Historia, fotografías antiguas y patrimonio de Binéfar (Huesca). Personajes ilustres, fiestas y memoria de capital de La Litera. Blog semanal desde 2013.
Ramón Muro nos manda este interesante documento en el que se dan las ordenes para organizar el desfile de Fiestas Mayores de Binéfar de 1977.
Un documento muy interesante pues se nombran calles, lugares (kiosco) e instrucciones ( croquis) de cómo se debería llevar a cabo el desfile.
Transcripción:
LUGAR DE CONCENTRACIÓN PARA EL DESFILE
C/ Mariano de PANO (detrás del cuartel) HORA LAS 5 de la tarde del día 14
ORDEN DE SALIDA
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1º . La CHARANGA. A la que seguirán las peñas, primero las que vayan sin carroza, dejando para los últimos lugares a las que hayan construido la suya, a fin de unirse a las de las MAJAS.
2º . La rondalla de la A.C.F. que precederán a la carroza de las infantiles del pasado año.
3º . El Grupo de Yebra de Basa, seguidos de la carroza de las MOZAS del 76.
4º . Las MAJORETTES de la BISBAL, con la carroza de las majas infantiles del 77.
5º . El grupo de RUMBERAS que precederán a las MAJAS mayores del 77
6º . La Rondalla de Veteranos los cuales cerrarán el desfile.
NOTA. Si llega otro grupo que está contratado, se situará detrás del grupo de YEBRA de BASA.
Se iniciará el desfile por la calle Ramón y Cajal, C/Almacellas. C/José Antonio. General Franco y Plaza España. Las peñas rodearán la plaza para entrar en ella por detrás del kiosco; Siguiendo el croquis que hay al dorso. Las carrozas de las peñas se situarán en la calle San Pedro.
La Iª carroza de las MAJAS, se situará frente al B.P.E.
Frente al ayuntamiento, se efectuará una exibición de todos los grupos.
Las MAJAS descenderán de las carrozas y serán acompañadas de un peñista hasta el entarimado, donde el Sr. ALCALDE y AUTORIDADES a medida que las vayan nombrando, les entregarán el ramo de flores y les impondrán las BANDAS siendo proclamadas MAJAS oficialmente.
Después de este acto, los grupos ofrecerán su actuación completa.
Se ruega a todos que se atengan a estas indicaciones ó a otras que se les pudiera dar, para el mejor logro de este desfile.
La historia de la Peña El Tozal comienza en 1976. La semilla se planta en el Chamizo de los Zorris, un grupo de nueve amigos inseparables: Antonio Morillo “Rochet”, Antonio Quintilla, Miguel Benac, Manuel Lana, José Mª Lobera, José Manuel Moliner, Joaquín Mansilla, Jesús Campo y Manuel Murillo “Frasquito”.
Las largas charlas nocturnas en la terraza del Bar La Granja (Avda. de Aragón con Calle Huesca) se convirtieron en el laboratorio de ideas. Allí, en contacto con otros grupos como el chamizo de Los Butacones, encabezado por Ramón Jove, surge la inquietud: ¿y si en vez de un chamizo hacemos una peña oficial?
Con edades en torno a los 21–22 años (todos recién venidos de la mili), deciden dar el paso. Encuentran un almacén en la esquina de la Calle Antonio Sistac con la Avda. de Aragón (antigua tienda de Uralita de Gibanel) y lo transforman en sede festiva: pacas vestidas con telas, barra improvisada, un reservado “para otras cuestiones” y mucho ingenio.
Por su ubicación en lo alto del pueblo, adoptan el nombre de El Tozal. Diseñan un escudo en el que un sol radiante guiña el ojo derecho entre dos tozales y eligen el marrón como color de camiseta.
Cuando en 1976 el Ayuntamiento de Binéfar decidió dar voz y color a la juventud, no sabía que estaba sembrando las semillas de una revolución cultural. Esa primavera surgieron siete peñas: La Gayata, La Kraba, El Tozal, Latacín, Binéfar 77, Cetril, Cascabel. Cada una con identidad propia, forjadas a partir de antiguos chamizos.
Desfile con pancarta "Cantando y bailando, con esta Gayata. Bebiendo y j...ndo y dando la lata"
En 1991, cuando parecía que Binéfar solo tenía hueco para las tres grandes peñas –Tozal, Latacín y Kraba–, aparece Los Barones, la última en nacer... y la primera en desvanecerse.
Un grupo de catorce colegas del Chamizo “Los Barones”, situado en la calle Primero de Mayo (junto a la clínica), decide dar el salto de local informal a peña formal. Aquellos fundadores tenían apodos de lo más pintoresco:
Carlos Boren “Charly”
Javier Palacio “Larry”
Alberto Allepuz
Alfredo Aguarón “Gamba”
Víctor Villalba “Fontanero”
José Ma Cosials
Modesto Torres
Salvador Sancho
José Ma Córdoba “Goyo”
Ángel y Javier Senach
Ángel Rodríguez
Luis José Solana
Jesús Luna
Charly Boren, tras las fiestas de 1990, lanza la idea: “¿Por qué no formamos una peña llamada Los Barones?”. A varios les gusta la idea y se ponen manos a la obra.
De chamizo a peña: pasos iniciales
La idea es clara: replicar actividades de peñas emergentes (como La Kraba), pero dejando su propia huella. Primero, hacen un sondeo durante la fiesta anual del chamizo, consiguiendo 100 firmas de apoyo: un golpe de realidad: la peña tenía futuro si lograba convencer a más gente. Se acercan a otras juntas peñistas pidiendo consejo. En julio de 1991, abren preinscripciones y se lanzan a una campaña boca‑oreja (“bis a bis”) en pubs y cafés. Así empiezan a captar adeptos.
En 1976 un comunicado del Ayuntamiento animando a los jóvenes de Binéfar a asociarse hizo nacer, de golpe, siete peñas. Medio siglo después, en las fiestas de 2026, solo tres de aquella generación fundacional —El Tozal, El Latacín y La Kraba— siguen en pie, y vuelven a ser protagonistas: su cincuentenario preside este año el cartel oficial de fiestas. Para celebrarlo desde este blog, rescatamos una joya del archivo audiovisual de Florencio Molins: el desfile de carrozas de 2001, precisamente el año en que aquellas mismas peñas cumplían su primer cuarto de siglo. Vamos a esos años.
Os animamos a buscaros en el vídeo entre el público o en medio del desfile con tu peña.
FELICES FIESTAS DE BINÉFAR
FELIZ 50 ANIVERSARIO PEÑAS DE BINÉFAR
Ayuntamiento de Binéfar Fiestas Mayores 2001
1976: un comunicado municipal que multiplicó las fiestas
Para entender lo que se cumple este año hay que retroceder cincuenta años, no veinticinco. Corría 1976 cuando el Ayuntamiento de Binéfar hizo público un comunicado animando a los jóvenes del pueblo a organizarse en asociaciones para dar más vida a las fiestas patronales. La respuesta fue inmediata y desbordante: aquel mismo año nacieron, casi de golpe, siete peñas: El Cascabel, El Abadejo, La Gayata, El Rosigón, El Tozal, el Latacín —que arrancó llamándose Toli-Toli— y La Kraba.
De aquella explosión fundacional, la mayoría no sobrevivió ni un lustro. El Abadejo, nacida de la fusión de varios chamizos, fue la más numerosa el primer año, con más de doscientos socios, pero las desavenencias internas la redujeron a solo treinta y seis en 1977 y acabó disolviéndose. El Rosigón resistió algo más, de 1976 a 1988, creciendo de 84 a 350 socios bajo la presidencia de Joaquín Pano Maynar e inventando en 1982 la célebre «Gymkhana Humorístico-Popular». La Gayata, con Carlos Camañes al frente y ciento diez socios el primer año, quedó tercera en el concurso de carrozas de 1978, pero un desacuerdo sobre si financiar o no actividades deportivas acabó disolviéndola ese mismo año; buena parte de sus socios recalaron en El Tozal.
Solo tres peñas de aquella camada de 1976 llegaron con vida a nuestros días: El Tozal, El Latacín y La Kraba. Son, precisamente, las que este 2026 cumplen cincuenta años y las que este blog quiere homenajear.
El Tozal, el Latacín y la Kraba: tres nombres, un mismo cuarto de siglo
El Tozal surgió del chamizo Los Zorris, con socios de veintiuno y veintidós años. Bajo el liderazgo de Antonio «el Rochet», destacó desde el principio por su capacidad organizativa y su poder de convocatoria, llegando a superar los doscientos socios. Fueron, según cuenta la memoria peñista, «la importancia de las cenas» y la creación en los años ochenta de su propia charanga, «Pepe Palomeque y sus tozaleros», los rasgos que más la definieron.
El Latacín nació con el nombre de Toli-Toli —una expresión local que viene a significar jaleo, algarabía o jarana— antes de adoptar definitivamente su nombre actual. Su primer presidente fue Enrique Murillo y contó con ochenta y tres socios fundadores, en su mayoría chavales que jugaban juntos al fútbol en categorías inferiores. El anagrama de la peña, una planta de latacín de hojas anchas y tallo lechoso, tomó su nombre de un apodo con el que uno de los fundadores, José Ibarz «Camperol», solía llamar en broma al árbitro de los partidos. Con camiseta blanca y fajín verde desde el origen, el Latacín ganó ya en 1978 su primera carroza premiada y participó activamente, año tras año, en el desfile, cosechando numerosos premios tanto de carroza como de animación.
La Kraba salió del chamizo «Las Siete Jotas» bajo la presidencia de José Manuel Abenoza, con jóvenes de catorce a dieciséis años. Empezó con noventa y seis socios y llegó a rozar los cuatrocientos en 1991, un crecimiento notable que la convirtió en una de las peñas de referencia de las fiestas binefarenses, con sus «cenas desorganizadas» y sus actuaciones de versiones musicales como sello de identidad durante los años ochenta y noventa.
Alrededor de estas tres peñas se organizó también, en abril de 1977, la Asociación de Peñas Binefarenses (APEBIN), presidida por Ramón Jové y nacida, en palabras de sus fundadores, para «llenar el hueco recreativo, deportivo y cultural existente en el momento en nuestro pueblo». APEBIN fue determinante durante más de una década, hasta que se disolvió en enero de 1988 por problemas financieros y desvinculaciones internas. Con altibajos, sin embargo, El Tozal, El Latacín y La Kraba siguieron ahí, fiesta tras fiesta, hasta llegar —y esto es lo que hoy nos ocupa— a su primer gran aniversario redondo: el veinticinco cumpleaños de 2001.
2001: cuando las peñas cumplieron su primer cuarto de siglo
Veinticinco años después de aquel comunicado municipal de 1976, las fiestas mayores de Binéfar de 2001 —del 12 al 16 de septiembre— se organizaron ya pensando en las peñas como eje central del programa. Lo explicaba sin rodeos el entonces concejal de Fiestas y Actos Populares, Jerónimo Pueyo, en una entrevista publicada en La Voz de Binéfar de septiembre de aquel año: ese ejercicio se suprimían los actos taurinos y las vaquillas de la mañana —«no hay una respuesta grande del público si no es el viernes y el sábado, y tampoco es exagerada», razonaba— para reforzar con ese presupuesto la calidad de las orquestas y el capítulo musical. Y añadía, sobre el porqué de fondo de aquellas fiestas: «estos festejos estarán marcados por el vigésimo quinto aniversario de la creación de las peñas, las grandes protagonistas de las fiestas durante el último cuarto de siglo».
El propio arranque de las fiestas lo dejó claro. El chupinazo del miércoles 12 de septiembre, encendido por el alcalde desde el balcón del Ayuntamiento, fue precedido por el pregón de fiestas mayores, que ese año pronunciaron —al alimón, entre las tres— las peñas locales Kraba, Latacín y Tozal. Durante los cinco días de fiesta, según recogía la crónica de La Voz de Binéfar de octubre, «los locales [de las peñas] estuvieron atestados de público todas las madrugadas festivas y sus representantes estuvieron presentes en los más importantes actos del programa oficial», protagonismo que arrancó ya con el desfile de carrozas y que se prolongó en actos tan arraigados como la ofrenda floral al Santo Cristo de los Milagros.
El veinticinco aniversario tuvo, además, un capítulo propio dentro del Pórtico Cultural que cada año abre las fiestas. Aquel 2001 el Pórtico se inauguró bajo el título «El Pórtico Cultural se abre con los 25 años de la peña La Kraba», y su programación incluyó, el sábado 1 de septiembre, una velada en la Lonja de Binéfar dedicada expresamente a los «25 años Peña La Kraba y Fiestas de Binéfar». Días después, el 7 de septiembre, se presentó en el salón de plenos el libro «25 años de la peña La Kraba y las fiestas de Binéfar», escrito por Ramón Muro y Sergio Isábal: novecientas horas de trabajo entre los dos autores, ochenta entrevistas, más de tres mil fotografías revisadas de hemeroteca y un resultado final de trescientas veintiocho páginas, trescientas fotografías y un CD con canciones emblemáticas de la peña. Aquel mismo Pórtico Cultural de 2001 completó su programa con la X Muestra de Folclore, el X Mercado Medieval —amenizado por el grupo Pingaliraina— y la representación de «Manolito Gafotas» a cargo de Ados Teatroa.
Cinco días de fiesta, un cuarto de siglo de peñas
El programa oficial de aquellas fiestas de 2001, publicado por el Diario del Alto Aragón el mismo 12 de septiembre, permite reconstruir día a día cómo fue aquel aniversario:
Miércoles 12. Por la tarde, comparsa de gigantes y cabezudos y feria gratuita para los menores de doce años. A las siete, el gran desfile de carrozas —del que hablamos con más detalle en el siguiente apartado— seguido del pregón al alimón de Kraba, Latacín y Tozal y el chupinazo inaugural. Por la noche, verbena en la plaza de España con la orquesta Atalaia y, a las 24:30 horas, el plato fuerte de la jornada: concierto gratuito de Amaral en la propia plaza de España, una de las voces del pop español del momento.
Jueves 13. Vuelos cautivos en globo aerostático, pasacalles, el espectáculo infantil de «La Radio al Sol» y baile de tarde con la orquesta Blanes.
Viernes 14, día de la Cruz Roja y de la Ofrenda Floral. Misa baturra en la parroquia de San Pedro Apóstol, interpretada por la Escuela Municipal de Jota, seguida de la ofrenda floral al Santo Cristo de los Milagros —abierta por el alcalde en nombre de la Corporación y continuada por las Majas de 2001 y por todo el público que quiso sumarse—. Ese año fueron Majas Mayores Marta Perellón, Gema Cortés y Arantxa Semeli, acompañadas de las Majas Infantiles Judit Carrasquer, Lucía Torrens, Carla Chaverri y Alicia Rodellar. La jornada incluyó también el homenaje a la tercera edad, la tradicional carrera pedestre y, ya de madrugada, el macroconcierto del Recinto Ferial con Coyote Dax, con «De Noche» como teloneros.
Sábado 15. Carrera de burros, tirada social y almuerzo de hermandad en el campo de tiro del Romeral, exhibición de aeromodelismo, simultáneas de ajedrez con el maestro internacional Jesús Barón, carrera ciclista «Villa de Binéfar» y, por la noche, concierto de La Mosca —el grupo de moda de aquel verano— con Caramband de teloneros.
Domingo 16, Entierro de la Sardina. Exhibición de coches de radiocontrol, ajedrez a la ciega, el espectáculo de variedades del humorista Manolo de Vega y, a las dos de la madrugada, la tradicional quema de fuegos artificiales que cerraba las fiestas, acompañada del entierro de la sardina con la charanga Festival y la participación de las peñas y de todo el público.
La víspera de todo esto, el 11 de septiembre, tenía también su propio ritual: la jornada de «La Radio al Sol», la colaboración entre el área de festejos del consistorio y Cadena Dial Binéfar que cada año marcaba el ambiente prefestivo con hinchables y actuaciones infantiles en la plaza de España desde primera hora, el veterano programa «Café con pólvora» de Cadena SER Aragón al mediodía, presentado por Plácido Serrano, y grupos locales sobre el escenario —el año anterior había tocado «El chaval de la pecà» y el precedente «Melón Diésel»—, todo ello como preámbulo del concierto de Amaral con el que arrancaban, ya de lleno, las fiestas.
No todo fue una fiesta redonda. La propia crónica de La Voz de Binéfar de octubre de 2001, bajo el titular «Las peñas cumplieron 25 años», recogía también la sombra que se cernió sobre el último día: el accidente pirotécnico con el que se cerraron los festejos dejó quince heridos, dos de ellos graves. «Afortunadamente —añadía la crónica— todos ellos se están recuperando bien de sus heridas, aunque en algunos casos las secuelas psicológicas tardarán más tiempo en cicatrizar que las quemaduras o las fracturas». Aquel susto, de hecho, marcaría en los años siguientes la manera de organizar los fuegos artificiales de las fiestas de Binéfar, que acabarían trasladándose primero al Recinto Ferial y, ya en fechas mucho más recientes, a la azotea del Ayuntamiento.
El desfile que inmortalizó Florencio Molins
Es precisamente ese desfile de carrozas del miércoles 12 de septiembre de 2001 el que recoge el vídeo que abre esta entrada. Por las calles Tamarite, Batalla de Lepanto, San José Artesano, San Quílez, San José de Calasanz, Aragón, plaza de España y San Pedro desfilaron aquel atardecer, entre charangas y comparsas, la Unidad de Caballería, los gigantes y cabezudos, la Escuela Municipal de Jota, el grupo de majorettes y banda de cornetas y tambores, la carroza de las Majas Infantiles 2000-2001 y la de las Majas Mayores, y —protagonistas del aniversario— las tres carrozas de las peñas que cumplían veinticinco años: la carroza de la Peña El Tozal, la de la Peña El Latacín y la de la Peña la Kraba, cada una escoltada por su propia charanga. Ver hoy esas imágenes es, en cierto modo, ver a las mismas tres peñas que este 2026 soplan las velas de su cincuentenario, veinticinco años más jóvenes.
De 2001 a 2026: medio siglo después
Cincuenta años después de aquel comunicado municipal de 1976, El Tozal, El Latacín y La Kraba vuelven a ser, una vez más, el eje de las fiestas de Binéfar. El cartel oficial de este 2026 —obra ganadora de la diseñadora Maria-Stefania Rizescu— representa a las peñas a través de sus camisetas, «porque constituyen uno de los elementos más característicos de las fiestas y simbolizan el sentimiento de pertenencia e identidad», en palabras de la propia autora. El concejal de Actos Populares y Festejos, César Pardos, lo resumía con satisfacción: el cartel «ha hecho un guiño especial a las peñas, con sus camisetas… en su 50 aniversario», junto a otros elementos tradicionales como el paloteau y los gigantes. El programa de este año incluye incluso un pasacalles el 11 de septiembre con expresa alusión a los cincuenta años de las peñas.
De aquellas siete peñas nacidas de un comunicado municipal en 1976 solo tres llegaron vivas a su veinticinco aniversario, y esas mismas tres son las que hoy, en 2026, llegan a los cincuenta. Entre medio, un vídeo casero, una carroza por peña, un pregón compartido y una fiesta que —salvo el susto del último día— salió, en palabras de la prensa de entonces, «en un ambiente relajado». Que se cumplan muchos más.
Sobre el autor del vídeo: Florencio Molins
El desfile de carrozas de 2001 que ilustra esta entrada pertenece al archivo audiovisual de Florencio Molins, vecino de Binéfar que durante años, cámara en mano, dejó constancia de la vida festiva y cotidiana del pueblo: fiestas patronales, ofrendas florales, desfiles, actos institucionales y cuanto sucedía en las calles de Binéfar merecía, para él, quedar grabado. Su labor discreta y constante convirtió su archivo particular en una auténtica memoria visual de varias décadas de vida local —de él se conserva, por ejemplo, otra grabación suya de la ofrenda floral de 1991—. En 2016, consciente del valor de ese material, Florencio Molins donó al Ayuntamiento de Binéfar y posteriormente al Cellit alrededor de quinientas horas de filmografía que recogen cerca de veinte años de historia local, un archivo que hoy permite a este blog, y a otras iniciativas de recuperación de la memoria de la comarca, recuperar imágenes como las de este desfile de hace ya un cuarto de siglo. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento por su paciencia de aficionado y por su generosidad al poner esas grabaciones al servicio de todo el pueblo.
La Peña Chaplin (1984) fue una peña que aunó juventud con camiseta blanca y silueta de Charlot.
Nuestra serie sobre las peñas tradicionales de Binéfar continúa con una de las más efímeras y curiosas: la Peña Chaplin, que solo llegó a existir durante las fiestas de 1984, pero dejó su impronta entre los jóvenes del momento.
Un proyecto joven e inclusivo
La idea nace desde APEBIN, que desde 1983 ya contemplaba la creación de una sección infantil o juvenil destinada a gente muy joven que no se integraba en ninguna de las peñas existentes. Ese año constan en las actas de la agrupación los primeros movimientos para articular una nueva iniciativa festiva.
A través de Carlos Gavin, se contacta con Laura Noguero, quien junto a un grupo de amistades coordina en 1984 la formación de la peña. El modelo elegido era un chamizo grande, apto para unas 90‑100 personas de entre 14 y 18 años; una imagen ideal para canalizar la energía juvenil en un formato festivo propio.
En el verano de 1977, mientras los más madrugadores llenaban las calles con estruendo y fiesta ininterrumpida, un grupo de matrimonios jóvenes y de mediana edad decidió vivir de otra forma las fiestas patronales: mudados de fiesta, en horario de tarde y noche, con música para bailar, lugares para relajarse, y un ambiente cuidado. Así nació Binéfar 77, llamada en aquel entonces como la “peña de los casaus”.
Hablar de Los Chamizos es hablar del origen vivo y auténtico de las celebraciones de Binéfar. Antes de que hubiera peñas —Tozal, Latacín, La Kraba, Binéfar 77, Cetril, Rosigón, Gayata, Chaplin, Abadejo, Cascabel, Barones…— estaban esos pequeños refugios improvisados: corrales, almacenes, bajos de las casas convertidos en chamizos desperdigados por el pueblo. Locales efímeros, cargados de risas, clandestinidad juvenil… y chispa.
Hoy, esa chispa se ha encendido todavía más: los Interchamizos han reunido lo mejor de todos aquellos chamizos de siempre para organizar una verbena única, rondas, premios Baininos, música, amistad entre peñas y juventud desenfrenada —incluso una carroza común—, adorando el espíritu festivo de Binéfar con una energía renovada.
La historia de la Kraba en sus primeros años nos
muestra la esencia de lo que significa ser peñista: ilusión,
amistad y un espíritu festivo que convirtió a un grupo de chavales
en una referencia imborrable de las fiestas de Binéfar. Sus
camisetas azul turquesa, sus bombos incansables y aquel corral
transformado en local social son solo el principio de un relato que
aún hoy sigue latiendo en cada fiesta.
Corría el año 1976 y en Binéfar la palabra “peña” no se había institucionalizado aún como hoy la conocemos. En ese contexto, nació El ROSIGÓN, una peña que no solo fue pionera, sino también rompedora y muy suya. Tanto, que fue la única que funcionó fuera de APEBIN, la asociación que agrupó al resto de peñas binefarenses tras sus primeras fiestas.
Separadas en el tiempo pero no en el espacio, estas dos instantaneas nos muestran la Plaza España de Binéfar después del desfile y durante un espectáculo.
Fotografías del archivo de Ramón Muro. Esperamos os gusten.
Desde aquí animaros una vez más a compartir la página de facebook y el blog, así como a colaborar con material. Gracias
La Peña El Cetril nació en mayo de 1977, apenas un año después de las primeras peñas formadas en 1976: La Gayata, La Kraba, El Tozal, Latacín, Binéfar 77 y Cascabel. Su nombre hace referencia a un 𝗯𝗼𝘁𝗶𝗷𝗼 — en aragonés “cetril” significa precisamente eso — y su anagrama lo representaba claramente: un botijo dibujado.
Peñistas del Cetril en las vaquillas
Detalle de la segunda camiseta de 1978.
A diferencia de otras que surgieron de chamizos tradicionales, El Cetril no deriva de ninguno de ellos. Nace directamente del Club Montaski, ligado a la Organización de la Juventud Española (O.J.E.), con perfiles jóvenes que venían de actividades de montaña y de raíz religiosa, por ello nunca llegó a integrarse en la estructura “clásica” de peñistas de Binéfar.
La Peña Latacín forma parte del corazón festivo de Binéfar desde 1976. Nacida inicialmente con el nombre de Toli-Toli, pronto adoptó la identidad que la acompañaría hasta hoy: camiseta blanca, fajín verde y mucho espíritu peñista. Con una trayectoria llena de anécdotas, tradiciones taurinas y carrozas premiadas, el Latacín se ha consolidado como una de las grandes referencias de las Fiestas Mayores.
Orígenes de la Peña Latacín (1976) y primer nombre: Toli-Toli
El Latacín es una de las siete peñas primitivas que nacen en el año 1.976, aunque inicialmente adopta el nombre de TOLI-TOLI, que por entonces era una expresión empleada en esta zona para querer decir: jaleo, algarabía ó jarana. Este nombre, sólo se utiliza en las primeras fiestas e incluso en algunos documentos se alterna con el de Latacín.
Durante el tiempo que el nombre es Toli-Toli, el anagrama es un policía que sujeta a uno que intenta escaparse.