Entre 1925 y 1936, el fotógrafo y excursionista catalán Francesc Blasi i Vallespinosa (1872-1951) recorrió Aragón documentando su patrimonio para el Centro Excursionista de Cataluña. Uno de sus negativos —un cristal de 6x6 cm hoy conservado por la Memoria Digital de Cataluña y digitalizado por Europeana— retrata un rincón que muchos binefarenses no habían visto nunca en imagen: la pila bautismal de la Iglesia de San Pedro Apóstol.
Pila bautismal de la Iglesia de San Pedro de Binéfar. Fotografía: Francesc Blasi i Vallespinosa, Centre Excursionista de Catalunya [entre 1925 y 1936]. Fuente: Memòria Digital de Catalunya / Catalònica, vía Europeana. Licencia CC BY-NC-ND 3.0.
Una fotografía rescatada del olvido
El interés de esta imagen es, ante todo, historiográfico. Blasi i Vallespinosa formó parte de aquellas campañas fotográficas de excursionistas catalanes de entreguerras que, cámara en mano, recorrieron pueblos de Aragón y Cataluña levantando un inventario visual de su arte religioso: portadas, retablos, tallas, orfebrería... Muchas de esas fotografías serían, sin saberlo sus autores, el único testimonio que sobreviviría a lo que vino después.
Y es que en 1936 la Iglesia de San Pedro sufrió el mismo destino que tantos templos aragoneses: ardió buena parte de su patrimonio mueble. Desapareció el retablo mayor de Damián Forment (1525), del que ya hablamos al reconstruir la imagen de San Pedro que lo presidía, y con él las tablas de Tomás Peliguet, de las que solo queda una grisalla suelta. La pila bautismal, en cambio, al ser una pieza pétrea de gran peso y escaso valor de "botín", es de los pocos elementos que con toda probabilidad sobrevivió a ese incendio: una superviviente silenciosa frente a las llamas que sí devoraron la madera y el lienzo.
La propia inscripción manuscrita sobre el negativo original ("A-7205") remite al sistema de catalogación que el CEC aplicaba a sus fondos fotográficos, y sitúa esta toma dentro de una serie más amplia dedicada a Binéfar de la que también procede, seguramente, el fondo de imágenes que años más tarde utilizaría el hispanista Georg Weise para su propio estudio del arte gótico aragonés.
Lectura iconográfica de la pila
La fotografía permite una lectura bastante precisa de la pieza. Se trata de una copa de perfil semiesférico, con el borde rematado por una moldura en forma de cordón o soga trenzada —un recurso decorativo habitual en la ornamentación gótica tardía y renacentista aragonesa— y, justo debajo del labio, un friso corrido de gallones o veneras: una sucesión de lóbulos acanalados que envuelven toda la copa a modo de pétalos o conchas estilizadas, un motivo de raíz clásica muy extendido en pilas y fuentes de los siglos XV y XVI.
La copa se sustenta sobre un fuste en forma de columna salomónica, es decir, tallado en espiral continua —el mismo recurso de "barbas de candelero" que encontramos en balaustradas y elementos decorativos del gótico flamígero y el primer renacimiento— y apoya, a su vez, sobre una basa o plinto de perfil cuadrangular liso, que contrasta deliberadamente con el dinamismo de la espiral superior.
El encuadre es revelador: al fondo se adivina un elemento arquitectónico labrado, posiblemente parte de una hornacina o de un acceso con decoración escultórica, sobre un pavimento de grandes losas. Este emplazamiento cerca de un vano ornamentado encaja con la costumbre litúrgica de situar la pila bautismal junto a la entrada del templo o en una capilla inmediata a los pies de la nave, subrayando el sentido simbólico del sacramento: el bautismo como puerta de acceso a la comunidad cristiana, del mismo modo que el pórtico lo es al edificio. No en vano la propia portada de San Pedro de Binéfar está considerada un ejemplar singular de gótico flamígero, único en Aragón, lo que hace verosímil que la pila comparta ese contexto decorativo de finales del XV.
La forma semiesférica u octogonal de las pilas bautismales medievales no es casual: remite simbólicamente al "octavo día", el de la Resurrección, y por extensión al renacer del bautizado a una vida nueva. El uso de motivos vegetales (gallones, veneras) y de la torsión helicoidal del fuste, por su parte, responde ya a un gusto ornamental de transición entre el gótico final y las primeras fórmulas renacentistas, coherente con la datación de la propia iglesia (1462-1478) y con las noticias documentadas de obras e intervenciones en su interior durante el siglo XVI.
Una pieza pendiente de estudio
Ni el inventario del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA) ni la bibliografía local consultada —Adell Castán, Iglesias Costa, Guitart Aparicio— detallan de forma específica esta pila, por lo que su cronología exacta y su estado actual quedan, de momento, como una pregunta abierta. Si algún lector conserva más información, fotografías recientes o referencias documentales sobre esta pieza, será muy bienvenida en los comentarios: es exactamente el tipo de detalle que este blog lleva años tratando de rescatar entrada a entrada.
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