Hace unos días, al contaros la travesura periodística de «un Binefarense» y su «Programa (no iluso)» para las Fiestas de 1914, se nos quedó una frase pendiente de explicar: la del misterioso Tío Jorge, aquel orador itinerante al que el propio semanario Agricultura atribuía «grandes conferencias» sobre el origen de Binéfar, avisando a sus oyentes de que «no se sulfuraran» si la disertación no les gustaba. Pues bien: rebuscando en ese mismo número del 10 de septiembre de 1914, en la página siguiente a la del programa satírico, hemos encontrado lo que probablemente era el contenido exacto de esas charlas. Firmado sin firma, bajo el sobrio título de «Binefar», hay un artículo que en poco más de media columna despacha el origen del pueblo con un pozo morisco, unos silos de grano y un rey que se enamoró de una puerta de iglesia. Merece la pena contarlo con calma.
«Pocos son los datos históricos que puede proporcionarse la villa de Binefar por no existir archivo»
Así arranca el artículo, con una confesión que probablemente sigue siendo cierta más de un siglo después: Binéfar, a diferencia de otras poblaciones de la comarca con archivo municipal o parroquial más antiguo, no conservaba entonces documentación que permitiera reconstruir su fundación con precisión. Ante ese vacío, el cronista de Agricultura hace lo que ha hecho siempre la memoria de los pueblos sin archivo: tira de tradición oral y de indicios materiales. Y ofrece, a modo de prueba, dos elementos muy concretos que según él «se ven» todavía en 1914.
El primero es un pozo morisco, ya desaparecido y cegado para esas fechas «por causa de ser insolubre por las contínuas filtraciones de las aguas de los riegos», que abastecía de agua a la población desde unos cuatro metros de profundidad y que se situaba junto a las pilas de lavar ropa de entonces, frente a la Balsa de Abajo, es decir en la actual Plaza España. El segundo son los Trojes o Silos para depositar el cereal que, dice el artículo, «todavía se conservan en las calles y plazas públicas»: graneros comunales de una época en la que, según explica el propio cronista, se almacenaba el grano de forma mancomunada para alimentar a todos los vecinos «y evitar en parte el pillaje, pagos y gavelas que se les imponía forzosamente muy amenudo». Con estos dos indicios —el pozo y los silos— el artículo concluye que Binéfar «debía ser fundada por los moros en su reinado por España cuando su invasión». Es, literalmente, la teoría que el «Tío Jorge» exponía en sus conferencias ambulantes: el pueblo tenía, cuando menos, un cronista local dispuesto a ponerla por escrito y tomarla en serio.x
1585: la peste de Monzón, las Cortes de Felipe II y una puerta que se llevaron a El Escorial
La segunda parte del artículo es, con diferencia, la más sorprendente. El texto sitúa en 1585 un episodio muy concreto: «por causa de una enfermedad contagiosa que se desarrolló en Monzón, en donde el Rey Felipe II celebraba cortes, determinó pasar éstas á Binefar; en donde se establecieron hasta su conclusión». No es una fecha inventada al azar: Monzón fue, durante buena parte de los siglos XVI y XVII, sede habitual de las Cortes generales de la Corona de Aragón —Aragón, Valencia y Cataluña reunidos ante el rey—, y la de 1585 fue una de las más largas y concurridas de todo el reinado de Felipe II. Que una epidemia obligara a trasladar temporalmente la corte y su séquito a alguna población cercana no sería, en principio, nada extraordinario en la época: los brotes de peste eran motivo habitual para desplazar cortes, mercados y ferias a poblaciones vecinas consideradas más sanas.
Sea como sea, la leyenda no se conforma con alojar al rey: le busca también una anécdota romántica. Durante su estancia en Binéfar, cuenta el artículo, Felipe II «se enamoró de una de las puertas que cierran el altar mayor de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol en los días de Semana Santa», hasta el punto de llevársela consigo a El Escorial —donde, asegura el cronista de 1914, «todavía se conserva»— y de dejar a cambio en Binéfar «otra parecida». Es el tipo de leyenda que probablemente ya circulaba de boca en boca mucho antes de que nadie la pusiera por escrito: una puerta tallada lo bastante hermosa como para justificar, en la imaginación popular, que se la llevara ni más ni menos que un rey. Si algún lector conserva memoria familiar de esta historia, o sabe de alguna referencia a esa supuesta puerta binefarense en los fondos de El Escorial, este es exactamente el tipo de cabo suelto que nos encantaría atar.
Alcort, la aldea que Binéfar acabó por absorber
El artículo no termina con la puerta y el rey. Añade todavía un tercer dato, este con un rastro material algo más verificable: «En el año 1660 existía todavía una pequeña aldea agregada á Binefar á distancia de tres kilómetros por la parte Oeste que se denominaba Alcort ó Alcorn hoy completamente desaparecida; viéndose claramente sus bestigios y Trojes en el kilómetro ocho del Canal de Zaidín que pasa por dicho sitio». Se trata, con toda probabilidad, del mismo topónimo que hoy conocemos por la ermita de Santa María de Alcort, de la que ya os hablamos en su día: una advocación que sobrevivió muchos siglos después de que el propio núcleo de población se despoblara y quedara absorbido por el término de Binéfar. Leído junto a aquella entrada, el artículo de 1914 aporta un dato que allí no contamos: que todavía a finales del siglo XVII, cien años después de su práctica desaparición como núcleo habitado, quedaban restos visibles —vestigios y trojes— de aquella aldea junto al Canal.
De la agricultura de secano a los riegos: el final inesperado del artículo
El texto cierra con un giro que a un lector de hoy puede sorprenderle, pero que tiene mucho sentido si se recuerda que estaba publicado en un semanario agrícola: «Hasta principios de este siglo, Binefar era tan solo su producción los años que se presentaban buenos; cereales y parte de aceite y vino; hoy día ha cambiado por completo gracias á los riegos del Canal, pues su producción es indefinida por cultivarse de todo». El cronista anónimo, después de bucear en el origen legendario del pueblo, termina reivindicando lo mismo que el resto del periódico llevaba defendiendo número tras número: que la llegada del Canal de Aragón y Cataluña había transformado Binéfar de una población de secano dependiente de las cosechas buenas o malas a un «gran Centro de Contratación y Comercio» en ciernes. Leyenda y actualidad conviviendo, sin transición, en la misma media columna.
Entre la tradición oral y la falta de archivo
Conviene ser honestos con lo que tenemos entre manos: un artículo sin firma, publicado en 1914 por un periódico que él mismo reconocía escribir «por no existir archivo», que mezcla un dato histórico verificable —las Cortes de Felipe II en Monzón, que sí existieron con una hipótesis de origen —la fundación morisca— que la investigación histórica posterior sobre el poblamiento de la comarca no ha confirmado tal cual. Nada de eso, sin embargo, le resta valor como documento: es, hasta donde hemos podido rastrear, uno de los primeros intentos por escrito de explicar de dónde viene Binéfar, hecho por y para binefarenses, en la misma época en que el pueblo discutía asambleas de riegos, sindicatos agrícolas y el trazado de nuevas carreteras. Puede que el «Tío Jorge» de nuestras conferencias ambulantes no tuviera archivo que citar, pero desde luego no le faltaban ganas de contar una buena historia. Ciento doce años después, nosotros solo hemos hecho el trabajo de rescatarla del papel amarillento y devolvérsela al pueblo.
¿Conoces alguna otra versión de esta leyenda, distinta a como la contaban tus abuelos, o sabes de algún documento —parroquial, notarial o de otro tipo— que hable del pozo, de los Trojes o de la aldea de Alcort? Escríbenos; entre todos seguimos completando la biografía de un pueblo que, según parece, nunca tuvo archivo pero sí mucha memoria.
Fuentes
- Agricultura (Binéfar), semanario, Año I, número 25, edición del 10 de septiembre de 1914, sección «Binefar» (sin firma), en el mismo número que el «Programa (no iluso)» de «un Binefarense».
- Ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914, blog Debinéfar.
- Ermitas de Binefar: Virgen Figuera, San Quilez y Julita y Santa María de Alcort, blog Debinéfar.
- Cortes de la Corona de Aragón celebradas en Monzón durante el reinado de Felipe II, especialmente las de 1585, como referencia histórica general del contexto en que se sitúa la tradición recogida por «Agricultura».









