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domingo, 1 de noviembre de 2026

Del verso a la obra: el paseo al cementerio de Binéfar

Hoy, día de Todos los Santos, muchos binefarenses haremos el mismo camino de cada año: salir del pueblo por la carretera de San Esteban, con un ramo de flores en la mano, hasta el cementerio. Es un trayecto que hoy se hace sin pensar, pero no siempre fue así. Durante años, ir andando al cementerio significaba compartir un arcén estrecho con los coches. Y hubo una vecina que lo dejó escrito en verso.

Un poema en La Voz de Binéfar (1988)

En el número de octubre-noviembre de 1988 de La Voz de Binéfar, en su página 12, apareció un poema titulado sencillamente «Cementerio de Binéfar», firmado por M.ª Pilar Clavería. Empieza situando el lugar —el camino de San Esteban— y recordando que allí acabaremos todos, por muy listos que nos creamos.

Pero enseguida baja a lo práctico. El cementerio no está lejos, «algo así como un kilómetro», dice la autora; el problema son los coches, que pasan sin parar. Y entonces lanza la petición que da sentido a esta entrada: «Haría falta un paseo / para quienes van andando». Un paseo para ir tranquilos, con flores en las manos, recordando a los suyos.

Camino al cementerio de Binéfar

 

El resto del poema es un pequeño retrato costumbrista de cómo vivía Binéfar el día de Todos los Santos según la edad de cada uno. Los niños van de visita y arman algarabía, porque el cementerio, lleno de flores y ramos, les parece una ermita en fiesta. Los jóvenes van más apenados: allí están sus abuelos, y el lugar les impresiona tanto que prefieren no pensar en él, porque a esa edad la muerte parece fea y lejana. Los de mediana edad van con regularidad, porque ya tienen allí a sus padres y a otros parientes. Y los ancianos lo miran con resignación y con la esperanza de que el final tarde en llegar. Termina con una reflexión sencilla: vivir en paz, hacer el bien, y que quienes vengan detrás puedan decirlo de nosotros.

Aquí tenéis la página original, para leerlo entero tal como se publicó:

Cementerio de Binéfar

Diez años después, el paseo (1998)

La petición tardó, pero llegó. En el número de noviembre de 1998, La Voz de Binéfar publicaba en su sección de obras: «Creado un corredor peatonal para ir al cementerio». Ese año, quienes fueron a visitar las sepulturas de sus difuntos por Todos los Santos lo hicieron ya sin tener que invadir la carretera.

La noticia explicaba el problema con las mismas palabras que podría haber usado el poema: el cementerio, junto a la carretera de San Esteban, tenía un firme muy estrecho, el tránsito de peatones era muy intenso en algunas fechas y por allí pasaban también los cortejos fúnebres, con el consiguiente riesgo de accidente.

La solución fue vecinal. El Ayuntamiento pidió a los propietarios de los terrenos de la margen izquierda de la carretera que cedieran el uso de una franja de unos tres metros de ancho. Todos aceptaron sin problemas, y el periódico dejó constancia de sus nombres: Montserrat Lasheras, Alfonso Ruiz, Antonio Prat, José María Terés, Josefina Romeu, Teresa Ferrer y Carmen Aguarón. El Ayuntamiento invirtió unos dos millones de pesetas en habilitar el corredor y anunciaba que, casi con toda seguridad, acabaría pavimentándose. Según el titular, «los viandantes agradecieron el paso».

La Voz de Binéfar, noviembre 1998

Del verso a la obra

No sabemos si alguien en el Ayuntamiento de 1998 se acordaba del poema de M.ª Pilar Clavería. Probablemente no hizo falta: el problema lo veía cualquiera que subiera al cementerio con unas flores y tuviera que apartarse al paso de un camión. Pero es bonito comprobar cómo, en las páginas de un mismo boletín municipal, una vecina pidió en verso un paseo y diez años después ese paseo apareció como noticia.

Hoy, cuando volvamos a hacer ese kilómetro —con más o menos algarabía, según la edad de cada cual—, quizá merezca la pena acordarse también de los vecinos que cedieron un trozo de su tierra para que pudiéramos hacerlo andando y seguros.

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Fuentes: La Voz de Binéfar, octubre-noviembre de 1988 (pág. 12) y noviembre de 1998 (pág. 4).

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