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domingo, 13 de septiembre de 2026

1976-2026: cincuenta años de peñas en Binéfar

 En 1976 un comunicado del Ayuntamiento animando a los jóvenes de Binéfar a asociarse hizo nacer, de golpe, siete peñas. Medio siglo después, en las fiestas de 2026, solo tres de aquella generación fundacional —El Tozal, El Latacín y La Kraba— siguen en pie, y vuelven a ser protagonistas: su cincuentenario preside este año el cartel oficial de fiestas. Para celebrarlo desde este blog, rescatamos una joya del archivo audiovisual de Florencio Molins: el desfile de carrozas de 2001, precisamente el año en que aquellas mismas peñas cumplían su primer cuarto de siglo. Vamos a esos años.

Os animamos a buscaros en el vídeo entre el público o en medio del desfile con tu peña.

FELICES FIESTAS DE BINÉFAR

FELIZ 50 ANIVERSARIO PEÑAS DE BINÉFAR 

Ayuntamiento de Binéfar Fiestas Mayores 2001
Ayuntamiento de Binéfar Fiestas Mayores 2001

1976: un comunicado municipal que multiplicó las fiestas

Para entender lo que se cumple este año hay que retroceder cincuenta años, no veinticinco. Corría 1976 cuando el Ayuntamiento de Binéfar hizo público un comunicado animando a los jóvenes del pueblo a organizarse en asociaciones para dar más vida a las fiestas patronales. La respuesta fue inmediata y desbordante: aquel mismo año nacieron, casi de golpe, siete peñas: El Cascabel, El Abadejo, La Gayata, El Rosigón, El Tozal, el Latacín —que arrancó llamándose Toli-Toli— y La Kraba.

De aquella explosión fundacional, la mayoría no sobrevivió ni un lustro. El Abadejo, nacida de la fusión de varios chamizos, fue la más numerosa el primer año, con más de doscientos socios, pero las desavenencias internas la redujeron a solo treinta y seis en 1977 y acabó disolviéndose. El Rosigón resistió algo más, de 1976 a 1988, creciendo de 84 a 350 socios bajo la presidencia de Joaquín Pano Maynar e inventando en 1982 la célebre «Gymkhana Humorístico-Popular». La Gayata, con Carlos Camañes al frente y ciento diez socios el primer año, quedó tercera en el concurso de carrozas de 1978, pero un desacuerdo sobre si financiar o no actividades deportivas acabó disolviéndola ese mismo año; buena parte de sus socios recalaron en El Tozal.

Solo tres peñas de aquella camada de 1976 llegaron con vida a nuestros días: El Tozal, El Latacín y La Kraba. Son, precisamente, las que este 2026 cumplen cincuenta años y las que este blog quiere homenajear.

El Tozal, el Latacín y la Kraba: tres nombres, un mismo cuarto de siglo

El Tozal surgió del chamizo Los Zorris, con socios de veintiuno y veintidós años. Bajo el liderazgo de Antonio «el Rochet», destacó desde el principio por su capacidad organizativa y su poder de convocatoria, llegando a superar los doscientos socios. Fueron, según cuenta la memoria peñista, «la importancia de las cenas» y la creación en los años ochenta de su propia charanga, «Pepe Palomeque y sus tozaleros», los rasgos que más la definieron.

Peña Tozal


El Latacín nació con el nombre de Toli-Toli —una expresión local que viene a significar jaleo, algarabía o jarana— antes de adoptar definitivamente su nombre actual. Su primer presidente fue Enrique Murillo y contó con ochenta y tres socios fundadores, en su mayoría chavales que jugaban juntos al fútbol en categorías inferiores. El anagrama de la peña, una planta de latacín de hojas anchas y tallo lechoso, tomó su nombre de un apodo con el que uno de los fundadores, José Ibarz «Camperol», solía llamar en broma al árbitro de los partidos. Con camiseta blanca y fajín verde desde el origen, el Latacín ganó ya en 1978 su primera carroza premiada y participó activamente, año tras año, en el desfile, cosechando numerosos premios tanto de carroza como de animación.

Peña Latacin 

La Kraba salió del chamizo «Las Siete Jotas» bajo la presidencia de José Manuel Abenoza, con jóvenes de catorce a dieciséis años. Empezó con noventa y seis socios y llegó a rozar los cuatrocientos en 1991, un crecimiento notable que la convirtió en una de las peñas de referencia de las fiestas binefarenses, con sus «cenas desorganizadas» y sus actuaciones de versiones musicales como sello de identidad durante los años ochenta y noventa.

Peña La Kraba 

Alrededor de estas tres peñas se organizó también, en abril de 1977, la Asociación de Peñas Binefarenses (APEBIN), presidida por Ramón Jové y nacida, en palabras de sus fundadores, para «llenar el hueco recreativo, deportivo y cultural existente en el momento en nuestro pueblo». APEBIN fue determinante durante más de una década, hasta que se disolvió en enero de 1988 por problemas financieros y desvinculaciones internas. Con altibajos, sin embargo, El Tozal, El Latacín y La Kraba siguieron ahí, fiesta tras fiesta, hasta llegar —y esto es lo que hoy nos ocupa— a su primer gran aniversario redondo: el veinticinco cumpleaños de 2001.

Orden Desfile Fiestas Mayores de Binéfar 1977
Orden Desfile Fiestas Mayores de Binéfar 1977

 

2001: cuando las peñas cumplieron su primer cuarto de siglo

Veinticinco años después de aquel comunicado municipal de 1976, las fiestas mayores de Binéfar de 2001 —del 12 al 16 de septiembre— se organizaron ya pensando en las peñas como eje central del programa. Lo explicaba sin rodeos el entonces concejal de Fiestas y Actos Populares, Jerónimo Pueyo, en una entrevista publicada en La Voz de Binéfar de septiembre de aquel año: ese ejercicio se suprimían los actos taurinos y las vaquillas de la mañana —«no hay una respuesta grande del público si no es el viernes y el sábado, y tampoco es exagerada», razonaba— para reforzar con ese presupuesto la calidad de las orquestas y el capítulo musical. Y añadía, sobre el porqué de fondo de aquellas fiestas: «estos festejos estarán marcados por el vigésimo quinto aniversario de la creación de las peñas, las grandes protagonistas de las fiestas durante el último cuarto de siglo».

El propio arranque de las fiestas lo dejó claro. El chupinazo del miércoles 12 de septiembre, encendido por el alcalde desde el balcón del Ayuntamiento, fue precedido por el pregón de fiestas mayores, que ese año pronunciaron —al alimón, entre las tres— las peñas locales Kraba, Latacín y Tozal. Durante los cinco días de fiesta, según recogía la crónica de La Voz de Binéfar de octubre, «los locales [de las peñas] estuvieron atestados de público todas las madrugadas festivas y sus representantes estuvieron presentes en los más importantes actos del programa oficial», protagonismo que arrancó ya con el desfile de carrozas y que se prolongó en actos tan arraigados como la ofrenda floral al Santo Cristo de los Milagros.

El veinticinco aniversario tuvo, además, un capítulo propio dentro del Pórtico Cultural que cada año abre las fiestas. Aquel 2001 el Pórtico se inauguró bajo el título «El Pórtico Cultural se abre con los 25 años de la peña La Kraba», y su programación incluyó, el sábado 1 de septiembre, una velada en la Lonja de Binéfar dedicada expresamente a los «25 años Peña La Kraba y Fiestas de Binéfar». Días después, el 7 de septiembre, se presentó en el salón de plenos el libro «25 años de la peña La Kraba y las fiestas de Binéfar», escrito por Ramón Muro y Sergio Isábal: novecientas horas de trabajo entre los dos autores, ochenta entrevistas, más de tres mil fotografías revisadas de hemeroteca y un resultado final de trescientas veintiocho páginas, trescientas fotografías y un CD con canciones emblemáticas de la peña. Aquel mismo Pórtico Cultural de 2001 completó su programa con la X Muestra de Folclore, el X Mercado Medieval —amenizado por el grupo Pingaliraina— y la representación de «Manolito Gafotas» a cargo de Ados Teatroa.

 

Cinco días de fiesta, un cuarto de siglo de peñas

El programa oficial de aquellas fiestas de 2001, publicado por el Diario del Alto Aragón el mismo 12 de septiembre, permite reconstruir día a día cómo fue aquel aniversario:

Miércoles 12. Por la tarde, comparsa de gigantes y cabezudos y feria gratuita para los menores de doce años. A las siete, el gran desfile de carrozas —del que hablamos con más detalle en el siguiente apartado— seguido del pregón al alimón de Kraba, Latacín y Tozal y el chupinazo inaugural. Por la noche, verbena en la plaza de España con la orquesta Atalaia y, a las 24:30 horas, el plato fuerte de la jornada: concierto gratuito de Amaral en la propia plaza de España, una de las voces del pop español del momento.

Jueves 13. Vuelos cautivos en globo aerostático, pasacalles, el espectáculo infantil de «La Radio al Sol» y baile de tarde con la orquesta Blanes.

Viernes 14, día de la Cruz Roja y de la Ofrenda Floral. Misa baturra en la parroquia de San Pedro Apóstol, interpretada por la Escuela Municipal de Jota, seguida de la ofrenda floral al Santo Cristo de los Milagros —abierta por el alcalde en nombre de la Corporación y continuada por las Majas de 2001 y por todo el público que quiso sumarse—. Ese año fueron Majas Mayores Marta Perellón, Gema Cortés y Arantxa Semeli, acompañadas de las Majas Infantiles Judit Carrasquer, Lucía Torrens, Carla Chaverri y Alicia Rodellar. La jornada incluyó también el homenaje a la tercera edad, la tradicional carrera pedestre y, ya de madrugada, el macroconcierto del Recinto Ferial con Coyote Dax, con «De Noche» como teloneros.

Sábado 15. Carrera de burros, tirada social y almuerzo de hermandad en el campo de tiro del Romeral, exhibición de aeromodelismo, simultáneas de ajedrez con el maestro internacional Jesús Barón, carrera ciclista «Villa de Binéfar» y, por la noche, concierto de La Mosca —el grupo de moda de aquel verano— con Caramband de teloneros.

Domingo 16, Entierro de la Sardina. Exhibición de coches de radiocontrol, ajedrez a la ciega, el espectáculo de variedades del humorista Manolo de Vega y, a las dos de la madrugada, la tradicional quema de fuegos artificiales que cerraba las fiestas, acompañada del entierro de la sardina con la charanga Festival y la participación de las peñas y de todo el público.

Fiestas Binéfar 2001

 

La víspera de todo esto, el 11 de septiembre, tenía también su propio ritual: la jornada de «La Radio al Sol», la colaboración entre el área de festejos del consistorio y Cadena Dial Binéfar que cada año marcaba el ambiente prefestivo con hinchables y actuaciones infantiles en la plaza de España desde primera hora, el veterano programa «Café con pólvora» de Cadena SER Aragón al mediodía, presentado por Plácido Serrano, y grupos locales sobre el escenario —el año anterior había tocado «El chaval de la pecà» y el precedente «Melón Diésel»—, todo ello como preámbulo del concierto de Amaral con el que arrancaban, ya de lleno, las fiestas.

 



 No todo fue una fiesta redonda. La propia crónica de La Voz de Binéfar de octubre de 2001, bajo el titular «Las peñas cumplieron 25 años», recogía también la sombra que se cernió sobre el último día: el accidente pirotécnico con el que se cerraron los festejos dejó quince heridos, dos de ellos graves. «Afortunadamente —añadía la crónica— todos ellos se están recuperando bien de sus heridas, aunque en algunos casos las secuelas psicológicas tardarán más tiempo en cicatrizar que las quemaduras o las fracturas». Aquel susto, de hecho, marcaría en los años siguientes la manera de organizar los fuegos artificiales de las fiestas de Binéfar, que acabarían trasladándose primero al Recinto Ferial y, ya en fechas mucho más recientes, a la azotea del Ayuntamiento.

El desfile que inmortalizó Florencio Molins

Es precisamente ese desfile de carrozas del miércoles 12 de septiembre de 2001 el que recoge el vídeo que abre esta entrada. Por las calles Tamarite, Batalla de Lepanto, San José Artesano, San Quílez, San José de Calasanz, Aragón, plaza de España y San Pedro desfilaron aquel atardecer, entre charangas y comparsas, la Unidad de Caballería, los gigantes y cabezudos, la Escuela Municipal de Jota, el grupo de majorettes y banda de cornetas y tambores, la carroza de las Majas Infantiles 2000-2001 y la de las Majas Mayores, y —protagonistas del aniversario— las tres carrozas de las peñas que cumplían veinticinco años: la carroza de la Peña El Tozal, la de la Peña El Latacín y la de la Peña la Kraba, cada una escoltada por su propia charanga. Ver hoy esas imágenes es, en cierto modo, ver a las mismas tres peñas que este 2026 soplan las velas de su cincuentenario, veinticinco años más jóvenes.

 

De 2001 a 2026: medio siglo después

Cincuenta años después de aquel comunicado municipal de 1976, El Tozal, El Latacín y La Kraba vuelven a ser, una vez más, el eje de las fiestas de Binéfar. El cartel oficial de este 2026 —obra ganadora de la diseñadora Maria-Stefania Rizescu— representa a las peñas a través de sus camisetas, «porque constituyen uno de los elementos más característicos de las fiestas y simbolizan el sentimiento de pertenencia e identidad», en palabras de la propia autora. El concejal de Actos Populares y Festejos, César Pardos, lo resumía con satisfacción: el cartel «ha hecho un guiño especial a las peñas, con sus camisetas… en su 50 aniversario», junto a otros elementos tradicionales como el paloteau y los gigantes. El programa de este año incluye incluso un pasacalles el 11 de septiembre con expresa alusión a los cincuenta años de las peñas.

De aquellas siete peñas nacidas de un comunicado municipal en 1976 solo tres llegaron vivas a su veinticinco aniversario, y esas mismas tres son las que hoy, en 2026, llegan a los cincuenta. Entre medio, un vídeo casero, una carroza por peña, un pregón compartido y una fiesta que —salvo el susto del último día— salió, en palabras de la prensa de entonces, «en un ambiente relajado». Que se cumplan muchos más.


Sobre el autor del vídeo: Florencio Molins


El desfile de carrozas de 2001 que ilustra esta entrada pertenece al archivo audiovisual de Florencio Molins, vecino de Binéfar que durante años, cámara en mano, dejó constancia de la vida festiva y cotidiana del pueblo: fiestas patronales, ofrendas florales, desfiles, actos institucionales y cuanto sucedía en las calles de Binéfar merecía, para él, quedar grabado. Su labor discreta y constante convirtió su archivo particular en una auténtica memoria visual de varias décadas de vida local —de él se conserva, por ejemplo, otra grabación suya de la ofrenda floral de 1991—. En 2016, consciente del valor de ese material, Florencio Molins donó al Ayuntamiento de Binéfar y posteriormente al Cellit alrededor de quinientas horas de filmografía que recogen cerca de veinte años de historia local, un archivo que hoy permite a este blog, y a otras iniciativas de recuperación de la memoria de la comarca, recuperar imágenes como las de este desfile de hace ya un cuarto de siglo. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento por su paciencia de aficionado y por su generosidad al poner esas grabaciones al servicio de todo el pueblo.

¡¡ Garcias Florencio ¡¡¡ 

Florencio Molins 

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Fuentes

- Programa de fiestas de Binéfar 2001, Diario del Alto Aragón, 12 de septiembre de 2001, p. 24.
- La Voz de Binéfar, Boletín Informativo Municipal, números de julio-agosto, septiembre y octubre de 2001 (Excmo. Ayuntamiento de Binéfar).
- Recorte de prensa local de 2001, «"La Radio al Sol" marca el ambiente previo a las fiestas con espectáculo», José Luis Paricio.
- Ayuntamiento de Binéfar, Reseña histórica de las Peñas de Binéfar.
- «La Gayata (1976-1978). Peña de Binéfar», Binéfar Blog Histórico.
- «Peña Latacín: de Toli-Toli a referente de las Fiestas de Binéfar», Binéfar Blog Histórico.
- «Fuegos artificiales en Fiestas de Binéfar: del Toro de Fuego a la azotea del Ayuntamiento», Binéfar Blog Histórico.
- «Las peñas, en su 50 aniversario, protagonistas del cartel de las fiestas mayores de Binéfar», La Litera Información.
- «Florencio Molins dona a Binéfar 500 horas de filmografía que recogen 20 años de historia local», Gente con ganas de vivir (ganasdevivir.es), marzo de 2016.
- «Nuevo vídeo en nuestro canal de YouTube. Fiestas patronales de Binéfar, 1991», Cellit.
- Vídeo y fotografías: archivo de Florencio Molins, cedidas para esta entrada.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Fuegos artificiales en Fiestas de Binéfar: del Toro de Fuego a la azotea del Ayuntamiento

Continuamos con nuestra serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar. Al igual que el año pasado dedicamos un especial a las peñas de Binéfar, este mes de agosto y septiembre queremos acercarnos a nuestras fiestas desde otra perspectiva: recordando algunos de sus actos, historias y curiosidades, así como esos momentos que, con el paso de los años, han ido formando parte de la memoria colectiva de Binéfar.

 Hay un sonido que cierra, año tras año, las Fiestas Mayores de Binéfar: el de la traca final. Pero detrás de esos pocos minutos de luz y ruido hay una historia mucho más larga y accidentada de lo que parece —en el sentido literal de la palabra—, con nombres de piezas que hoy suenan a otra época, un accidente grave que lo cambió todo, años sin fuegos por falta de un lugar seguro y, finalmente, una azotea municipal convertida en la solución. Repasamos los fuegos artificiales de Binéfar de principios a fin.

El Toro de Fuego de 1977 y las granadas japonesas de 1982

Las páginas de La Voz de Binéfar, el boletín local que se viene publicando desde 1969, conservan algunas de las piezas pirotécnicas con nombre propio que iluminaron las fiestas de los años setenta y ochenta. En 1977, el programa anunciaba para el cierre de fiestas una «GRAN TRACA Y FUEGOS DE ARTIFICIO CON UN TORO DE FUEGO de fin de Fiestas, por la Pirotecnia La Zaragozana, de Zaragoza», con la propia empresa contratada citada por su nombre. Cinco años después, en 1982, el festival infantil de fiestas incluía «cucañas, juegos, lanzamiento de globos calientes, granadas japonesas y chocolatada con traca final», mientras que el cierre oficial de la edición se resolvía, como era costumbre, con una «Gran quema de fuegos artificiales con traca final anunciando el final de las fiestas». Toro de fuego, granadas japonesas, traca final: nombres que hoy apenas se usan pero que formaban parte del vocabulario festivo cotidiano de aquellas décadas.

Ya en 1916, el semanario Agricultura recogía el rumor y el programa oficial de un espectáculo pirotécnico para las fiestas de Binéfar —contado con más detalle en otra entrada de esta misma serie dedicada a las Fiestas Patronales—, así que la tradición de cerrar septiembre con pólvora tiene, como mínimo, más de un siglo de recorrido documentado.

2001: la noche en que algo salió mal

El 17 de septiembre de 2001, durante los fuegos artificiales de las Fiestas Mayores, una jaula que sostenía tres cañones pirotécnicos volcó sobre el suelo y disparó de forma repentina dos carcasas. Una de ellas impactó contra un vehículo estacionado y rebotó hacia el público que contemplaba el espectáculo. Gracias a la rápida intervención de la Guardia Civil, la Policía Local y los servicios de emergencia, el coche no llegó a explotar, pero el impacto dejó cinco personas heridas, dos de ellas de gravedad, entre ellas una niña de doce años del pueblo y una joven de Alcampell que tuvo que ser intervenida de urgencia. El entonces alcalde de Binéfar, explicó que el Ayuntamiento recurrió a la Guardia Civil para investigar lo ocurrido al comprobar que el consistorio no disponía de medios propios para determinar el origen del fallo, que se atribuyó a un problema en una de las carcasas.

No es agradable recordar un suceso así, pero conviene contarlo porque explica, de forma directa, todo lo que vino después: durante los siguientes veinticinco años, la localización y el formato de los fuegos de Binéfar no dejarían de cambiar, siempre con la seguridad como prioridad.

La Algodonera y la larga búsqueda de un lugar seguro

Ya en las fiestas de 2002, apenas un año después del accidente, la colección de fuegos artificiales se trasladó al Recinto Ferial de la Algodonera, con todos los disparos programados en modalidad aérea «para facilitar su tránsito» y evitar cualquier proyección hacia el público. El cambio de ubicación se acompañó de un mensaje que se repetiría, casi palabra por palabra, en los programas de fiestas durante toda la década siguiente: «Los fuegos se pueden ver mejor desde lejos porque todos son aéreos». Entre 2004 y 2010, la fórmula se mantuvo estable, con la «quema de una espectacular colección aérea de fuegos artificiales en la zona abierta del Recinto Ferial» como cierre de fiestas, normalmente unida al entierro de la sardina protagonizado por las peñas.

Pero la normativa de seguridad pirotécnica se fue endureciendo, y en 2012 llegó la noticia que nadie esperaba. La Voz de Binéfar lo tituló sin rodeos: «Los fuegos se suspenden por falta de ubicación apropiada». La concejalía de Fiestas explicaba que, tras buscar alternativas, no había sido posible encontrar un emplazamiento que cumpliese las nuevas exigencias de seguridad. Un año después, en 2013, los fuegos seguían suspendidos —«suspendidos desde hace dos años», recogía la publicación—, y el concejal de Festejos buscaba «algún espectáculo de fin de fiestas muy visual» que pudiera sustituirlos. Binéfar, sencillamente, se había quedado sin un lugar donde tirar sus fuegos artificiales con garantías.

2016: el retorno, esta vez desde la azotea del Ayuntamiento

La solución llegó en 2016, y fue tan ingeniosa como reveladora del cambio de mentalidad tras el accidente de 2001. El concejal de Actos Populares y Tradiciones, presentó ese año la recuperación del espectáculo pirotécnico como novedad principal de las fiestas, pero con una salvedad importante: no se trataba de «fuegos artificiales al uso», sino del lanzamiento, desde la azotea de la propia Casa Consistorial, de cartuchos de bajo calibre —menos de 50 milímetros— pensados para lograr «un espectáculo de luz y color». Se recomendaba contemplarlo desde la plaza de España o la calle Lérida, y se estableció un cordón de seguridad de veinticinco metros alrededor del edificio municipal durante el disparo.

fuegos artificiales al uso», sino del lanzamiento, desde la azotea de la propia Casa Consistoria 

La revista Somos Litera recogió el estreno con entusiasmo al cerrar la crónica de aquellas fiestas: entre los titulares del año —la lluvia en el desfile de carrozas, el doble pregón de Máximo López, el concierto del grupo 091— se incluía «el retorno de los fuegos artificiales», con esta valoración: «los fuegos artificiales, también llamados oficialmente espectáculo pirotécnico, lanzados desde la azotea del edificio consistorial. Por tradición, ese acto tiene su encanto (...) Su recuperación ha sido un acierto a tenor del comentario que uno podía escuchar tras el último cohete». Así nació, en 2016, la fórmula que Binéfar sigue empleando hoy: fuegos desde el propio Ayuntamiento, con perímetro de seguridad y calibre reducido, muy distintos en escala a los de las carcasas de gran formato que protagonizaron el accidente de 2001, pero fieles a la misma cita anual con el pueblo.

Hasta hoy

La fórmula estrenada en 2016 se ha mantenido en los años siguientes. En las fiestas de 2024, el programa oficial confirmaba de nuevo el «espectáculo pirotécnico con fuegos artificiales que se lanzarán desde el Ayuntamiento» como broche final del día grande, tras el festival de jotas en la plaza España. Casi cincuenta años después del Toro de Fuego de 1977 y veintitrés después de aquella noche de 2001 que lo cambió todo, Binéfar sigue cerrando sus fiestas con pólvora —solo que ahora, desde el balcón de su propio Ayuntamiento y con la seguridad muy presente en cada detalle del espectáculo.

Si alguien conserva programas de fiestas antiguos donde aparezcan otras piezas pirotécnicas con nombre, fotografías o recuerdos de aquellos años sin fuegos, este blog —que sigue con la serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar, la misma en la que ya contamos el origen de los chamizos y las peñas— tiene mucho interés en escucharlo: escríbenos o deja tu comentario.


  Binefar, fuegos artificiales 2024. Dron Peti

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Fuentes

  • La Voz de Binéfar, boletín local, números de septiembre de 1977, 1982, 2002, 2004-2010, 2012 y 2013.
  • Agricultura (Binéfar), semanario, edición del 15 de septiembre de 1916.
  • Un fallo en la carcasa, posible causa del accidente en los fuegos artificiales de Binéfar, Aragón Digital, 17 de septiembre de 2001.
  • Cinco heridos al estallar una carcasa de fuegos artificiales en Huesca, ABC, 17 de septiembre de 2001.
  • Huesca. Cinco personas resultan heridas en un accidente pirotécnico, Prevention World, 18 de septiembre de 2001.
  • Binéfar contará con un espectáculo pirotécnico para clausurar las fiestas patronales, Somos Litera, 8 de septiembre de 2016.
  • Las Fiestas de Binéfar cierran edición a ritmo de unos renovados fuegos artificiales, Somos Litera, 19 de septiembre de 2016.
  • Las Fiestas de Binéfar de 2024 se vivirán en el centro, El Cruzado, 29 de agosto de 2024.

domingo, 30 de agosto de 2026

Cabezudos de Binéfar: de los cuatro originales de 1914 al mural de la calle Tamarite

Continuamos con nuestra serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar. Al igual que el año pasado dedicamos un especial a las peñas de Binéfar, este mes de agosto y septiembre queremos acercarnos a nuestras fiestas desde otra perspectiva: recordando algunos de sus actos, historias y curiosidades, así como esos momentos que, con el paso de los años, han ido formando parte de la memoria colectiva de Binéfar.

Hay un momento de las Fiestas Mayores de Binéfar que no falla nunca, año tras año, generación tras generación: el pasacalles inaugural, cuando los gigantes y los cabezudos salen a la calle y los más pequeños —y no tan pequeños— corren detrás con la mezcla exacta de miedo y risa que solo ellos saben provocar. Pocas tradiciones festivas tienen una vida tan larga en Binéfar. De hecho, esta historia empieza mucho antes de lo que casi nadie recuerda: en 1914, con el sobrante de una feria.

1914: cuatro cabezudos comprados con lo que sobró de una feria

El semanario Agricultura, editado en Binéfar en la calle Ruata, recogía en su número del 10 de agosto de 1914 un pequeño artículo titulado «Antaño y Hogaño» que resulta ser, hasta donde hemos podido documentar, la primera referencia escrita a unos cabezudos propiedad del pueblo. El texto recordaba que las fiestas «en grande escala» de Binéfar habían sido impulsadas años atrás por el entonces alcalde D. Vicente Dotu, y que aquella primera edición había resultado «explendidísima», dejando un balance económico tan saneado que, una vez pagados todos los gastos, sobraron 235 pesetas con 45 céntimos. ¿En qué se invirtió ese remanente? En palabras del propio periódico, en «los cuatro Enanos ó Cabezudos que se compraron con sus correspondientes trajes, las colgaduras de los balcones de casa la villa, mucha tela roja y gualda para cubrir postes y algunos gallardetes», quedando además una cantidad en depósito para el año siguiente.

Cabezudos Binéfar 1950
Cabezudos de Binéfar en 1941-42” Colección personal Silvía Isábal. Fuente: Francisco Puyal. 

 

Es decir: los primeros cabezudos «oficiales» de Binéfar de los que tenemos constancia no se encargaron con un presupuesto extraordinario, sino con las sobras de una feria bien gestionada en septiembre de 1911. Aquel mismo verano de 1914, además, el pueblo estrenaba otra novedad para sus fiestas de septiembre: «un gran Cine con varietés por afamados y muy renombrados artistas», según anunciaba el mismo semanario. Cabezudos, colgaduras rojigualdas y cine con varietés: el cóctel festivo de hace más de un siglo no era tan distinto, en el fondo, del que conocemos hoy.

Cabezudos en Binéfar 1914 con sobrante de 1911

 

Cabezudos Binéfar 1986 

De feria en feria: casi un siglo de gigantes y cabezudos por las calles

Entre aquellos cuatro Enanos de 1914 y los cabezudos actuales hay, evidentemente, varias generaciones de figuras que se fueron renovando, deteriorando y sustituyendo. El blog conserva algunas fotografías que permiten reconstruir, a saltos, ese hilo: una imagen de niños y cabezudos en 1950, con el desfile infantil de las Fiestas Mayores como escenario; otra de la Avenida de Aragón el 12 de septiembre de 1979, con gigantes, cabezudos y las Majorettes de Zaragoza desfilando entre banderas de Aragón y España; y la fotografía de septiembre de 1986, publicada en su día en el boletín local Voz de Binéfar y recuperada en el blog, con el antiguo edificio del Ayuntamiento al fondo. La propia portada del libro «Binéfar, una mirada al pasado» eligió a los gigantes y cabezudos como imagen de referencia de la memoria festiva del pueblo, lo que da una idea de cuánto pesan en el imaginario colectivo binefarense.

Cabezudos Binéfar 

2020-2021: los años sin fiestas que sirvieron para reparar la comparsa

La pandemia dejó a Binéfar, como a tantos otros pueblos, dos años sin Fiestas Mayores. Pero aquel parón tuvo una consecuencia inesperada y muy positiva: el Ayuntamiento aprovechó el paréntesis para hacer lo que en tiempos normales nunca hay ocasión de hacer con calma, restaurar a fondo toda la comparsa. Según explicó el propio Consistorio, la colección municipal de gigantes y cabezudos —formada por dos gigantes y diez cabezudos— tenía hasta cuatro figuras en muy mal estado de conservación, y buena parte del presupuesto de aquellos dos años sin fiestas se destinó precisamente a restaurar el conjunto completo.

A esa restauración se sumó, además, una incorporación totalmente nueva: cuatro cabezudos recién construidos, dos de los cuales fueron dedicados a Paco Paricio y Pilar Amorós, fundadores en 1978 de los Titiriteros de Binéfar, la compañía de teatro de títeres que ha llevado el nombre de Binéfar por escenarios de los cinco continentes y que hoy da nombre al teatro municipal del pueblo. La presentación se celebró en el salón de plenos de la Casa Consistorial, y Paco Paricio no pudo disimular la emoción: para un titiritero popular, dijo, verse convertido en cabezudo es «lo máximo» a lo que se puede aspirar. Los nuevos cabezudos de Paco y Pilar desfilaron por primera vez en la Cabalgata de Reyes de 2022, y unos meses después, en septiembre de aquel mismo año, protagonizaron su primer desfile infantil en unas Fiestas Mayores.

Cabezudos Titiriteros de Binéfar 

Los Reyes Magos que vinieron de un comercio del pueblo

Hay otra pieza de este patrimonio festivo que merece contarse, aunque los detalles que manejamos son todavía incompletos: la figura del Rey Mago que forma parte de la Cabalgata de Reyes de Binéfar tiene su origen en el antiguo Comercio Conte, uno de los establecimientos históricos del pueblo, y con el tiempo pasó a ser propiedad municipal tras ser adquirida por el Ayuntamiento. También se conserva memoria de que otro comercio local, El Barato, tuvo su propia figura vinculada a estas fechas. No hemos podido precisar todavía fechas exactas ni más detalles de ambas piezas, así que, como hacemos siempre que la memoria del pueblo tiene huecos, lanzamos la pregunta a nuestros lectores: si conservas fotografías, recortes o recuerdos de estas figuras, mándanos mensaje y completamos esta parte de la historia entre todos.



Los Reyes Magos que vinieron de un comercio del pueblo
Reyes Magos Binéfar (Conte y El Barato)


El mural de la calle Tamarite: los cabezudos, ahora también pintados

La última vuelta de tuerca de esta historia es muy reciente. El 4 de julio de 2026, el artista barcelonés Miguel Wert, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Barcelona y especializado en murales en blanco y negro inspirados en fotografías populares, terminaba su segundo mural en Binéfar: una pieza de formato vertical en el chaflán del número 19 de la calle Tamarite, en su confluencia con la calle Arrabal. La imagen reproduce, en blanco y negro y tonos grises, una fotografía de la comparsa de gigantes y cabezudos de Binéfar de principios de la segunda mitad del siglo XX, con los icónicos gigantes —seña de identidad del pueblo— y los cabezudos de dos personajes muy queridos del cine: «el Gordo y el Flaco».

Cabezudos de Binéfar: 

No era la primera vez que Wert retrataba la memoria binefarense en una fachada: en 2023 ya había pintado, en la calle de la Iglesia, un mural inspirado en una fotografía antigua de niños jugando en una plaza. Este segundo trabajo, el decimoséptimo de las intervenciones de arte urbano del municipio, lo promovió la Concejalía de Juventud y Cultura con financiación de la Diputación Provincial de Huesca y la colaboración de las empresas locales Pinturas Lepanto y Ferretería Salamero. El propio Wert lo explicaba con sencillez: «Es una imagen reconocible para los vecinos de Binéfar como para los visitantes, ya que cada población tiene sus propios gigantes y cabezudos». El mural se integra además en un proyecto más amplio de museo urbano al aire libre, con realidad aumentada, que el Ayuntamiento ha ido desplegando por distintos puntos del pueblo.

Miguel Wert
Mural Cabezudos Miguel Wert

 

Ciento doce años después

De los cuatro Enanos comprados con el sobrante de una feria de 1914 a un mural contemporáneo en la calle Tamarite hay ciento doce años exactos, pero el hilo que los une es sorprendentemente continuo: un pueblo que ha querido, una y otra vez, tener sus propios gigantes y cabezudos, cuidarlos, renovarlos cuando hace falta y, ahora también, pintarlos en sus fachadas para que ni el tiempo ni la memoria se los lleven. Esta entrada continúa la serie que dedicamos este verano a las Fiestas Patronales de Binéfar, y como todas las de esta serie, se queda con las puertas abiertas: si tienes fotografías de los cabezudos de cualquier época, del Rey Mago de Comercio Conte, de la figura de El Barato, o simplemente recuerdos de aquellos desfiles, este es tu sitio.

Fuentes

  • Agricultura (Binéfar), semanario, Año III, edición del 10 de agosto de 1914, sección «Antaño y Hogaño».
  • Cabezudos de Binéfar en 1950, Cabezudos de Binéfar (2021) y Llegan las Fiestas Mayores de Binéfar, blog Debinéfar.
  • La Avenida de Aragón de Binéfar en Fiestas, blog Debinéfar.
  • «Los nuevos cabezudos de Binéfar están dedicados a los Titiriteros», Ayuntamiento de Binéfar, binefar.es.
  • «Titiriteros de Binéfar», Wikipedia, consultado en 2026.
  • Un mural de los gigantes y cabezudos de Binéfar decora la confluencia de las calles Tamarite y Arrabal, La Litera Información, 4 de julio de 2026.
  • Las calles de Binéfar visten un nuevo mural del artista Miguel Wert, Aragón Digital, 3 de julio de 2026.
  • Fotografías: Archivo Ayuntamiento de Binéfar y fotografía principal “Cabezudos de Binéfar en 1941-42” Colección personal Silvía Isábal y Francisco Puyal. 

domingo, 16 de agosto de 2026

Montgolfier con intrépido aeronauta en el cielo de Binéfar (1916).

Continuamos con nuestra serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar. Al igual que el año pasado dedicamos un especial a las peñas de Binéfar, este mes de agosto y septiembre queremos acercarnos a nuestras fiestas desde otra perspectiva: recordando algunos de sus actos, historias y curiosidades, así como esos momentos que, con el paso de los años, han ido formando parte de la memoria colectiva de Binéfar. 

Entre 1916 y los años treinta, Binéfar vivió al menos tres episodios de aviación y aerostación que, vistos hoy, dibujan una pequeña historia propia: un globo prometido para una fiesta que quizá nunca llegó a volar, otro que sí voló —y que aterrizó donde nadie lo esperaba— y, más tarde, avionetas de verdad surcando el cielo de San Quílez ante el pueblo entero. Repasamos las tres, con lo que sabemos y lo que todavía queda por confirmar.

1916: el Montgolfier que prometía «Agricultura»

El semanario Agricultura, editado en Binéfar en la segunda década del siglo pasado, es hoy nuestra mejor ventana a la vida cotidiana —y a los rumores— del pueblo de aquellos años. En su número del 30 de agosto de 1916, la sección de sociedad se hacía eco, con la cautela propia del que no quiere comprometerse, de lo que se cocía para las fiestas de aquel septiembre:

«Según rumores que hemos recogido, se preparan para este año solemnes fiestas, en las cuales se proyecta el disparo de dos castillos de fuegos artificiales y la elevación de un Montgolfier con intrépido aeronauta. De que habrá otros números positivos, no nos cabe la menor duda, puesto que en cierto local, ya hace tiempo que se están haciendo los mismos.»

Un «Montgolfier con intrépido aeronauta» —es decir, un globo de aire caliente, a la manera de los hermanos Montgolfier, con un piloto a bordo— era en 1916 una atracción de primer orden: la aviación tenía apenas trece años de vida y España vivía sus propios pioneros de la aerostación como espectáculo de feria. Que Binéfar se planteara un número así para sus fiestas dice mucho de las ambiciones del pueblo por aquel entonces.

Dos semanas después, el rumor se convirtió en programa oficial. El número de Agricultura del 15 de septiembre de 1916 (Año III, núm. 95) confirmaba, ya sin condicional, que Binéfar se disponía a vivir «su apogeo de fiestas», con el programa fijado para los días 14, 15, 16 y 17 de septiembre: «con fuegos artificiales, cucañas y elevación de un globo».

Aquí se nos acaba, de momento, el rastro documental: no conservamos ningún número posterior de Agricultura de aquel mes que confirme si el globo llegó realmente a elevarse sobre Binéfar aquellos días de septiembre de 1916, o si —como tantas atracciones de feria anunciadas con antelación— se quedó en el programa. Si algún lector conserva memoria familiar, fotografías o alguna referencia de aquellas fiestas de 1916, nos encantaría completar la historia.

1916: el Montgolfier que prometía «Agricultura»

1916: el Montgolfier que prometía «Agricultura». Idealización realizada sobre fotografía real con IA

Periódico Agricultura de Binéfar. Agosto 1916
Periódico Agricultura de Binéfar. Agosto 1916

 

1930: el globo que sí llegó, aunque no se le esperaba

Lo que sí sabemos con certeza es que, catorce años después, Binéfar tuvo su globo. En julio de 1930, un globo aerostático que había despegado desde Guadalajara, tripulado por los aeronautas Sirvent, Hoyos y León, tomó tierra en término de Binéfar. No se trataba, esta vez, de una atracción de fiestas contratada de antemano, sino de un aterrizaje real de un globo en vuelo libre —una modalidad deportiva y militar que en aquellos años tenía cierto arraigo en España—, que convirtió sin previo aviso a Binéfar en el punto de llegada de una hazaña aérea ajena, contada con más detalle en esta entrada del blog.

Resulta tentador imaginar que alguien en el pueblo, al ver descender aquel globo sobre los campos de Binéfar, recordara todavía el «Montgolfier con intrépido aeronauta» que catorce años antes se había prometido para las fiestas. Dos globos, dos historias distintas, unidas solo por la coincidencia de posarse, con casi década y media de diferencia, sobre el mismo cielo binefarense.

1930: el globo que sí llegó a Binéfar
1930: el globo que sí llegó a Binéfar. Idealización realizada sobre fotografía real con IA

 

1934: llegan las avionetas de verdad

Si el globo pertenecía todavía a la era de los pioneros, la década de 1930 trajo a Binéfar el espectáculo, ya plenamente moderno, de la aviación con motor. Durante las Fiestas Mayores de 1934, el pueblo vivió una jornada memorable: dos avionetas sobrevolaron Binéfar, una de ellas realizando acrobacias sobre el cielo del pueblo mientras la otra ofrecía vuelos de pasajeros a quien quisiera —y pudiera— pagarlos. Entre los aparatos que participaron en aquellas exhibiciones de la época se cuenta un De Havilland D.H.89 Dragon Rapide, que llegó a aterrizar en Binéfar, documentado con más detalle en esta otra entrada del blog, con material procedente de la exposición «Cien años sobre el cielo de Huesca (1911-2011)» y del fondo fotográfico compilado por Luis Ferreira Escartín para la Fototeca de la Diputación de Huesca.

Una fotografía, recogida en esta entrada, muestra precisamente al avión despegando o aterrizando en San Quílez. Y la memoria oral recogida en San Quílez, una tradición en Binéfar conserva incluso el precio de la experiencia: quien quería «dar un vuelo en avioneta» podía hacerlo pagando un duro —cinco pesetas de la época—, una cifra nada desdeñable para el bolsillo de un romero de los años treinta.

Un mismo cielo, tres décadas

Puestas en fila, estas tres historias —el globo prometido de 1916, el globo real de 1930 y las avionetas de 1934 y San Quílez— trazan un pequeño arco de la modernidad tal y como llegó a un pueblo como Binéfar: primero como rumor de feria, después como accidente feliz caído del cielo, y finalmente como espectáculo estable, casi doméstico, en el que hasta se podía pagar un duro por subir a bordo. Del «intrépido aeronauta» de 1916 al piloto que hacía acrobacias sobre San Quílez en los años treinta hay menos de dos décadas, pero la distancia, en términos de lo que el cielo de Binéfar había llegado a normalizar, es enorme.

Queda, eso sí, un cabo suelto: si alguien conserva memoria, fotografías o cualquier referencia de las fiestas de septiembre de 1916 que confirme —o desmienta— que aquel Montgolfier llegó a elevarse sobre Binéfar, este blog tiene mucho interés en saberlo. 

Para seguir leyendo en el blog

Fuentes

  • Agricultura (Binéfar), Año III, sin numerar (sección de sociedad), 30 de agosto de 1916.
  • Agricultura (Binéfar), Año III, núm. 95, 15 de septiembre de 1916.
  • Aterriza un globo aerostático en Binéfar - Julio de 1930, blog Debinéfar, 28 de noviembre de 2021.
  • El día de 1934 que un Havilland D.H.89 Dragon Rapide aterrizó en Binéfar, blog Debinéfar, 18 de octubre de 2015, con material de la exposición «Cien años sobre el cielo de Huesca (1911-2011)» y fondo de Luis Ferreira Escartín / Fototeca de la Diputación de Huesca.
  • Avioneta en San Quílez en los años 30-40, blog Debinéfar, 11 de octubre de 2015.
  • San Quílez. Una tradición en Binéfar, blog Debinéfar, 28 de abril de 2014.

domingo, 9 de agosto de 2026

Los Danzantes de Huesca bailaron en Binéfar en 1947

Empezamos con esta entrada una nueva serie dedicada a las Fiestas Patronales de Binéfar al igual que el año pasado hicimos el especial de peñas de Binéfar; este mes de agosto y septiembre estará dedicado a actos "especiales" de las Fiestas de Binéfar.

Hay acontecimientos que, aunque apenas ocupasen unas líneas en la prensa de su tiempo, terminan convirtiéndose en pequeños tesoros de la memoria local. Uno de ellos tuvo lugar en Binéfar en septiembre de 1947, cuando los célebres Danzantes de Huesca se desplazaron hasta nuestra localidad para participar en las fiestas del Santo Cristo de los Milagros.

Fue una actuación extraordinaria, porque la tradición de los Danzantes de Huesca está íntimamente ligada a la ciudad de Huesca y, especialmente, a las fiestas de San Lorenzo. La propia Agrupación explica que sus actuaciones se desarrollan fundamentalmente dentro de ese marco y que las salidas fuera de Huesca han sido excepcionales. (Danzantes de Huesca)

Una visita muy poco habitual

El año 1947 fue especialmente importante en la historia de los Danzantes.

La Agrupación acababa de atravesar un momento complicado. En febrero había fallecido el rapatán José Laborda Marsó, «Zampabrisas», y apenas unas semanas después, en marzo, murió el mayoral Bienvenido Susín Casanova, que había ejercido el cargo desde 1934.

Le sucedió como mayoral Pablo Esperanza Lecina, «Cacón», mientras que Antonio Villacampa Peleato, «Sardineta», asumió el puesto de rapatán. La llegada de «Cacón» marcaría, según la propia historia de la Agrupación, un punto de inflexión y el comienzo de una etapa de renovación. (Danzantes de Huesca)

Pero 1947 fue también el año de los grandes homenajes a los Danzantes de Huesca.

Durante las fiestas de San Lorenzo recibieron el Escudo Colectivo de la Ciudad de Huesca, en un acto celebrado el 10 de agosto en el Ayuntamiento. Posteriormente participaron en un gran festival organizado por el Orfeón Oscense en el Teatro Olimpia. (Danzantes de Huesca)

Y, unas semanas después, llegaría Binéfar.

El 14 de septiembre de 1947

La propia Agrupación de Danzantes conserva el recuerdo de aquella visita y señala que los danzantes se desplazaron a Binéfar el domingo 14 de septiembre de 1947, con motivo de las fiestas del Santo Cristo de los Milagros. (Danzantes de Huesca)

La visita habría sido posible gracias a la invitación de las autoridades binefarenses. La historia publicada por los Danzantes menciona expresamente al alcalde de Binéfar, José Lacort Muzas, y al danzante oscense Pepito Martínez Martínez, vinculado al grupo como danzante de las cintas. (Danzantes de Huesca)

No era una actuación cualquiera. Para los Danzantes de Huesca, salir de la capital constituía una auténtica excepción.

De hecho, la Agrupación ha recordado esta actuación como una de las muy pocas ocasiones en las que sus danzantes han actuado fuera de Huesca. Décadas después, aquella visita seguía formando parte de la memoria de la institución.

Y tiene además una particularidad que hace que el episodio resulte todavía más curioso: los Danzantes no llegaron a Binéfar para participar simplemente en un festival folclórico, sino vinculados a la celebración religiosa del Santo Cristo de los Milagros, patrón de la localidad.

fiestas de San Lorenzo. (Danzantes de Huesca)

 

Una tradición que todavía podemos reconocer

Los Danzantes de Huesca constituyen una de las tradiciones más características del patrimonio cultural oscense. Sus cuadros de espadas, palos, cintas y degollau, acompañados por la música tradicional, forman parte inseparable de las fiestas de San Lorenzo. (Danzantes de Huesca)

Por eso resulta especialmente significativo que, en aquel septiembre de 1947, aquellos mismos danzantes cruzasen la frontera de la ciudad para bailar en Binéfar.

Hoy la fiesta del Santo Cristo de los Milagros continúa teniendo entre sus actos más característicos la celebración religiosa y las manifestaciones de folclore. En los últimos años, el tradicional paloteao de Binéfar ha seguido formando parte de la jornada festiva. (El Diario de Huesca)

De alguna manera, la visita de los Danzantes oscenses en 1947 puede contemplarse como un curioso antecedente de esa relación entre religiosidad, fiesta y tradición popular que todavía permanece viva en Binéfar.

75 años después

La historia no cayó completamente en el olvido.

En 2022, con motivo del 75.º aniversario de aquella actuación, el Ayuntamiento de Binéfar incluyó en el programa del Pórtico Cultural una conferencia dedicada expresamente a recordar la visita de los Danzantes de Huesca.

El acto contó con la participación de Francisco San Emeterio, mayoral de los Danzantes de Huesca, y del historiador y escritor José Antonio Adell. El programa municipal anunciaba la conferencia como una de las pocas salidas de la agrupación fuera de la capital oscense. (El Diario de Huesca)

Fue una buena ocasión para recuperar un episodio que probablemente muchos binefarenses desconocían: en 1947, algunos de los danzantes más emblemáticos de Huesca bailaron en Binéfar con motivo de nuestras fiestas mayores.


Danzantes de Huesca en Binéfar

Un recuerdo que merece seguir investigándose

La historia tiene todavía algunos interrogantes.

Sabemos cuándo llegaron: el 14 de septiembre de 1947.

Sabemos por qué: las fiestas del Santo Cristo de los Milagros.

Y conocemos algunos de los protagonistas que hicieron posible aquella visita.

Quizá en alguna hemeroteca, en un archivo familiar o en alguno de los fondos históricos se conserve todavía el programa que permita saber exactamente dónde bailaron, a qué hora, qué danzas interpretaron y cómo fue recibida aquella excepcional visita.

Setenta y cinco años después, Binéfar volvió a recordar a aquellos danzantes.

Y casi ocho décadas después, la historia sigue teniendo un atractivo especial: por una vez, los Danzantes de Huesca dejaron las calles de su ciudad y vinieron a bailar a Binéfar.

Fuentes para enlazar al final del artículo:


Binéfar desde "La Balseta"

Una vista de Binéfar tomada, según la anotación a mano en el propio álbum, «desde la Balseta», en septiembre de 1931. En primer término, agua quieta y una orla de álamos y matas; al fondo, entre la vegetación, el perfil del pueblo y, asomando sobre los tejados, una torre inconfundible. Detrás de esta imagen hay una familia, un álbum de doscientas páginas y, todavía, una pequeña incógnita por resolver.

Un álbum llegado desde Monzón

La fotografía pertenece al Álbum familiar 00123 del fondo de la familia Pano, de Monzón, custodiado hoy en el Archivo Histórico Provincial de Huesca (signatura ES/AHPHU - F/00123) y catalogado en DARA, el portal de Documentos y Archivos de Aragón. Se trata de un álbum de doscientas dos páginas, de pequeño formato (140 x 225 mm) y bien conservado, sin cubiertas, fechado de forma genérica en el siglo XX.

Los Pano fueron una familia infanzona de Monzón que dio a Aragón dos figuras de primer orden: el historiador, arqueólogo y político Mariano de Pano y Ruata (Monzón, 1847 - Monzón, 1948), alcalde de Monzón, diputado provincial y académico de las Reales Academias de San Luis y de San Fernando; y su hermano Joaquín de Pano y Ruata, ingeniero de caminos e introductor en España de los puentes metálicos parabólicos. El archivo familiar, que incluye correspondencia, documentación patrimonial y numerosos álbumes fotográficos, se incorporó al Archivo Histórico Provincial de Huesca procedente de la casa familiar de Monzón. Entre esas fotografías, tomadas o coleccionadas a lo largo de varias generaciones, se cuelan también estampas de los pueblos vecinos de La Litera, como esta de Binéfar.

¿Qué balsa es «la Balseta»?

Conviene no confundirla con la balsa que ya conocen los lectores habituales de este blog. En la entrada dedicada a la Balsa Vieja o Balsa de Arriba, procedente del mismo álbum de los Pano, veíamos el gran depósito urbano del siglo XIX que ocupaba lo que hoy es la plaza Hipólito Bitrián, la «plaza del Instituto». Aquella era una balsa dentro del casco urbano, destinada al consumo de la población. La de esta fotografía es otra cosa: el diminutivo «Balseta» y la perspectiva —el pueblo visto de lejos, a través de árboles, con una lámina de agua en primer plano— apuntan más bien a una balsa del término rural de Binéfar, de las muchas que salpicaban la huerta antes de la llegada del regadío del Canal de Aragón y Cataluña.

Binéfar desde la Balseta, 9-31
«Binéfar desde la Balseta, 9-31». Álbum familiar 00123, familia Pano (Monzón). Fuente: DARA / Archivo Histórico Provincial de Huesca.
 

El estudio de referencia sobre la toponimia binefarense, Partidas, calles y apodos de Binéfar (Huesca). Estudio onomástico, de Javier Giralt Latorre (Ayuntamiento de Binéfar - Centro de Estudios Literanos, 2014), recoge entre sus entradas dedicadas al agua, junto a «La Balsa» / «Balsa de Arriba» y «Balsa de Abajo», una partida llamada «Balseta de la Golondrina». Es una candidata para identificar el topónimo de nuestra fotografía pero la perspectiva de la torre no encaja con la localización de la balsa "Las Golondrinas". 

Nuestra hipótesis de trabajo situaría el punto desde el que se tomó la fotografía al noreste del casco histórico, en el entorno de la carretera —o del antiguo camino— de San Esteban de Litera. La torre de San Pedro, que actúa como referencia fija en la imagen, se encuentra aproximadamente en las coordenadas 41,852727, 0,293648; si la cámara se colocó al noreste de la iglesia, la torre debería verse en dirección suroeste, con un rumbo aproximado de 230° a 250°

La documentación urbanística de Binéfar recoge precisamente una carretera de Binéfar a San Esteban de Litera (HU-9030) y un «camino viejo de San Esteban» que arranca en el entorno del cementerio y se adentra en el término municipal, lo que encajaría con esa orientación. De confirmarse, el abanico de búsqueda de la balsa quedaría acotado a una franja de unos 300 a 1.000 metros al noreste de la iglesia, entre la carretera y el camino viejo, donde convendría rastrear antiguas balsas, charcas, acequias o simples depresiones del terreno que hoy puedan haber quedado ocultas bajo el cultivo. Queda como hipótesis abierta, a la espera de contrastarla sobre plano.

 

Posible Balseta Binéfar

Si algún lector o descendiente de familia binefarense reconoce el paraje, o guarda memoria de dónde estaba «la Balseta», nos encantaría conocerla y actualizar esta entrada con su ayuda.

La torre que asoma al fondo

El elemento más nítido del horizonte de la fotografía es una torre que se eleva por encima de los tejados del pueblo. Todo apunta a que se trata de la torre de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, el único edificio de Binéfar con la altura y la silueta suficientes para recortarse así sobre el caserío visto desde el término. Se trata de una torre de planta octogonal, construida en su mayor parte a finales del siglo XV o principios del XVI sobre la iglesia gótica, y ampliada y rematada con un capitel bulboso durante la gran reforma barroca del templo, iniciada hacia 1742 y concluida a finales de aquel mismo siglo. En 1931, fecha de nuestra fotografía, la torre llevaba ya siglos siendo la referencia visual de Binéfar para quien se acercara al pueblo desde el campo, tal y como sigue siéndolo hoy.

Dos balsas, un mismo álbum, dos miradas

Resulta curioso —y por eso merece la pena leer ambas entradas juntas— que el mismo álbum familiar de los Pano conserve dos fotografías de balsas binefarenses tomadas con apenas nueve años de diferencia: la Balsa de Arriba, en 1922, retratada casi de cerca, como testimonio del corazón urbano del pueblo; y esta «Balseta», en 1931, retratada desde fuera, como paisaje, con Binéfar al fondo. Dos maneras distintas de mirar la misma villa y, seguramente, dos motivos distintos para hacerlo: una foto de calle y una foto de paseo o excursión familiar. Ambas, sin embargo, comparten lo esencial: el agua, que durante siglos marcó la vida y el paisaje de Binéfar antes de que el Canal de Aragón y Cataluña y el Canal de Zaidín transformasen para siempre la Litera.

Cuidamos estas fotografías, aunque sea sin resolver del todo su enigma, porque son ventanas —nunca mejor dicho— a un Binéfar que ya no existe tal cual. Si esta entrada despierta la memoria de alguien y ayuda a poner nombre exacto a «la Balseta», este blog habrá cumplido su función.

Para seguir leyendo en el blog

Compartir es vivir, también en redes sociales. Y si conoces la ubicación exacta de «la Balseta» o tienes más fotografías del álbum de los Pano relacionadas con Binéfar, escríbenos.

Fuentes

  • DARA (Documentos y Archivos de Aragón) — Álbum familiar 00123, Familia Pano (Monzón), Archivo Histórico Provincial de Huesca, sig. ES/AHPHU - F/00123.
  • Javier Giralt Latorre, Partidas, calles y apodos de Binéfar (Huesca). Estudio onomástico, Binéfar, Ayuntamiento de Binéfar - Centro de Estudios Literanos (Instituto de Estudios Altoaragoneses), 2014 (reseña de Vicente Lagüéns Gracia, Archivo de Filología Aragonesa, 71-72).
  • Parroquia de Binéfar, «Iglesia de San Pedro Apóstol» — historia del templo y de su torre, basada en José Antonio Adell, Binéfar, tradición y modernidad.
  • La Balsa Vieja o Balsa de Arriba en 1922 — archivo del blog Debinéfar.
  • Wikipedia, «Mariano de Pano y Ruata»; Gran Enciclopedia Aragonesa, voz «Pano y Ruata, Mariano de».

domingo, 2 de agosto de 2026

Ladrillera San Quílez. La Bóbila de Binéfar en SIPCA

Ya hablamos en su día de la Bóbila de Binéfar y del barrio que creció a su sombra. Hoy volvemos sobre ella con un documento distinto: la ficha oficial del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA), que cataloga el edificio bajo el nombre técnico de Ladrillera San Quílez y permite completar, con precisión de inventario, lo que la memoria oral del pueblo ya nos había contado.

La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.



La Bóbila de Binéfar. Fotografía del archivo personal de Julio Ollés, ya publicada en este blog en 2014.

Dos fábricas, una misma memoria

Conviene aclarar algo que se presta a confusión: en Binéfar hubo dos ladrilleras, no una, y ambas se conocieron popularmente como "la bóbila".

La primera se levantó en 1924 en la calle Tejería, dando nombre al barrio que la rodeó. La promovió Próspero Montousse Jacomed, un experto francés en hormigón armado que había llegado a Binéfar para trabajar en las obras del Sifón del Sosa y que acabó casándose con Carmen Ortiz Oncins, hija de un tejero local. Montousse se asoció con su suegro, José Ortiz Alegre, y con sus cuñados Miguel y Antonio, para fundar la fábrica. Contaba con un horno tipo Hoffmann, de cocción continua, y extraía la arcilla de la cantera Montousse. En 1930 producía 480 toneladas anuales de ladrillo y teja. Tras la muerte de Miguel Ortiz en la Guerra Civil, la fábrica cambió de manos varias veces: la modernizó Sebastián Bernard en 1934 (molinos, trituradoras, cortadores automáticos) y en 1952 pasó a Antonio Arasanz Amal y José Mª Ortiz Juste, que la rebautizaron como Antigua Cerámica de Binéfar. Esta es, según nuestras propias fuentes, la fábrica que hoy ha desaparecido por completo.

Ladrillera Calle Tejería
 Ladrillera Calle Tejería 


La segunda se construyó en 1949 junto a la carretera de Tamarite. La fundó Antonio Pueyo Gil bajo el nombre de Moderna Cerámica, con un horno de 300 m³ capaz de producir 20.000 piezas diarias. En 1956 cambió de propietario y de nombre, pasando a llamarse Ladrillera San Quílez —el nombre con el que la registra oficialmente el SIPCA pero que no concuerda pues en realidad las fotos son de la del barril Tejería—, actividad que se documenta hasta hacia 1983. La memoria local añade un capítulo posterior: bajo la propiedad de Rafael y Mariano Coscojuela, la fábrica siguió funcionando hasta su venta en 1985 cuando se vendió a los actúales propietarios y el recinto se reconvirtió en granja. 

Estado actual  Ladrillera San Quilez
Estado actual granjas. Ladrillera San Quilez 

Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez
Estado actual de la Chimenea Ladrillera San Quilez 

Las familia propietarias sigue llamando a los edificios según su función dentro de la ladrillera: El horno, la Galletera,…

Lectura arquitectónica; anatomía de una tejería de principios del XX (Calle Tejería) 

La ficha del SIPCA permite una lectura técnica muy precisa del edificio superviviente en la fecha de realización de la bovila de la calle Tejería aunque la mal denomina Ladrillera San Quilez. Se trata de una construcción de planta rectangular, levantada en ladrillo visto combinando aparejo flamenco sencillo en unas zonas e isódomo en otras —es decir, alternando el despiece decorativo propio de la tradición cerámica aragonesa con hiladas más regulares, según la función estructural de cada paño—, y cubierta a doble vertiente con teja.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar 

Uno de los lados largos del edificio presenta un zócalo alto rematado por cinco vanos rectangulares; el lado opuesto se resuelve como un porche abierto sostenido por cinco pilares, probablemente destinado al secado y almacenaje de las piezas antes de la cocción, protegidas de la lluvia pero ventiladas. En uno de los lados cortos se abren dos grandes bocas de carga, resueltas en arco escarzano rebajado y de gran profundidad —auténticos túneles—, con la rosca del arco marcada por ladrillos dispuestos radialmente: por ahí se introducían las piezas crudas y se extraían ya cocidas.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Horno 

Pero el elemento verdaderamente identificativo, el que convierte a estas fábricas en hito del paisaje, es la chimenea de ladrillo que se eleva sobre el conjunto. Su función no era decorativa sino estrictamente térmica: en un horno de tipo Hoffmann, la combustión se desplazaba de forma continua por una serie de cámaras en anillo, y la chimenea central generaba el tiro necesario para mantener esa combustión constante, permitiendo cocer sin interrupción y aprovechar el calor residual de una cámara para precalentar la siguiente. Es la misma lógica que explica la silueta de las viejas ladrilleras de todo el valle del Ebro: un volumen horizontal, alargado y de baja altura, dominado por una única chimenea vertical.

La antigua fábrica de ladrillos de Binéfar - Chimenea 

¿Qué queda hoy?

De la bóbila de la calle Tejería, la más antigua, no queda nada más que el nombre del barrio, algún edificio reutilizado y el recuerdo de sus vecinos. De la de la carretera de Tamarite, la Ladrillera San Quílez, se reconvirtió hace décadas, (se compró por la familia actualmente propietaria en 1985)  en explotación agropecuaria. Entre el inventario técnico del SIPCA y la memoria oral recogida en este blog hay pequeños desajustes de fechas —normales cuando se cruzan el archivo y el recuerdo— que quizá algún lector con vínculos familiares en Tejerías pueda ayudarnos a afinar. Como siempre, los comentarios están abiertos para eso.

Más entradas sobre la Bóbila y el Barrio de Tejerías en este blog

domingo, 26 de julio de 2026

Pila bautismal de la Iglesia de San Pedro de Binéfar

Entre 1925 y 1936, el fotógrafo y excursionista catalán Francesc Blasi i Vallespinosa (1872-1951) recorrió Aragón documentando su patrimonio para el Centro Excursionista de Cataluña. Uno de sus negativos —un cristal de 6x6 cm hoy conservado por la Memoria Digital de Cataluña y digitalizado por Europeana— retrata un rincón que muchos binefarenses no habían visto nunca en imagen: la pila bautismal de la Iglesia de San Pedro Apóstol.

Pila bautismal de la Iglesia de San Pedro de Binéfar. 
Pila bautismal de la Iglesia de San Pedro de Binéfar. Fotografía: Francesc Blasi i Vallespinosa, Centre Excursionista de Catalunya [entre 1925 y 1936]. Fuente: Memòria Digital de Catalunya / Catalònica, vía Europeana. Licencia CC BY-NC-ND 3.0.

Una fotografía rescatada del olvido

El interés de esta imagen es, ante todo, historiográfico. Blasi i Vallespinosa formó parte de aquellas campañas fotográficas de excursionistas catalanes de entreguerras que, cámara en mano, recorrieron pueblos de Aragón y Cataluña levantando un inventario visual de su arte religioso: portadas, retablos, tallas, orfebrería... Muchas de esas fotografías serían, sin saberlo sus autores, el único testimonio que sobreviviría a lo que vino después.

Y es que en 1936 la Iglesia de San Pedro sufrió el mismo destino que tantos templos aragoneses: ardió buena parte de su patrimonio mueble. Desapareció el retablo mayor de Damián Forment (1525), del que ya hablamos al reconstruir la imagen de San Pedro que lo presidía, y con él las tablas de Tomás Peliguet, de las que solo queda una grisalla suelta. La pila bautismal, en cambio, al ser una pieza pétrea de gran peso y escaso valor de "botín", es de los pocos elementos que con toda probabilidad sobrevivió a ese incendio: una superviviente silenciosa frente a las llamas que sí devoraron la madera y el lienzo.

La propia inscripción manuscrita sobre el negativo original ("A-7205") remite al sistema de catalogación que el CEC aplicaba a sus fondos fotográficos, y sitúa esta toma dentro de una serie más amplia dedicada a Binéfar de la que también procede, seguramente, el fondo de imágenes que años más tarde utilizaría el hispanista Georg Weise para su propio estudio del arte gótico aragonés.

Lectura iconográfica de la pila

La fotografía permite una lectura bastante precisa de la pieza. Se trata de una copa de perfil semiesférico, con el borde rematado por una moldura en forma de cordón o soga trenzada —un recurso decorativo habitual en la ornamentación gótica tardía y renacentista aragonesa— y, justo debajo del labio, un friso corrido de gallones o veneras: una sucesión de lóbulos acanalados que envuelven toda la copa a modo de pétalos o conchas estilizadas, un motivo de raíz clásica muy extendido en pilas y fuentes de los siglos XV y XVI.

La copa se sustenta sobre un fuste en forma de columna salomónica, es decir, tallado en espiral continua —el mismo recurso de "barbas de candelero" que encontramos en balaustradas y elementos decorativos del gótico flamígero y el primer renacimiento— y apoya, a su vez, sobre una basa o plinto de perfil cuadrangular liso, que contrasta deliberadamente con el dinamismo de la espiral superior.

El encuadre es revelador: al fondo se adivina un elemento arquitectónico labrado, posiblemente parte de una hornacina o de un acceso con decoración escultórica, sobre un pavimento de grandes losas. Este emplazamiento cerca de un vano ornamentado encaja con la costumbre litúrgica de situar la pila bautismal junto a la entrada del templo o en una capilla inmediata a los pies de la nave, subrayando el sentido simbólico del sacramento: el bautismo como puerta de acceso a la comunidad cristiana, del mismo modo que el pórtico lo es al edificio. No en vano la propia portada de San Pedro de Binéfar está considerada un ejemplar singular de gótico flamígero, único en Aragón, lo que hace verosímil que la pila comparta ese contexto decorativo de finales del XV.

La forma semiesférica u octogonal de las pilas bautismales medievales no es casual: remite simbólicamente al "octavo día", el de la Resurrección, y por extensión al renacer del bautizado a una vida nueva. El uso de motivos vegetales (gallones, veneras) y de la torsión helicoidal del fuste, por su parte, responde ya a un gusto ornamental de transición entre el gótico final y las primeras fórmulas renacentistas, coherente con la datación de la propia iglesia (1462-1478) y con las noticias documentadas de obras e intervenciones en su interior durante el siglo XVI.

Una pieza pendiente de estudio

Ni el inventario del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA) ni la bibliografía local consultada —Adell Castán, Iglesias Costa, Guitart Aparicio— detallan de forma específica esta pila, por lo que su cronología exacta y su estado actual quedan, de momento, como una pregunta abierta. Si algún lector conserva más información, fotografías recientes o referencias documentales sobre esta pieza, será muy bienvenida en los comentarios: es exactamente el tipo de detalle que este blog lleva años tratando de rescatar entrada a entrada.

Sabemos que el fuste ha desaparecido y que el vaso permanece en la entrada con su par enfrente.

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