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miércoles, 1 de julio de 2026

La Figuera, en el término municipal de Binéfar

La Figuera, en el término municipal de Binéfar

Por Silvia Isábal Mallén y Víctor Bayona Vila — Historias de nuestra Historia (Somos Litera)

La Figuera es hoy en día una partida de Binéfar que linda con las de La Portellada, Penchat, La Grallera y los municipios de Esplús y Binaced. Sin embargo, hace ya muchos siglos fue un lugar habitado que, aunque pequeño, contaba con una iglesia, en este caso dedicada a la Virgen. Como en muchos otros pueblos, esta iglesia era «de patronato», lo que significaba que había sido construida gracias al esfuerzo colectivo de los habitantes del lugar, por lo cual estos tenían derecho a proponer a su titular y gestionar su patrimonio. Se trataba, además, de una iglesia muy bien dotada económicamente, tanto para proporcionar una vida adecuada al rector como para mantener el edificio y sus bienes, recibiendo para ello las tres cuartas partes del diezmo y de la primicia de lo que se recogía en el término municipal. Estos eran unos impuestos que, de forma obligatoria, se pagaban a la iglesia, siendo lo más normal, en Binéfar, que los receptores fueran el obispo de Lérida y el Castellán de Amposta. Que esta iglesia recibiera las tres cuartas partes de estos tributos (el resto lo cobraba el obispo de Lérida, a cuya diócesis pertenecía), hacía muy apetecible su gestión. 

La Figuera, en el término municipal de Binéfar
La Figuera, en el término municipal de Binéfar

domingo, 28 de junio de 2026

La Vuelta Ciclista a Aragón de 1970 en Binéfar

El número 10 de La Voz de Binéfar , correspondiente a junio de 1970 —II Época, cuando dirigía el boletín D. José María Gallart Pardo y lo imprimía la “Zaragoza Deportiva”—, nos regaló un Reportaje Gráfico que hoy rescatamos con especial cariño. En sus páginas, entre anuncios y crónicas de fiestas, quedó congelado el día en que la Vuelta Ciclista a Aragón hizo meta en nuestra villa. Ocho fotografías, un puñado de pies de foto escritos con la prosa florida de la época, y un Binéfar entregado al ciclismo. Vamos a revivirlo.


Una carrera que estrenaba galones

Conviene situarse. La Vuelta a Aragón no era una prueba improvisada: la organizaba el Club Ciclista Iberia, decano del ciclismo aragonés, y hundía sus raíces nada menos que en 1939. Pero 1970 tiene un valor añadido que pocos recuerdan: fue precisamente ese año cuando la ronda aragonesa dio el salto a la categoría profesional. Así que los hombres que aquel verano enfilaron las calles de Binéfar no eran corredores de domingo, sino profesionales de oficio, varios de ellos rostros muy conocidos del gran ciclismo español. Para un pueblo como el nuestro, recibir a semejante caravana era todo un acontecimiento.

Y Binéfar, como siempre, estuvo a la altura. Lo resumía con orgullo el propio boletín: “Binéfar recibió a la Vuelta a lo grande. Como siempre la afición respondió a las mil maravillas y el aspecto que ofrecía nuestra villa era el de las más grandes solemnidades.” No era exageración. La pancarta de la meta, patrocinada por las populares Cervezas La Zaragozana, cruzaba la calle de lado a lado, y a ambas aceras se agolpaban los vecinos para no perderse la llegada.

Un corredor afronta los últimos metros bajo la pancarta de meta de Cervezas La Zaragozana. La calle, abarrotada de público.
Un corredor afronta los últimos metros bajo la pancarta de meta de Cervezas La Zaragozana. La calle, abarrotada de público.

domingo, 21 de junio de 2026

Jesús ante Caifás: la grisalla de Peliguet del retablo perdido de San Pedro

De cuanto adornó en otro tiempo el altar mayor de Binéfar apenas nos queda esto: una vieja placa de cristal de 13 por 18 centímetros. Sobre ella, en grises de plata, sobrevive una escena de la Pasión que el fuego de 1936 borró del mundo. La cámara de un fotógrafo cojo y tenaz fue lo único que la salvó del olvido.

Un retablo digno de un rey

La antigua iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, cuyo cuerpo gótico comenzó a levantarse hacia 1462, fue durante siglos el corazón artístico de Binéfar. Su altar mayor lo presidía un retablo de gran empeño: la parte escultórica, con una imagen de San Pedro—quizá en alabastro—, se atribuye al taller del gran Damián Forment, el escultor que firmó los retablos del Pilar de Zaragoza, de Poblet o de Santo Domingo de la Calzada. En las alas laterales, una docena de pinturas narraba la vida del apóstol.

Aquel conjunto se cerraba con dos grandes puertas pintadas en claroscuro que se desplegaban para velar el altar durante los días de Semana Santa. Esa costumbre —ocultar el retablo policromado tras imágenes austeras y monocromas en el tiempo penitencial— era habitual en los grandes retablos aragoneses del Quinientos, como ocurría en San Pablo de Zaragoza. Y a esas puertas, o a paneles emparentados con ellas, pertenece la grisalla que hoy comentamos. 

 

Juan Mora Insa - Binéfar
Tabla a grisalla, estilo Renacimiento, atribuida a Tomás Peliguet. Fotografía de Juan Mora Insa (1905–1954).
Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, sig. ES/AHPZ - MF/MORA/002961 · Portal DARA, Gobierno de Aragón.

 

domingo, 14 de junio de 2026

La biblioteca pública de Binéfar en 1963

Las tres imágenes que traemos hoy son tres rincones de la biblioteca pública de Binéfar en 1963, conservadas en el Archivo DARA. Y, sin embargo, dicen mucho a quien sepa mirar.

Lo que se ve en las imágenes

En la primera fotografía domina la gran mesa de lectura, alargada y reluciente, rodeada de sillas de madera. Al fondo, varias estanterías metálicas repletas de libros cubren la pared; a la izquierda, lo que parecen montones de periódicos o revistas encuadernadas aguardan su turno en los anaqueles bajos. Una puerta acristalada da paso a otra sala.

biblioteca pública de Binéfar en 1963

 

domingo, 7 de junio de 2026

Las alfombras florales del Corpus Christi en Binéfar

Cada año, con la llegada de la solemnidad del Corpus Christi, el corazón urbano de Binéfar experimenta una metamorfosis asombrosa. Sus calles y plazas se transforman temporalmente en un tapiz vivo donde confluyen el color, el aroma y un profundo sentido simbólico. Las alfombras florales que engalanan enclaves tan emblemáticos como la Plaza de España y la Plaza de la Litera constituyen una de las tradiciones más singulares, estéticas y queridas de la villa: una genuina manifestación de arte efímero que fusiona la fe, el patrimonio cultural y la participación comunitaria.

Siete décadas tejiendo tradición sobre el asfalto

Esta costumbre cuenta ya con una dilatada y rica trayectoria histórica en la localidad. De acuerdo con las investigaciones y la documentación recopilada a nivel local, la primera alfombra floral documentada en Binéfar se confeccionó en el año 1955, alcanzando en 2025 la simbólica e importante cifra de su setenta aniversario.

Nacida originalmente en el entorno parroquial, la iniciativa ha logrado mantenerse intacta generación tras generación. Este hito ha sido posible gracias al compromiso inquebrantable de voluntarios, familias unidas y diversos colectivos vinculados a la Parroquia de San Pedro Apóstol, quienes custodian este legado año tras año.

Las instantáneas históricas que se conservan en el archivo de este blog —entre las que destacan las correspondientes a la celebración de 1958— demuestran de forma fehaciente que la tradición ya gozaba de un arraigo absoluto apenas tres años después de su debut. 

Aquellas composiciones pioneras exhibían diseños de clara inspiración eucarística. Y aunque se ejecutaban con recursos materiales notablemente más modestos que los actuales, compartían idéntico propósito: engalanar con la máxima dignidad el paso del Santísimo Sacramento durante la solemne procesión.

Un lenguaje de fe hecho flor y hojas

Desde la Parroquia de Binéfar se recuerda de forma constante que el verdadero significado de estas obras trasciende lo puramente ornamental o plástico. Su fin primordial es el de "engalanar las calles y plazas al paso del Santísimo", convirtiendo los elementos de la naturaleza y las paletas cromáticas en una manifestación pública de fe, respeto y acogida comunitaria.

Para lograrlo, la iconografía utilizada sigue un cuidado patrón visual. Los diseños acostumbran a integrar símbolos nítidamente eucarísticos como cáliz, espigas de trigo y racimos de uvas, entrelazados con motivos geométricos y alegorías ligadas a los sacramentos y el sentir cristiano.

A diferencia de otras localidades que han incorporado serrines teñidos o materiales sintéticos, uno de los rasgos de identidad más puros y distintivos de las alfombras binefarenses es su fidelidad histórica a las materias primas naturales. Las piezas se elaboran a base de millones de pétalos de flores frescas y fondos vegetales compuestos por hojas de hiedra y chopo, dispuestas minuciosamente a mano sobre el pavimento. El resultado es un arte efímero en su sentido más estricto: obras de gran envergadura visual destinadas a desvanecerse pocas horas después de nacer, justo en el instante en que la comitiva procesional recorre su trazado.

Alfombra Corpus Christi  Binéfar
Alfombra diseño de José María Gallar (1997) en lateral Plaza España

 

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