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domingo, 23 de agosto de 2026

Ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914

Continuamos con nuestra serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar. Al igual que el año pasado dedicamos un especial a las peñas de Binéfar, este mes de agosto y septiembre queremos acercarnos a nuestras fiestas desde otra perspectiva: recordando algunos de sus actos, historias y curiosidades, así como esos momentos que, con el paso de los años, han ido formando parte de la memoria colectiva de Binéfar.

Cada mes de agosto, cuando el calor aprieta y el Ayuntamiento cuelga el cartel en la fachada de la Casa Consistorial, se repite en Binéfar el mismo titular de siempre: ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar. Concursos en peñas, charangas, el desfile, la ofrenda al Santo Cristo, verbenas hasta la madrugada. Un ritual que lleva más de un siglo repitiéndose, año tras año, con más o menos globos y más o menos orquesta. Lo que no imaginábamos es que, hurgando en las páginas del periódico "Agricultura"  de hace ciento doce años, íbamos a encontrar otro «ya se conocen los actos de las Fiestas de Binéfar»: uno que nunca se llegó a celebrar tal cual, porque su autor no tenía la menor intención de que se celebrara. Era, sencillamente, una travesura periodística.

Un «Binefarense» con mucha retranca

El periódico Agricultura, editado en Binéfar en la calle Ruata, números 4 y 5, dedicaba buena parte de sus páginas a precios del trigo, injertos de vid y asambleas de regantes del Canal de Aragón y Cataluña ya que ese era su cometido. Pero también tenía hueco, número tras número, para la crónica local firmada por un colaborador que nunca dio su nombre: se hacía llamar, sencillamente, «un Binefarense». Es la misma voz que por aquellos años despachaba con sorna los asuntos del pueblo —el estado de las calles, los achaques del Ayuntamiento, la eterna espera de las aguas potables— con un estilo que oscilaba entre la queja vecinal y la ironía fina.

El 10 de septiembre de 1914, a las puertas de las Ferias y Fiestas de aquel año, «un Binefarense» se sacó de la manga su pieza más lograda: un «PROGRAMA (no iluso)» para los festejos, que el periódico publicó «tal como se detalla», es decir, copiado literalmente de lo que —según la broma— circulaba por el pueblo. El paréntesis ya lo advierte todo: no iluso, no ilusorio, no de mentira… y sin embargo, tampoco cierto. Un programa que se leía como una crónica de fiestas y funcionaba, en realidad, como una lista de quejas con matasellos de humor.

El programa que Binéfar nunca tuvo (o que tuvo todos los años)

La gracia del texto está en su formato: imita al detalle los programas de fiestas de la época, con sus horarios solemnes, sus «Corporaciones y primeros contribuyentes» y sus inauguraciones oficiales. Solo que, en vez de fuegos artificiales y cabezudos, lo que se «inaugura» son los problemas de siempre.

Dejamos aquí parte del contenido comentado y más abajo en esta misma entrada el texto completo. 

13 de septiembre: la limpieza que nunca llegaba

El programa arranca con toda la pompa: «Por la mañana limpieza general de todas las calles y plazas de la población. Por la tarde inauguración de las Ferias y Fiestas.» Una limpieza general convertida en el primer acto festivo del programa dice, sin decirlo, que esa limpieza no era precisamente una costumbre asentada en el calendario municipal.

14 de septiembre: del «foco de infección» a la plazuela con nombre ilustre

Aquí la sátira afila más el lápiz. El «Binefarense» anuncia que, con la solemnidad debida y «asistencia de Corporaciones y primeros contribuyentes», serán trasladadas las pilas de lavar la ropa «al camino ancho de Lérida, cerca de la finca de D. Antonio Esteve», y que el sitio, una vez desinfectado, se convertirá en «una hermosa plazuela» —bautizada, además, con el nombre de «un preclaro hijo de Binefar»— en el lugar que hasta entonces había sido, según sus propias palabras, «el foco de infección más grande del pueblo». Y remata la jornada devolviendo a su sitio los tradicionales tiros de flecha al blanco y juegos de feria que, año tras año, «eran un estorbo al paso de la Carretera, frente la fonda de D. Miguel Marco». Bajo la ironía, una descripción exacta de las quejas vecinales de 1914: lavaderos insalubres, calles sin urbanizar y casetas de feria que cortaban el paso de los carros por la carretera principal.

15 de septiembre: la Balsa de Arriba, «tan sinvergüenza»

El tercer día es, sin duda, el más mordaz. Para «coronar» las fiestas, toda la representación del pueblo —«quizás con la presidencia de algún señor Inspector de Sanidad é Higiene que vendrá exprofeso»— se dirigirá en procesión hasta la célebre Balsa de Arriba, de la que se abastecía de agua para beber toda la población, con el fin de desaguarla y limpiarla, «ya que se ha puesto tan sinvergüenza que cada dos por tres, se sube encima del camino y arrastra hacia su fondo todo lo que quiere, aumentando más y más lo que depositado ya tiene de muchos años á esta parte». La solución, remata el programa con retintín, es no volver a llenarla «hasta que esté completamente limpia y saneada». Quien conozca la historia de esta balsa urbana —la misma que hoy ocupa la plaza Hipólito Bitrián y que ya contamos en la entrada dedicada a la Balsa Vieja o Balsa de Arriba— reconocerá enseguida el problema: un depósito de agua potable en pleno casco urbano, sin garantías sanitarias, que llevaba «muchos años» arrastrando suciedad sin que nadie —hasta esta sátira— se atreviera a decirlo tan claro. 


 
Actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914
Actos de las Fiestas de Binéfar... de 1914

La ironía como forma de periodismo local

Leído de corrido, el «Programa (no iluso)» de 1914 funciona como una auténtica lista de reivindicaciones vecinales disfrazada de cartel de fiestas: unos lavaderos indignos, unas casetas de feria mal ubicadas y un depósito de agua para el consumo humano en estado lamentable. Nada de esto es nuevo en el periodismo de provincias de la época —la ironía como forma de crítica municipal era un recurso habitual en la prensa local de todo el país—, pero pocas veces se hace con tanta gracia y tanta precisión de detalle: nombres propios (D. Antonio Esteve, D. Miguel Marco), lugares exactos (el camino ancho de Lérida, la Balsa de Arriba) y ese punto de exageración —«tan sinvergüenza»— que convierte una queja municipal en una pequeña pieza de humor costumbrista. Ciento doce años después, sigue leyéndose con una sonrisa. Y, para quien conozca el Binéfar de hoy, con la sospecha de que algunas quejas de nuestros abuelos no eran tan distintas de las que se leen, cada agosto, en cualquier grupo vecinal de WhatsApp o Facebook.

Periódico Agricultura Binéfar 

Detrás de la sátira, las noticias que sí eran ciertas

El «Programa (no iluso)» no termina con la Balsa de Arriba. A continuación, «un Binefarense» añade una serie de notas sueltas, con el mismo formato de aviso oficial —«Otra.—», como si fueran más puntos del programa— pero que en realidad son un batiburrillo de humor, rumor y actualidad muy seria. Vistas de cerca, dicen más sobre la Binéfar de 1914 de lo que parece a primera vista.

La primera es casi un chiste inocente: «Durante estos días habrá músicas para todos los gustos en diferentes sitios de la población.» Pero la que viene justo después ya no tiene ninguna gracia, aunque se cuente con el mismo tono desenfadado: «Para que no haya ocasión de repetirse lo de Tudela se ha acordado que en lugar de los fuegos artificiales, la Sociedad Eléctrica ilumine en donde comprenda y crea más conveniente.» «Lo de Tudela» era, para cualquier lector de 1914, una herida todavía abierta: apenas seis semanas antes, el 28 de julio, la explosión de un artefacto pirotécnico —el llamado «volcán de la Martinica»— en la Plaza de los Fueros de Tudela se había cobrado la vida de once personas durante sus fiestas de Santa Ana. Que Binéfar decidiera sustituir los fuegos artificiales por iluminación eléctrica no era ninguna broma: era una medida de seguridad real, tomada en caliente, mencionada aquí casi de pasada, entre chiste y chiste.

La siguiente nota vuelve al tono de guasa, pero retrata a un personaje que debía de ser bien conocido en el pueblo: «Durante estos días tendrán lugar en diferentes sitios de la población grandes conferencias por un señor que le llaman el Tio Jorge (recomendando mucha calma á sus oyentes para que no se sulfuren y tengan un mal rato si no les gusta la disertación).» Un orador itinerante, de esos que recorrían los pueblos con charlas de sobremesa, y con el aviso de «mucha calma» a los oyentes es puro costumbrismo: intuimos que el Tío Jorge era de los que caldeaban el ambiente más de la cuenta.

Pero la nota más reveladora, con diferencia, es la última: «Debido al estado de ánimos tan acabado en que se encuentra toda Europa, no se permitirá durante estos días la visita de los locales públicos, como son, el Hospital, las Escuelas, Casa la villa y Matadero, evitando así que alguien levante el plano de los mismos.» Corría septiembre de 1914 y Europa llevaba apenas un mes en guerra: Austria-Hungría había declarado la guerra a Serbia a finales de julio y, en cuestión de días, las grandes potencias se habían enzarzado en lo que sería la Primera Guerra Mundial. Aquel verano, una auténtica fiebre de espías se extendió por media Europa: se sospechaba de cualquier forastero con una cámara o un cuaderno de notas, por miedo a que estuviera «levantando planos» para el enemigo. España se mantuvo neutral, pero el eco de aquella paranoia llegó, en clave de humor, hasta la Casa Consistorial, el Hospital y el Matadero de Binéfar. Que un pueblo de La Litera bromeara con que sus vecinos pudieran confundir el granero municipal con un objetivo militar da la medida de hasta qué punto la actualidad europea, aunque lejana, se colaba en la conversación de las fiestas de un pueblo pequeño.

El propio «Binefarense» cierra su crónica con un último guiño, dirigido a su director: «Sr. Director ¿firmo? no se que hacer; ya que mi firma le causa molestia en lectura de artículos y recibo de anónimos; en fin ¿me dá usted su permiso?... ¡Sí..! muchas gracias, pues sentiría mucho el negar su paternidad.» Y así, entre la ironía de la Balsa de Arriba, el miedo real a otra tragedia como la de Tudela y el eco distante de una guerra que empezaba en Europa, el pueblo se quedó, una vez más, sin saber el nombre verdadero de su cronista más mordaz.

 

De la sátira de un vecino a las peñas y APEBIN: cien años de «actos» de fiestas

Esta entrada continúa la serie que empezamos hace unos días dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar, la misma en la que ya contamos la visita de los Danzantes de Huesca en 1947. Entre aquel «programa no iluso» de un vecino anónimo y las fiestas que hoy conocemos hay un siglo entero de historia, pero también un hilo conductor: la fiesta como espejo del pueblo, sea para lo solemne —como la devoción al Santo Cristo de los Milagros—, sea para lo desenfadado. En 1914 todavía faltaban más de sesenta años para que nacieran las primeras peñas tal y como las conocemos hoy: aquellos chamizos improvisados de los años setenta de los que surgieron agrupaciones como La Kraba, El Tozal, Latacín o Binéfar 77, la mayoría agrupadas bajo APEBIN, la asociación que desde entonces coordina buena parte del programa festivo —salvo la Peña El Rosigón, que siempre prefirió ir por libre—. Sin ellas no habría concurso de peñas, ni carrozas, ni charangas como Los Tozaleros, ni tampoco actividades tan variopintas como el motocross que APEBIN llegó a organizar en la sierra de San Quílez.

Pero antes de las peñas, antes de APEBIN, antes incluso de que existiera un cartel oficial de fiestas tal y como hoy lo entendemos, ya había un binefarense con vena satírica capaz de convertir los problemas del pueblo en un programa de fiestas imaginario. Puede que, al final, esa sea la tradición festiva más antigua de todas: la de reírse un poco de uno mismo mientras se espera a que lleguen, de verdad, los fuegos artificiales.

Ya sabéis, compartir es vivir, también desde la ironía y en redes sociales. 

Texto íntegro de la nota publicada:

 Ferias y Fiestas

Como sé Sr. Director que V. está muy ocupado y falto de salud para que pueda estar de día y de noche á caza de noticias para nuestros queridos lectores, me he dedicado durante unos días á saber que es lo que se hacía de fiestas, y por fin, después de mucho andar y husmear he podido dar con el secreto que se llevan unos cuantos respetables señores, que quieren darnos una gran sorpresa, y que á fé, de llevarla á cabo, creo se recibirían el aplauso unánime de todos los vecinos de Binefar.

Esto es, lo que se detalla en el gran programa de Ferias y Fiestas que se proyecta para este año y que copio literalmente:

PROGRAMA (no iluso) para las Ferias y Fiestas de Binefar durante los días 13, 14 y 15 de Septiembre de 1914.

DIA 13. — Por la mañana limpieza general de todas las calles y plazas de la población. Por la tarde inauguración de las Ferias y Fiestas.

DIA 14. — Por la mañana, á primera hora y con asistencia de Corporaciones y primeros contribuyentes, serán trasladadas las pilas de lavar las ropas al camino ancho de Lérida, cerca de la finca de D. Antonio Esteve, y se procederá á la limpieza y desinfección completa de dicho sitio, convirtiéndose en una hermosa plazuela lo que hasta ahora ha sido el foco de infección más grande del pueblo.

Por la tarde inauguración de dicha plazuela, poniéndole el nombre de un preclaro hijo de Binefar, y á continuación podrán instalarse todos los tiros de flecha al blanco y juegos de azar que se presentan todos los años, y que siempre eran un estorbo al paso de la Carretera, frente la fonda de D. Miguel Marco.

DIA 15. — Para coronación de las fiestas en este día, se reunirán igual que el anterior toda la representación del pueblo (quizás con la presencia de algún señor Inspector de Sanidad é Higiene que vendrá exprofeso), y todos juntos se pasarán á la célebre «Balsa de arriba», que abastece la población para beber; desaguando la misma, ya que se ha puesto tan sinvergüenza que cada dos por tres, se sube encima del camino y arrastra hacia su fondo todo lo que quiere, aumentado más y más lo que depositado ya tiene de muchos años á esta parte; no volviendo á llenarla hasta que esté completamente limpia y saneada.

Notas. — Durante estos días habrá músicas para todos los gustos en diferentes sitios de la población.

Otra. — Para que no haya ocasión de repetirse lo de Tudela se ha acordado que en lugar de los fuegos artificiales, la Sociedad Eléctrica ilumine en donde comprenda y crea más conveniente.

Otra. — Durante estos días tendrán lugar en diferentes sitios de la población grandes conferencias por un señor que le llaman el Tío Jorge (recomendando mucha calma á sus oyentes para que no se sulfuren y tengan un mal rato si no les gusta la disertación).

Otra. — Debido al estado de ánimos tan acabado en que se encuentra toda Europa, no se permitirá durante estos días la visita de los locales públicos, como son, el Hospital, las Escuelas, Casa la villa y Mazeio, evitando así que alguien levante el plano de los mismos.

Agricultura, 10/09/1914.

Fuentes

  • Agricultura (Binéfar), semanario, Año III, edición del 10 de septiembre de 1914, sección de crónica local firmada por «un Binefarense», con el «Programa (no iluso) para las Ferias y Fiestas de Binefar durante los días 13, 14 y 15 de Septiembre de 1914».
  • La Balsa Vieja o Balsa de Arriba en 1922, blog Debinéfar.
  • Los Danzantes de Huesca bailaron en Binéfar en 1947, blog Debinéfar.
  • El Santo Cristo de los Milagros de Binéfar: historia, devoción y celebración, blog Debinéfar.
  • Los Chamizos: de donde brotan las peñas y late el corazón de nuestras fiestas, La Kraba: los primeros pasos de una gran peña, Peña El Tozal de Binéfar, Peña Latacín, Binéfar 77 y Peña El Rosigón, blog Debinéfar.

Si tus abuelos te contaron alguna vez cómo eran de verdad aquellas fiestas de principios del siglo XX, o conservas algún programa antiguo de las fiestas de Binéfar, escríbenos o deja un comentario.


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