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domingo, 2 de agosto de 2026

Ladrillera San Quílez. La Bóbila de Binéfar en SIPCA

Ya hablamos en su día de la Bóbila de Binéfar y del barrio que creció a su sombra. Hoy volvemos sobre ella con un documento distinto: la ficha oficial del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA), que cataloga el edificio bajo el nombre técnico de Ladrillera San Quílez y permite completar, con precisión de inventario, lo que la memoria oral del pueblo ya nos había contado.

La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.



La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.

Dos fábricas, una misma memoria

Conviene aclarar algo que se presta a confusión: en Binéfar hubo dos ladrilleras, no una, y ambas se conocieron popularmente como "la bóbila".

La primera se levantó en 1924 en la calle Tejería, dando nombre al barrio que la rodeó. La promovió Próspero Montousse Jacomed, un experto francés en hormigón armado que había llegado a Binéfar para trabajar en las obras del Sifón del Sosa y que acabó casándose con Carmen Ortiz Oncins, hija de un tejero local. Montousse se asoció con su suegro, José Ortiz Alegre, y con sus cuñados Miguel y Antonio, para fundar la fábrica. Contaba con un horno tipo Hoffmann, de cocción continua, y extraía la arcilla de la cantera Montousse. En 1930 producía 480 toneladas anuales de ladrillo y teja. Tras la muerte de Miguel Ortiz en la Guerra Civil, la fábrica cambió de manos varias veces: la modernizó Sebastián Bernard en 1934 (molinos, trituradoras, cortadores automáticos) y en 1952 pasó a Antonio Arasanz Amal y José Mª Ortiz Juste, que la rebautizaron como Antigua Cerámica de Binéfar. Esta es, según nuestras propias fuentes, la fábrica que hoy ha desaparecido por completo.

Ladrillera Calle Tejería
 Ladrillera Calle Tejería 


La segunda se construyó en 1949 junto a la carretera de Tamarite. La fundó Antonio Pueyo Gil bajo el nombre de Moderna Cerámica, con un horno de 300 m³ capaz de producir 20.000 piezas diarias. En 1956 cambió de propietario y de nombre, pasando a llamarse Ladrillera San Quílez —el nombre con el que la registra oficialmente el SIPCA pero que no concuerda pues en realidad las fotos son de la del barril Tejería—, actividad que se documenta hasta hacia 1983. La memoria local añade un capítulo posterior: bajo la propiedad de Rafael y Mariano Coscojuela, la fábrica siguió funcionando hasta su venta en 1985 cuando se vendió a los actúales propietarios y el recinto se reconvirtió en granja. 

Estado actual  Ladrillera San Quilez
Estado actual granjas. Ladrillera San Quilez 

Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez
Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez 

Las familia propietarias sigue llamando a los edificios según su función dentro de la ladrillera: El horno, la Galletera,…

Lectura arquitectónica; anatomía de una tejería de principios del XX (Calle Tejería) 

La ficha del SIPCA permite una lectura técnica muy precisa del edificio superviviente en la fecha de realización de la bovila de la calle Tejería aunque la mal denomina Ladrillera San Quilez. Se trata de una construcción de planta rectangular, levantada en ladrillo visto combinando aparejo flamenco sencillo en unas zonas e isódomo en otras —es decir, alternando el despiece decorativo propio de la tradición cerámica aragonesa con hiladas más regulares, según la función estructural de cada paño—, y cubierta a doble vertiente con teja.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar 

Uno de los lados largos del edificio presenta un zócalo alto rematado por cinco vanos rectangulares; el lado opuesto se resuelve como un porche abierto sostenido por cinco pilares, probablemente destinado al secado y almacenaje de las piezas antes de la cocción, protegidas de la lluvia pero ventiladas. En uno de los lados cortos se abren dos grandes bocas de carga, resueltas en arco escarzano rebajado y de gran profundidad —auténticos túneles—, con la rosca del arco marcada por ladrillos dispuestos radialmente: por ahí se introducían las piezas crudas y se extraían ya cocidas.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Horno 

Pero el elemento verdaderamente identificativo, el que convierte a estas fábricas en hito del paisaje, es la chimenea de ladrillo que se eleva sobre el conjunto. Su función no era decorativa sino estrictamente térmica: en un horno de tipo Hoffmann, la combustión se desplazaba de forma continua por una serie de cámaras en anillo, y la chimenea central generaba el tiro necesario para mantener esa combustión constante, permitiendo cocer sin interrupción y aprovechar el calor residual de una cámara para precalentar la siguiente. Es la misma lógica que explica la silueta de las viejas ladrilleras de todo el valle del Ebro: un volumen horizontal, alargado y de baja altura, dominado por una única chimenea vertical.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Chimenea 

¿Qué queda hoy?

De la bóbila de la calle Tejería, la más antigua, no queda nada más que el nombre del barrio, algún edificio reutilizado y el recuerdo de sus vecinos. De la de la carretera de Tamarite, la Ladrillera San Quílez, se reconvirtió hace décadas, (se compró por la familia actualmente propietaria en 1985)  en explotación agropecuaria. Entre el inventario técnico del SIPCA y la memoria oral recogida en este blog hay pequeños desajustes de fechas —normales cuando se cruzan el archivo y el recuerdo— que quizá algún lector con vínculos familiares en Tejerías pueda ayudarnos a afinar. Como siempre, los comentarios están abiertos para eso.

Más entradas sobre la Bóbila y el Barrio de Tejerías en este blog

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