No todos los días Binéfar se cuela en las páginas de una revista satírica nacional, y menos aún convertido en escenario de un cómic que no deja títere con cabeza. Pero eso fue exactamente lo que ocurrió cuando El Jueves publicó aquel cómic firmado por Carlos Azagra, uno de los grandes nombres del humor gráfico español, creador junto a Encarna Revuelta de los inolvidables Pedro Pico y Pico Vena. Sí, esos punkis de barrio que llevan décadas riéndose de todo lo que se mueve… y de lo que no.
El cómic, ambientado en Binéfar, no es una postal turística ni falta que le hace. Azagra no viene a vender el pueblo, viene a retratarlo con bisturí, exagerando defectos, sacando a pasear tópicos y señalando contradicciones con esa mezcla de mala leche y cariño que solo tienen los buenos humoristas. Porque si algo queda claro es que aquí no hay desprecio: hay conocimiento del terreno y ganas de provocar reflexión a base de carcajada.
La historia nos presenta un Binéfar reconocible y deformado a la vez: calles, bares, personajes y situaciones que cualquiera que haya pasado media vida en el pueblo puede identificar, aunque aparezcan pasados por el filtro punk de Azagra. El cómic habla de aburrimiento, de rutina, de choque generacional, de juventud con ganas de marcha y de adultos que miran con recelo cualquier cosa que se salga del carril. Vamos, que no habla solo de Binéfar: habla de cualquier pueblo, y ahí está la clave de que funcione tan bien.
Como suele pasar con la sátira, hubo quien se rió a gusto y quien frunció el ceño. Señal inequívoca de que el trabajo estaba bien hecho. El humor de El Jueves nunca ha sido cómodo ni busca gustar a todo el mundo. Azagra dispara a discreción: contra el poder, contra la moral oficial, contra la hipocresía y contra esa tendencia tan nuestra a tomarnos demasiado en serio. Y Binéfar, por una vez, fue el espejo donde mirarse.
Conviene recordar quién estaba detrás de esas viñetas. Carlos Azagra, aragonés de nacimiento, es una figura clave del cómic underground y satírico desde finales de los años 70. Su estilo directo, su trazo inconfundible y su compromiso político y social han marcado generaciones de lectores. Pedro Pico y Pico Vena no solo eran personajes: eran una forma de entender el mundo, desde abajo, desde los márgenes y desde la risa como arma cargada de futuro.
La publicación del cómic no fue un hecho aislado. Azagra estuvo invitado a las Jornadas de la Juventud de Binéfar, unas jornadas culturales que apostaron fuerte por el humor, el cómic y la reflexión crítica. Charlas, exposiciones, actuaciones y encuentros en los que la risa no estaba reñida con pensar. En ese contexto, la presencia de Azagra y la aparición del cómic encajaban como un guante: cultura popular, irreverente y accesible, justo lo que muchas veces se echa en falta.
Que un autor de este calibre pasara por Binéfar y lo convirtiera en materia prima para su obra dice mucho más en positivo que en negativo. Significa que el pueblo existe, que genera historias y que puede soportar una mirada crítica sin venirse abajo. Porque la sátira no destruye: pone el foco. Y a veces mirarse en un espejo deformante es más útil que mil discursos solemnes.
Años después, aquel cómic sigue teniendo gracia y sigue incomodando un poco, que es exactamente lo que debe hacer el buen humor. Nos recuerda cómo éramos, cómo nos veían y, sobre todo, que reírse de uno mismo es una magnífica forma de madurar como comunidad. Binéfar salió en El Jueves, sí. Y no quedó tan mal parado. Al menos salió vivo, que no es poco.
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Fuentes:
- Archivo personal David Muro
- el Jueves
- Diario del AltoAragón




