesca en Binéfar

Un recuerdo que merece seguir investigándose

La historia tiene todavía algunos interrogantes.

Sabemos cuándo llegaron: el 14 de septiembre de 1947.

Sabemos por qué: las fiestas del Santo Cristo de los Milagros.

Y conocemos algunos de los protagonistas que hicieron posible aquella visita.

Quizá en alguna hemeroteca, en un archivo familiar o en alguno de los fondos históricos se conserve todavía el programa que permita saber exactamente dónde bailaron, a qué hora, qué danzas interpretaron y cómo fue recibida aquella excepcional visita.

Setenta y cinco años después, Binéfar volvió a recordar a aquellos danzantes.

Y casi ocho décadas después, la historia sigue teniendo un atractivo especial: por una vez, los Danzantes de Huesca dejaron las calles de su ciudad y vinieron a bailar a Binéfar.

Fuentes para enlazar al final del artículo:


Binéfar desde "La Balseta"

Una vista de Binéfar tomada, según la anotación a mano en el propio álbum, «desde la Balseta», en septiembre de 1931. En primer término, agua quieta y una orla de álamos y matas; al fondo, entre la vegetación, el perfil del pueblo y, asomando sobre los tejados, una torre inconfundible. Detrás de esta imagen hay una familia, un álbum de doscientas páginas y, todavía, una pequeña incógnita por resolver.

Un álbum llegado desde Monzón

La fotografía pertenece al Álbum familiar 00123 del fondo de la familia Pano, de Monzón, custodiado hoy en el Archivo Histórico Provincial de Huesca (signatura ES/AHPHU - F/00123) y catalogado en DARA, el portal de Documentos y Archivos de Aragón. Se trata de un álbum de doscientas dos páginas, de pequeño formato (140 x 225 mm) y bien conservado, sin cubiertas, fechado de forma genérica en el siglo XX.

Los Pano fueron una familia infanzona de Monzón que dio a Aragón dos figuras de primer orden: el historiador, arqueólogo y político Mariano de Pano y Ruata (Monzón, 1847 - Monzón, 1948), alcalde de Monzón, diputado provincial y académico de las Reales Academias de San Luis y de San Fernando; y su hermano Joaquín de Pano y Ruata, ingeniero de caminos e introductor en España de los puentes metálicos parabólicos. El archivo familiar, que incluye correspondencia, documentación patrimonial y numerosos álbumes fotográficos, se incorporó al Archivo Histórico Provincial de Huesca procedente de la casa familiar de Monzón. Entre esas fotografías, tomadas o coleccionadas a lo largo de varias generaciones, se cuelan también estampas de los pueblos vecinos de La Litera, como esta de Binéfar.

¿Qué balsa es «la Balseta»?

Conviene no confundirla con la balsa que ya conocen los lectores habituales de este blog. En la entrada dedicada a la Balsa Vieja o Balsa de Arriba, procedente del mismo álbum de los Pano, veíamos el gran depósito urbano del siglo XIX que ocupaba lo que hoy es la plaza Hipólito Bitrián, la «plaza del Instituto». Aquella era una balsa dentro del casco urbano, destinada al consumo de la población. La de esta fotografía es otra cosa: el diminutivo «Balseta» y la perspectiva —el pueblo visto de lejos, a través de árboles, con una lámina de agua en primer plano— apuntan más bien a una balsa del término rural de Binéfar, de las muchas que salpicaban la huerta antes de la llegada del regadío del Canal de Aragón y Cataluña.

Binéfar desde la Balseta, 9-31
«Binéfar desde la Balseta, 9-31». Álbum familiar 00123, familia Pano (Monzón). Fuente: DARA / Archivo Histórico Provincial de Huesca.
 

El estudio de referencia sobre la toponimia binefarense, Partidas, calles y apodos de Binéfar (Huesca). Estudio onomástico, de Javier Giralt Latorre (Ayuntamiento de Binéfar - Centro de Estudios Literanos, 2014), recoge entre sus entradas dedicadas al agua, junto a «La Balsa» / «Balsa de Arriba» y «Balsa de Abajo», una partida llamada «Balseta de la Golondrina». Es una candidata para identificar el topónimo de nuestra fotografía pero la perspectiva de la torre no encaja con la localización de la balsa "Las Golondrinas". 

Nuestra hipótesis de trabajo situaría el punto desde el que se tomó la fotografía al noreste del casco histórico, en el entorno de la carretera —o del antiguo camino— de San Esteban de Litera. La torre de San Pedro, que actúa como referencia fija en la imagen, se encuentra aproximadamente en las coordenadas 41,852727, 0,293648; si la cámara se colocó al noreste de la iglesia, la torre debería verse en dirección suroeste, con un rumbo aproximado de 230° a 250°

La documentación urbanística de Binéfar recoge precisamente una carretera de Binéfar a San Esteban de Litera (HU-9030) y un «camino viejo de San Esteban» que arranca en el entorno del cementerio y se adentra en el término municipal, lo que encajaría con esa orientación. De confirmarse, el abanico de búsqueda de la balsa quedaría acotado a una franja de unos 300 a 1.000 metros al noreste de la iglesia, entre la carretera y el camino viejo, donde convendría rastrear antiguas balsas, charcas, acequias o simples depresiones del terreno que hoy puedan haber quedado ocultas bajo el cultivo. Queda como hipótesis abierta, a la espera de contrastarla sobre plano.

 

Posible Balseta Binéfar

Si algún lector o descendiente de familia binefarense reconoce el paraje, o guarda memoria de dónde estaba «la Balseta», nos encantaría conocerla y actualizar esta entrada con su ayuda.

La torre que asoma al fondo

El elemento más nítido del horizonte de la fotografía es una torre que se eleva por encima de los tejados del pueblo. Todo apunta a que se trata de la torre de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, el único edificio de Binéfar con la altura y la silueta suficientes para recortarse así sobre el caserío visto desde el término. Se trata de una torre de planta octogonal, construida en su mayor parte a finales del siglo XV o principios del XVI sobre la iglesia gótica, y ampliada y rematada con un capitel bulboso durante la gran reforma barroca del templo, iniciada hacia 1742 y concluida a finales de aquel mismo siglo. En 1931, fecha de nuestra fotografía, la torre llevaba ya siglos siendo la referencia visual de Binéfar para quien se acercara al pueblo desde el campo, tal y como sigue siéndolo hoy.

Dos balsas, un mismo álbum, dos miradas

Resulta curioso —y por eso merece la pena leer ambas entradas juntas— que el mismo álbum familiar de los Pano conserve dos fotografías de balsas binefarenses tomadas con apenas nueve años de diferencia: la Balsa de Arriba, en 1922, retratada casi de cerca, como testimonio del corazón urbano del pueblo; y esta «Balseta», en 1931, retratada desde fuera, como paisaje, con Binéfar al fondo. Dos maneras distintas de mirar la misma villa y, seguramente, dos motivos distintos para hacerlo: una foto de calle y una foto de paseo o excursión familiar. Ambas, sin embargo, comparten lo esencial: el agua, que durante siglos marcó la vida y el paisaje de Binéfar antes de que el Canal de Aragón y Cataluña y el Canal de Zaidín transformasen para siempre la Litera.

Cuidamos estas fotografías, aunque sea sin resolver del todo su enigma, porque son ventanas —nunca mejor dicho— a un Binéfar que ya no existe tal cual. Si esta entrada despierta la memoria de alguien y ayuda a poner nombre exacto a «la Balseta», este blog habrá cumplido su función.

Para seguir leyendo en el blog

Compartir es vivir, también en redes sociales. Y si conoces la ubicación exacta de «la Balseta» o tienes más fotografías del álbum de los Pano relacionadas con Binéfar, escríbenos.

Fuentes

  • DARA (Documentos y Archivos de Aragón) — Álbum familiar 00123, Familia Pano (Monzón), Archivo Histórico Provincial de Huesca, sig. ES/AHPHU - F/00123.
  • Javier Giralt Latorre, Partidas, calles y apodos de Binéfar (Huesca). Estudio onomástico, Binéfar, Ayuntamiento de Binéfar - Centro de Estudios Literanos (Instituto de Estudios Altoaragoneses), 2014 (reseña de Vicente Lagüéns Gracia, Archivo de Filología Aragonesa, 71-72).
  • Parroquia de Binéfar, «Iglesia de San Pedro Apóstol» — historia del templo y de su torre, basada en José Antonio Adell, Binéfar, tradición y modernidad.
  • La Balsa Vieja o Balsa de Arriba en 1922 — archivo del blog Debinéfar.
  • Wikipedia, «Mariano de Pano y Ruata»; Gran Enciclopedia Aragonesa, voz «Pano y Ruata, Mariano de».

domingo, 2 de agosto de 2026

Ladrillera San Quílez. La Bóbila de Binéfar en SIPCA

Ya hablamos en su día de la Bóbila de Binéfar y del barrio que creció a su sombra. Hoy volvemos sobre ella con un documento distinto: la ficha oficial del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA), que cataloga el edificio bajo el nombre técnico de Ladrillera San Quílez y permite completar, con precisión de inventario, lo que la memoria oral del pueblo ya nos había contado.

La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.



La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.

Dos fábricas, una misma memoria

Conviene aclarar algo que se presta a confusión: en Binéfar hubo dos ladrilleras, no una, y ambas se conocieron popularmente como "la bóbila".

La primera se levantó en 1924 en la calle Tejería, dando nombre al barrio que la rodeó. La promovió Próspero Montousse Jacomed, un experto francés en hormigón armado que había llegado a Binéfar para trabajar en las obras del Sifón del Sosa y que acabó casándose con Carmen Ortiz Oncins, hija de un tejero local. Montousse se asoció con su suegro, José Ortiz Alegre, y con sus cuñados Miguel y Antonio, para fundar la fábrica. Contaba con un horno tipo Hoffmann, de cocción continua, y extraía la arcilla de la cantera Montousse. En 1930 producía 480 toneladas anuales de ladrillo y teja. Tras la muerte de Miguel Ortiz en la Guerra Civil, la fábrica cambió de manos varias veces: la modernizó Sebastián Bernard en 1934 (molinos, trituradoras, cortadores automáticos) y en 1952 pasó a Antonio Arasanz Amal y José Mª Ortiz Juste, que la rebautizaron como Antigua Cerámica de Binéfar. Esta es, según nuestras propias fuentes, la fábrica que hoy ha desaparecido por completo.

Ladrillera Calle Tejería
 Ladrillera Calle Tejería 


La segunda se construyó en 1949 junto a la carretera de Tamarite. La fundó Antonio Pueyo Gil bajo el nombre de Moderna Cerámica, con un horno de 300 m³ capaz de producir 20.000 piezas diarias. En 1956 cambió de propietario y de nombre, pasando a llamarse Ladrillera San Quílez —el nombre con el que la registra oficialmente el SIPCA pero que no concuerda pues en realidad las fotos son de la del barril Tejería—, actividad que se documenta hasta hacia 1983. La memoria local añade un capítulo posterior: bajo la propiedad de Rafael y Mariano Coscojuela, la fábrica siguió funcionando hasta su venta en 1985 cuando se vendió a los actúales propietarios y el recinto se reconvirtió en granja. 

Estado actual  Ladrillera San Quilez
Estado actual granjas. Ladrillera San Quilez 

Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez
Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez 

Las familia propietarias sigue llamando a los edificios según su función dentro de la ladrillera: El horno, la Galletera,…

Lectura arquitectónica; anatomía de una tejería de principios del XX (Calle Tejería) 

La ficha del SIPCA permite una lectura técnica muy precisa del edificio superviviente en la fecha de realización de la bovila de la calle Tejería aunque la mal denomina Ladrillera San Quilez. Se trata de una construcción de planta rectangular, levantada en ladrillo visto combinando aparejo flamenco sencillo en unas zonas e isódomo en otras —es decir, alternando el despiece decorativo propio de la tradición cerámica aragonesa con hiladas más regulares, según la función estructural de cada paño—, y cubierta a doble vertiente con teja.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar 

Uno de los lados largos del edificio presenta un zócalo alto rematado por cinco vanos rectangulares; el lado opuesto se resuelve como un porche abierto sostenido por cinco pilares, probablemente destinado al secado y almacenaje de las piezas antes de la cocción, protegidas de la lluvia pero ventiladas. En uno de los lados cortos se abren dos grandes bocas de carga, resueltas en arco escarzano rebajado y de gran profundidad —auténticos túneles—, con la rosca del arco marcada por ladrillos dispuestos radialmente: por ahí se introducían las piezas crudas y se extraían ya cocidas.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Horno 

Pero el elemento verdaderamente identificativo, el que convierte a estas fábricas en hito del paisaje, es la chimenea de ladrillo que se eleva sobre el conjunto. Su función no era decorativa sino estrictamente térmica: en un horno de tipo Hoffmann, la combustión se desplazaba de forma continua por una serie de cámaras en anillo, y la chimenea central generaba el tiro necesario para mantener esa combustión constante, permitiendo cocer sin interrupción y aprovechar el calor residual de una cámara para precalentar la siguiente. Es la misma lógica que explica la silueta de las viejas ladrilleras de todo el valle del Ebro: un volumen horizontal, alargado y de baja altura, dominado por una única chimenea vertical.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Chimenea 

¿Qué queda hoy?

De la bóbila de la calle Tejería, la más antigua, no queda nada más que el nombre del barrio, algún edificio reutilizado y el recuerdo de sus vecinos. De la de la carretera de Tamarite, la Ladrillera San Quílez, se reconvirtió hace décadas, (se compró por la familia actualmente propietaria en 1985)  en explotación agropecuaria. Entre el inventario técnico del SIPCA y la memoria oral recogida en este blog hay pequeños desajustes de fechas —normales cuando se cruzan el archivo y el recuerdo— que quizá algún lector con vínculos familiares en Tejerías pueda ayudarnos a afinar. Como siempre, los comentarios están abiertos para eso.

Más entradas sobre la Bóbila y el Barrio de Tejerías en este blog

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