Aquel jueves de noviembre la niebla quiso robarle protagonismo a la historia. No lo consiguió. La comitiva llegó tarde, pero llegó. Y Binéfar, engalanada y expectante, recibió al heredero de la Jefatura del Estado en uno de los días más señalados de su memoria colectiva del siglo XX.
Había que remontarse a 1906 para encontrar un precedente de semejante magnitud institucional en nuestra localidad. Aquel año, el rey Alfonso XIII había inaugurado el Canal de Aragón y Cataluña, la gran infraestructura hidráulica que transformó para siempre el paisaje agrario de La Litera y sus comarcas vecinas. Sesenta y cuatro años después, la historia volvía a llamar a la puerta de Binéfar, esta vez con el rostro del entonces príncipe de España, don Juan Carlos de Borbón.
El 12 de noviembre de 1970 quedó inscrito en el almanaque local como jornada de excepción. La Confederación Hidrográfica del Ebro ponía en servicio ese día el embalse de Santa Ana y el canal de enlace que conectaba sus aguas con el Canal de Aragón y Cataluña, completando así el gran sistema de regulación del Noguera Ribagorzana que llevaba décadas en construcción. La obra era monumental: una presa de gravedad de planta curva con 71 metros de altura sobre el río, capacidad para 236 hectómetros cúbicos y un canal de enlace de casi seis kilómetros que garantizaba por fin los caudales que los regantes de la zona venían reclamando con tanta tenacidad desde el siglo anterior.
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Una jornada que comenzó entre nieblas
La comitiva oficial había previsto una agenda apretada que arrancaba en la capital oscense y continuaba en Barbastro, donde el príncipe inauguró la canalización del río Vero. Pero la mañana jugó una mala pasada: la niebla impidió el aterrizaje puntual del avión que trasladaba a don Juan Carlos, y ese retraso inicial marcó el ritmo del resto del día. Pese a ello, la hoja de ruta se mantuvo íntegra.
Desde Barbastro, la comitiva —en la que figuraban el ministro de Obras Públicas y numerosas autoridades civiles, militares y eclesiásticas, entre ellas el obispo de Lérida, don Ramón Malla Call— se dirigió hacia la presa atravesando pueblos engalanados para la ocasión. Tamarite lucía alfombras de flores en sus calles. Alcampel y Castillonroy competían en el fervor del recibimiento. En los márgenes de la carretera, letras grandes proclamaban el sentir popular: "Castillonroy a S.A.R. Príncipe de España. Bienvenido a nuestro término".
En la explanada de la presa, más de tres mil personas aguardaban al heredero de la corona. Allí, el ingeniero Fernando Hué explicó las características de la obra; el obispo de Lérida la bendijo; y los oradores se sucedieron ante una multitud que vitoreaba cada intervención. El delegado del Gobierno en la CHE hizo entrega al príncipe de un artístico álbum que recogía el relato del viaje que su abuelo Alfonso XIII realizara para inaugurar el Canal de Aragón y Cataluña en 1906 —un gesto de continuidad dinástica e hidráulica que no pasó desapercibido—, junto a una medalla conmemorativa. Finalmente, don Juan Carlos pulsó el botón que abrió compuertas y aliviaderos en medio de grandes aclamaciones. Quedaban inaugurados el embalse de Santa Ana y el canal de Enlace.
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Binéfar, último acto y primera plana
Reanudada la marcha, la comitiva se detuvo brevemente en Alfarrás antes de continuar camino hacia Binéfar. Aquí, en la capital de La Litera, esperaba el acto que más directamente nos incumbía: la inauguración de la nueva sede del Sindicato Central de Riegos del Canal de Aragón y Cataluña, la entidad que desde entonces —ya como Comunidad General de Regantes— tiene su domicilio en nuestra localidad, testimonio permanente del papel rector que Binéfar ejerce en la gestión del agua de toda la comarca.
Concluidos los actos protocolarios en la sede, el príncipe y sus acompañantes participaron en el almuerzo que el Sindicato había organizado en el Salón Palermo —espacio hoy desaparecido pero bien presente en la memoria de varias generaciones de binefarenses— para cerca de quinientas personas. A las cinco y media de la tarde, don Juan Carlos y las demás personalidades emprendieron viaje de regreso. Se cerraba así una jornada que difícilmente volvería a repetirse con semejante densidad de Historia con mayúsculas.
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La pancarta y el tiempo que era
Las fotografías conservadas en el Archivo DARA permiten reconstruir visualmente aquel momento con una nitidez que los años no han conseguido borrar del todo. En ellas se aprecia la magnitud del gentío congregado en las calles, el despliegue de autoridades y, sobre todo, un detalle que no precisa de mucha explicación histórica para quien conozca la España de entonces: sobre los edificios, tendida entre fachadas o colgada sobre la multitud, una pancarta rezaba con toda la claridad del mundo:
"Binéfar con Franco y con el Príncipe"
Pocas frases condensan mejor la atmósfera política de aquella España. Estamos en 1970, en plena dictadura, y Juan Carlos de Borbón lleva ya cuatro años designado sucesor de Francisco Franco a título de rey, desde la Ley Orgánica del Estado de 1967. El príncipe era entonces una figura todavía opaca para muchos, vinculada institucionalmente al régimen pero cuyo papel futuro nadie podía prever con certeza. La pancarta no era retórica vacía: era el lenguaje oficial de una época, la expresión de un lealtad doble que el régimen cultivaba con cuidado.
Vista desde el presente, aquella jornada adquiere una dimensión adicional que entonces resultaba imposible de imaginar. El muchacho de treinta y dos años que inauguró compuertas y almorzó en el Palermo sería, cinco años después, el rey que condujo a España por la senda de la transición democrática y a la actual. Pero eso es otra historia. La de aquel 12 de noviembre de 1970 es la historia de un pueblo que salió a la calle, que colgó sus mejores banderas y que recibió a su heredero con la misma determinación con que sus abuelos habían reclamado el canal, y sus padres levantado la posguerra a base de esfuerzo y agua bien administrada.
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El agua como destino
El embalse de Santa Ana no era solo una presa. Era la pieza final de un sistema que nacía en las cumbres pirenaicas, atravesaba la canal de Benasque y terminaba distribuyendo vida por más de 98.000 hectáreas en Aragón y Cataluña. Su canal de enlace, de 5,8 kilómetros —de los cuales 3,6 discurren en túnel—, aportaba en año medio 230 hectómetros cúbicos al Canal de Aragón y Cataluña, resolviendo los históricos estiajes veraniegos que habían sido la pesadilla de generaciones de agricultores. Además, garantizaba el abastecimiento de agua potable a decenas de núcleos de la comarca, incluida la propia ciudad de Lérida.
Para Binéfar, que había sido escenario en 1896 del mítico Mitin del Canal —aquella jornada en que diez mil personas se congregaron para exigir la construcción de la infraestructura que tanto necesitaban—, el 12 de noviembre de 1970 cerraba simbólicamente un ciclo de casi un siglo. El ciclo del agua prometida, conquistada y, al fin, abundante.
Más de medio siglo después, las fotografías del DARA siguen siendo testigos mudos de aquel momento irrepetible. Los que estuvieron allí ya escasean. Pero las imágenes persisten, y con ellas la memoria de un Binéfar que era otro, pero que ya empezaba a ser el que somos.
Fuentes y documentación
- Félix Andreu (CHE): 50 aniversario de la inauguración del embalse de Santa Ana. Blog de la Confederación Hidrográfica del Ebro, noviembre de 2020. Crónica detallada de la jornada del 12 de noviembre de 1970.
- Archivo DARA (Documentos y Archivos de Aragón): Fondos fotográficos de la visita del príncipe a Binéfar, 1970. Consulta en línea.
- Wikipedia: Canal de Aragón y Cataluña · Binéfar.
- Comunidad General de Regantes del Canal de Aragón y Cataluña: Más de cien años de historia. cayc.es.
- CHE / Blog participativo: El Mitin de Binéfar y el Canal de Aragón y Cataluña, septiembre de 2021.
- Revista Somos Litera, diciembre de 2020: reportaje sobre el 50 aniversario del embalse de Santa Ana. (Issuu, Llanos de la Litera.)
- Ayuntamiento de Binéfar: Historia del municipio.








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