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domingo, 8 de marzo de 2026

Binéfar también dijo “No a la guerra”

En los primeros meses de 2003, cuando la amenaza de una intervención militar en Irak crecía día a día, las calles de muchas ciudades y pueblos se llenaron de ciudadanos que querían expresar un mensaje claro: no a la guerra. Aquellas movilizaciones no se limitaron a las grandes capitales. También en localidades como Binéfar la sociedad civil salió a la calle para defender la paz y mostrar su rechazo al conflicto.

En el conjunto de Aragón, la respuesta fue masiva. En Zaragoza, cientos de miles de personas participaron en manifestaciones multitudinarias que recorrieron el centro de la ciudad bajo el lema “No a la guerra, no más sangre por petróleo”, con la presencia de representantes políticos, sindicales y sociales. Aquella movilización reflejaba el sentimiento de una gran parte de la ciudadanía, convencida de que la guerra sería un grave error.

Binéfar no a la guerra

 

Pero la protesta no se quedó en la capital. Numerosas localidades altoaragonesas organizaron concentraciones y actos públicos para sumarse a esta corriente de rechazo al conflicto. En ese contexto, Binéfar también se convirtió en escenario de una movilización significativa.

La primera de estas concentraciones tuvo lugar en la Plaza de España, donde vecinos y representantes municipales se reunieron para expresar su oposición a la guerra. El acto fue convocado por el Ayuntamiento y contó con la presencia del alcalde y miembros de la corporación municipal. La cita congregó a un buen número de binefarenses, que quisieron mostrar públicamente su preocupación ante la posibilidad de un conflicto armado.

El ambiente fue reivindicativo pero también participativo y cercano. Antes del inicio del acto, el grupo Los Titiriteros de Binéfar animó espontáneamente los prolegómenos, aportando un tono cultural y ciudadano a la convocatoria. A continuación, el concejal de Participación, Javier Sáez, explicó el acuerdo adoptado por la Junta de Portavoces para invitar a los vecinos a participar en la concentración. El acto concluyó con la lectura de un manifiesto a cargo de Juan Pano, en el que se dejó patente el rechazo a la acción bélica.

Semanas después, cuando la tensión internacional continuaba aumentando, Binéfar volvió a movilizarse. En esta segunda convocatoria, alrededor de doscientas personas acudieron nuevamente a la Plaza de España para reiterar su oposición a la guerra en Irak. La concentración contó otra vez con la presencia del alcalde, Manuel Lana, y con representantes de distintos colectivos sociales y sindicales.

Binéfar no a la guerra

 

Durante el acto, el concejal Javier Sáez subrayó que la sociedad de la comarca rechazaba cualquier guerra y que la convocatoria pretendía mostrar públicamente ese sentimiento. En la misma línea, Andrés Montes, secretario de CCOO en La Litera, destacó que la participación ciudadana evidenciaba una apuesta clara por la no violencia y por desmarcarse de la política internacional que impulsaba la intervención militar.

Estas concentraciones formaron parte de una oleada de movilizaciones que recorrió toda la provincia. Barbastro, Monzón, Jaca, Sabiñánigo o Fraga también acogieron manifestaciones y actos públicos con cientos o miles de participantes. En todos los casos, el mensaje fue muy similar: una llamada a la paz y una crítica abierta a la guerra que se preparaba.

Miradas con perspectiva, aquellas concentraciones reflejan un momento de fuerte implicación social. En pueblos como Binéfar, donde la vida cotidiana suele transcurrir lejos de los grandes escenarios internacionales, la ciudadanía decidió alzar la voz para participar en un debate global.

Las imágenes de aquellas jornadas —pancartas, vecinos reunidos en la plaza, gestos de preocupación pero también de esperanza— forman ya parte de la memoria colectiva local. Son el testimonio de un tiempo en el que muchos binefarenses sintieron que, aunque el conflicto estuviera a miles de kilómetros, la defensa de la paz también empezaba en la plaza del pueblo.

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Fuentes:

Hemeroteca Diario del Altoaragón 

domingo, 1 de marzo de 2026

¡Historia, empresa… y baloncesto

¿Puedes ayudarnos a identificar al equipo d e baloncesto que posa en el Palermo?.

Hoy desempolvamos una fotografía que combina tradición, memoria y un toque de misterio bien binefarense. Juanjo González nos ha pasado esta joya: un equipo de baloncesto de Binéfar posando con orgullo en el Salón Palermo  durante un torneo de baloncesto de empresas que se jugó en ese emblemático local. 

Si esta imagen pudiera hablar… nos contaría que el Palermo no fue solo un salón de baile legendario de la Calle San Pedro —con sus 800 m² fascinantes y su historia social desde los años 30— sino también punto de encuentro para eventos y campeonatos que marcaron épocas.

📸 La Foto (y Tú)


Observa la composición: cinco jugadores con uniformes clásicos, un balón bien sujetado, mirada de campeonato… y la posibilidad de que estés viendo a alguno de tus padres, tíos o vecinos. 
Si sabes algo más sobre ese torno, cuéntanoslo: ¿año?,… ¿fue en plan “liga interna” entre compañías de Binéfar? ¿Se repetía cada año?….

Y ahora viene lo bueno: necesitamos tu ayuda. 

 🤔 ¿Quiénes Son?


Querida comunidad del blog, si tú o algún familiar participó en ese torneo, si reconoces una cara, un apodo: cuéntanos.

💬 ¿Era este el equipo de tu empresa?
🧢 ¿Quién metió aquel triple imposible?
📅 ¿Recuerdas el año aproximado o el ambiente post-partido en el Palermo?

📍 El Palermo, mucho más que canchas


El Salón Palermo fue, durante décadas, uno de los epicentros sociales de Binéfar: lugar de bailes populares, eventos culturales y campeonatos deportivos, desde fútbol sala hasta… sí, baloncesto y voleibol. 

Envíanos tus recuerdos


📧 Escribe en el blog aquí mismo o
📸 Si tienes otras fotos, te animamos a compartirlas.
Baloncesto binefar



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domingo, 22 de febrero de 2026

En diciembre de 1984, La Voz de Binéfar recogía una iniciativa cultural que combinaba pedagogía y música: el II Concierto Didáctico celebrado en la Casa de Cultura. Bajo el título “El piano, protagonista”, la actividad se consolidaba como una propuesta educativa destinada a acercar la música a los estudiantes y al público local de una forma accesible y formativa.

El concierto tuvo lugar el 23 de noviembre y, pese a que el instrumento estrella llegó con cierto retraso, el programa se desarrolló según lo previsto. El detalle, anecdótico y casi entrañable, no empañó el objetivo principal: ofrecer un recorrido musical que permitiera comprender la evolución de los estilos a lo largo de la historia.

La organización corrió a cargo del colegio público Víctor Mendoza, en colaboración con la Coordinadora Municipal de Cultura, un ejemplo temprano de cooperación entre instituciones educativas y culturales del municipio. Este tipo de iniciativas reflejaban una visión clara: la cultura no debía limitarse a ser contemplada, sino que debía ser comprendida, experimentada y compartida.

El programa propuso un viaje sonoro a través del tiempo. Los asistentes pudieron escuchar fragmentos representativos de distintas épocas, desde el Renacimiento hasta las corrientes musicales del siglo XX, pasando por el Barroco, el Clasicismo, el Romanticismo y el Nacionalismo. Esta estructura permitía apreciar los cambios en el lenguaje musical, las formas compositivas y la expresividad sonora.

Las interpretaciones corrieron a cargo del profesorado del Instituto Comarcal de Música de Binéfar, junto con la Agrupación Coral del mismo centro. La participación coral aportó una dimensión colectiva y emotiva al concierto, como muestra la imagen publicada en el periódico, donde se observa a la agrupación coral durante su actuación. También intervino el intérprete Juan M. Pinos, a la flauta pico contralto, instrumento que añadió matices tímbricos singulares al repertorio.

Más allá del protagonismo del piano, el concierto se planteó como una experiencia didáctica integral. La audiencia no solo escuchaba, sino que aprendía a identificar estilos, comprender contextos históricos y distinguir sonoridades. En una época sin plataformas digitales ni acceso inmediato a catálogos musicales, estas actividades representaban una puerta directa al conocimiento musical.

El II Concierto Didáctico reflejaba, además, el dinamismo cultural de Binéfar en los años ochenta. La implicación de centros educativos, profesorado y entidades culturales demuestra una apuesta decidida por la formación artística desde edades tempranas. No se trataba únicamente de formar músicos, sino de crear oyentes sensibles y ciudadanos culturalmente activos.

Visto con perspectiva, este tipo de conciertos sembraron semillas que aún hoy dan fruto. Introducir a los jóvenes en la música clásica, explicar sus claves y mostrarla en directo contribuye a derribar barreras y a construir una relación duradera con el arte.

Porque cuando la educación y la cultura se dan la mano, el resultado no es solo un concierto: es una lección que resuena mucho después del último acorde.

 

Piano Binéfar

Fuente: Voz de Binéfar 

domingo, 15 de febrero de 2026

Vídeo: La tradición del cine en Binéfar: memoria, cultura y futuro

Cortometraje sobre el cine en Binéfar para la inauguración del cine el 19 de febrero de 2017, realizado por Ayuntamiento de Binéfar


 

La tradición del cine en Binéfar: memoria, cultura y futuro

El Corto de Inauguración del Cine Binéfar, presentado el 19 de febrero de 2019, es mucho más que una pieza audiovisual conmemorativa. Es un ejercicio de memoria colectiva que repasa la profunda relación entre Binéfar y el cine, una relación que ha marcado generaciones, hábitos sociales y la vida cultural del municipio. A través del testimonio en primera persona, el vídeo recorre desde los orígenes más rudimentarios del cine en el pueblo hasta la reflexión sobre su importancia cultural y social en la actualidad.

Los primeros pasos del cine en Binéfar

El relato comienza con una imagen casi artesanal del nacimiento del cine en Binéfar. En las décadas de 1920 y 1930, cuando la tecnología era limitada y la curiosidad inmensa, se realizaron las primeras proyecciones de forma improvisada. Una máquina de proyección se bajaba desde un piso superior hasta un café, se colocaba una sábana en plena acera —en la zona donde estaba el trepullol— y la proyección se orientaba hacia la calle para que el público pudiera verla.

Aquellas sesiones, duras en lo técnico pero pioneras en lo cultural, congregaban a mucha gente. El cine, incluso en sus formas más precarias, ya era un espectáculo de masas. Llegó a haber hasta cuatro espacios de proyección en el municipio si se cuenta el frontón, lo que da una idea clara de la temprana implantación del cine en la vida local.

Las salas emblemáticas: Romea, La Paz y California

Con el paso del tiempo, el cine se consolidó en salas estables. Cuando el narrador comenzó a frecuentar el cine, Binéfar contaba con dos salas principales: el Romea y La Paz. Posteriormente se instaló el Cine California, un edificio antiguo que, sin embargo, resultaba espectacular para la época.

Durante un tiempo, Binéfar llegó a tener tres cines en funcionamiento simultáneo, algo excepcional para una población de su tamaño. Estos cines atraían a espectadores de numerosos pueblos de alrededor, ya que en muchas localidades vecinas las salas eran antiguas, mientras que las de Binéfar eran relativamente nuevas, con pantallas más grandes y mejores condiciones de proyección.

Un fenómeno social y popular

Las salas estaban siempre llenas, absolutamente llenas. Para conseguir una buena localidad era necesario estar abonado, lo que garantizaba tener siempre las mismas entradas. Si una película no interesaba, esas entradas incluso podían venderse a otras personas. El cine formaba parte del día a día y movía a toda la población.

El entusiasmo por el cine atravesaba todas las capas sociales: jóvenes, mayores, familias enteras. En una época en la que las opciones de ocio eran limitadas —básicamente cine, bares y baile—, ir al cine era un acontecimiento social. Se acudía en cuadrilla, y más adelante, cuando llegaban los primeros noviazgos, las parejas iban juntas, reforzando el cine como espacio de encuentro y convivencia.

Tradición, rutina y vida cotidiana

Más allá del espectáculo, el cine era tradición. Existía un ritual semanal profundamente arraigado, especialmente en la generación de los padres y abuelos: ir a misa, ir al cine —muchos estaban abonados— y después acudir al baile. Para ellos, el cine era una cita ineludible de cada domingo.

El testimonio personal refuerza esta idea: gastar la propina del fin de semana en el cine de La Paz era lo habitual. Se iba de todas las maneras posibles: con amigos, con los padres o incluso solo. El recuerdo incluye detalles muy concretos y humanos: la bolsa de chucherías, la taquillera —cariñosa, cercana, casi maternal— y la sensación de entrar en un espacio familiar.

El cine como experiencia completa

La experiencia no terminaba en la pantalla. El vestíbulo del cine, con carteles de películas de hacía muchos años, la entrada que conducía a la cafetería y las largas colas en el único puesto de palomitas, chucherías y bebidas formaban parte del ritual.

Hoy, la percepción ha cambiado. Ir al cine se ha convertido, en muchos casos, en una actividad rápida: pasar un rato y poco más. Antes, sin embargo, ir al cine era algo especial, distinto, casi solemne. Esa familiaridad y ese carácter excepcional son aspectos que se echan profundamente de menos.

Un patrimonio cultural pionero

La desaparición del cine en una localidad con tanta tradición se percibe como una auténtica pérdida. Binéfar no solo tuvo una relación intensa con el cine, sino también pionera. En los años 30 ya contaba con dos salas que proyectaban películas en color, algo muy poco habitual en el resto de España en aquel momento.

Haber llegado a tener tres cines de gran importancia y quedarse sin ninguno supone un vacío cultural difícil de justificar desde la perspectiva histórica y social.

Cine, servicio cultural y futuro

La reflexión final mira al presente y al futuro. Sin cine, muchos jóvenes no saben qué hacer en el pueblo, y las personas mayores no siempre pueden desplazarse a localidades como Lérida o Monzón, especialmente quienes ya no salen con facilidad.

Aunque se reconoce que económicamente un cine puede no ser rentable, se subraya su valor como servicio cultural. El cine influye, educa y amplía horizontes. A través de las historias que muestra, permite vivir experiencias ajenas, imaginar otros mundos y, especialmente en la infancia, soñar. ¿Quién no salió alguna vez de una película de superhéroes creyendo que también tenía un superpoder?

Traer cine es traer cultura. Y Binéfar, por su historia, su tradición y su identidad, sigue necesitando ese impulso cultural que durante décadas definió su vida social. Porque el cine no fue solo entretenimiento: fue comunidad, costumbre y memoria compartida.

sábado, 14 de febrero de 2026

Homenaje al gran cocinero binefarense Teodoro Bardají

 Homenaje al gran cocinero binefarense Teodoro Bardají y a su Recao de Binéfar: un plato de diez

Conferencia y demostración en el Centro de Innovación Gastronómica de Aragón de su director gastronómico y autor, Ismael Ferrer


Fuente:  
https://www.eldiariodehuesca.com/videos-destacados/homenaje-al-gran-cocinero-binefarense-teodoro-bardaji-y-a-su-recao-de-binefar-un-plato-de-diez_3700463_110.html

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